¿Tan malo es correr en asfalto?

Varios expertos analizan qué incidencia tiene la superficie más demandada en competición cuando abusamos de ella en nuestros entrenamientos.
Alberto Hernández
¿Tan malo es correr en asfalto?
¿Tan malo es el asfalto? | Jaime de Diego

La imagen os resultará conocida. Un grupo de corredores buscando desesperadamente el reguero de tierra, apenas unos centímetros, que se abre a ambos lados del apetitoso tramo asfaltado que queda en el medio. Huyen de él, como los ciclistas se escoran en la París-Roubaix tratando de escapar de los adoquines, sabedores de que son tan indispensables en el espectáculo como nefastos para su integridad.

Al asfalto, dominical razón de ser a la que destinamos tanto sudor, se le mira con repulsión cuando de consumirlo a diario se trata. La iconografía popular le otorga un halo de maldad. Maltratador de músculos, aniquilador de tendones, asesino de articulaciones… Una fábrica de carbonizar atletas. No es extraño que muchos nos preguntemos, ¿tan malo es?

“No es la peor superficie para correr”, señala Javier Barrio, médico especialista en medicina deportiva y alto rendimiento. Pero tampoco os vengáis arriba que la cosa tiene su correlato: “Si tuviera que establecer una clasificación, sin duda lo peor sería correr sobre hormigón, piedra o baldosa rígida (como las que encontramos en la inmensa mayoría de los paseos marítimos). A continuación vendría el asfalto y, mi opción principal, la tierra prensada”.

No obvia la hierba este hombre que en su día clavó los dos minutos en 800 m y cubrió la vuelta a la pista en 53 segundos, simplemente puntualiza que “la situaría por detrás de los caminos de tierra prensada porque no solo influye la dureza a la hora de lesionarse, también la estabilidad, es decir, la regularidad e irregularidad de la superficie, y en este sentido, salvo que dispongas de un óvalo de hierba artificial, es muy complicado encontrar recorridos en los que la hierba natural esté en perfecto estado, sin socavones, calvas…”.

¿Tan malo es correr en asfalto?

¿Tan malo es correr en asfalto? | Jaime de Diego
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Víctor García, medalla de bronce en los 3.000 metros obstáculos del Europeo de Helsinki 2012, era uno de esos fondistas que torcía el gesto cuando el más mínimo gris se cruzaba en su camino. “Jamás entrenaba en asfalto. Cuando digo jamás, es jamás. Era entendible, pues mi prueba transcurría en el tartán y en invierno me prodigaba en el cross, así que solo me preparaba sobre pista y tierra. Recuerdo que Jesús España -antes de pasarse al maratón- y yo le teníamos verdadero pánico, dándose a veces situaciones rocambolescas, pues en nuestro afán de ni rozarlo acabábamos corriendo por la cuneta, en situaciones que, visto con perspectiva, entrañaban mucho más riesgo”, cuenta el actual director de VG Running, un proyecto que reúne a más de 300 corredores populares de los más variopintos niveles.

El caer de las hojas en el calendario ha tamizado bastante su opinión: “Antes éramos un poco exagerados con este tema. Ahora sigo pensando que no es la mejor superficie, pero si compites en asfalto no debes evitarla, sobre todo en el periodo específico: hacer tiradas sobre asfalto, e incluso alguna sesión de series, será más positivo que negativo. De otra forma tus piernas no se adaptarán bien y lo acabarás pagando cuando toque ponerse el dorsal”.

Las tiradas largas han de tener una proporción de un tercio sobre asfalto, pues la musculatura debe acostumbrarse.

Alberto García Bataller, entrenador de la mejor triatleta española de todos los tiempos (demoledora en el último sector, el que nos ocupa), Ana Burgos, comparte esa opinión, orientándonos hacia interesantísimos matices como el porcentaje de asfalto que hemos de introducir en los rodajes largos, la única sesión en la que recomienda tocarlo: “Las tiradas largas han de tener una proporción de un tercio sobre asfalto, pues la musculatura debe acostumbrarse a la vibración provocada por el impacto sobre esta superficie”. Esa parte sobre asfalto, contrariamente a lo que muchos pudieran pensar, no es la última del entreno: “Tiene que ser el segundo tercio, justo en mitad del rodaje, y debe hacerse a ritmo de competición de la prueba que estemos preparando”. La parte inicial y final aconseja hacerlas a un ritmo de rodaje vivo; más lentas, pero sin pasarnos, a la velocidad a la que vayamos en nuestros rodajes habituales.

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La ventaja de este protocolo de actuación, añade el profesor del Instituto Nacional de Educación Física (INEF), es que “la musculatura se amolda al asfalto y, además, consigues mantener un ritmo de carrera alegre tras la fatiga que supone haber llevado el de competición, sobre todo cuando entrenas para un maratón. Eso es punto a favor físico y mental, pues el día de los 42 kilómetros tu cuerpo reconocerá esa sensación y, cuando aparezca el cansancio, sabrás sobreponerte”. Barrio, Jefe de los Servicios Médicos del Deportivo Alavés, coqueteó con el asfalto tras su periplo como mediofondista, aunque ahora se ha reconvertido en trail runner, un escenario más benévolo si lo que pretendemos es mantener a raya a a la bicha: “Cuando corres por asfalto los impactos son cíclicos y muy parecidos, obligando a la rodilla y el tobillo a trabajar siempre en el mismo sentido. En el monte el terreno varía constantemente, tanto en su composición como en su estabilidad, obligándonos a modificar el tipo de apoyo constantemente, lo que nos beneficia a la hora de evitar lesiones”.

El galeno vasco explica que la incidencia que tendrá sobre nuestro cuerpo la superficie por la que entrenemos dependerá “de la capacidad de absorción del terreno y de la capacidad de devolvernos esa fuerza que tiene el terreno; acción-reacción, diríamos. La fuerza que hago contra algo… ¿cómo vuelve hacia mí? Es como el fenómeno de la pelota que rebota en el frontón. Si el frontón estuviera acolchado no me la devolvería con fuerza… Por ejemplo, en hierba haces mucha fuerza pero te devuelve poca, con lo cual te amortigua mucho y el trabajo muscular es mayor, pero el daño muscular es menor. Cuando corres un cross acabas agotado pero recuperas antes, como sucede en la montaña. Con el asfalto pasa lo contrario, absorbe poco y te devuelve mucho, lo que nos hace correr más rápido pero a costa de asumir un mayor riesgo de lesión y recuperarnos mucho más lentamente”.

¿Tan malo es correr en asfalto?

¿Tan malo es correr en asfalto? | Jaime de Diego

¿Y QUÉ HAY DEL MATERIAL?

Tras esa interesante disertación cabe preguntarse qué factor desempeñan en la ecuación las zapatillas, un elemento que ha experimentado “una auténtica revolución durante la última década, es más, diría menos, los últimos 8 años”. Quien habla es Javier López Villarrubia, hijo de Isidro López, el fundador de Bikila, la tienda de referencia para los enamorados del correr, saltar, lanzar y marchar. Su visión resulta muy ilustrativa puesto que, además de trabajar en el negocio familiar y haber aconsejado a miles de corredores, fue atleta profesional, internacional con España Atletismo en campeonatos europeos y mundiales de campo a través, “uno de esos que, como Víctor García y Jesús España -compartíamos grupo a las órdenes de Dionisio Alonso-, hacían verdaderas acrobacias para eludir un centímetro de asfalto. En aquel entonces, ya digo que no hace mucho, las zapatillas no tenían nada que ver con las de ahora”.

Amortiguar no tiene porqué ser sinónimo de zapatilla blandita.

Tanto cambio cree que ha habido en este aspecto que en la actualidad no vería con malos ojos que alguien con limitado acceso a caminos de tierra entrenase a diario sobre asfalto: “Por supuesto que lo mejor es variar, pero no pasaría nada, y menos si hablamos de gente que sale dos o tres días a la semana y trota 8-10 kilómetros. Los últimos modelos de zapatillas tienen tan buena amortiguación y estabilidad que no tenemos que preocuparnos”.

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Esgrime como argumento de autoridad el caso de su amigo y compañero Javier Guerra, el mejor maratoniano español del momento: “Cierto que sus rodajes normales, de 20-25 kilómetros, los hace por los caminos de tierra prensada que hay en Segovia, pero cuando toca la tirada larga, superando los 30 kilómetros, la realiza íntegramente sobre asfalto. No me parece una mala opción, yo haría lo mismo: cuanto más te adaptes a la superficie en la que vas a competir, mejor”. Y añade, respecto al todopoderoso concepto de la amortiguación: “No a todo el mundo le va bien el mismo tipo. Amortiguar no tiene porqué ser sinónimo de zapatilla blandita. Es importante tener esto en cuenta en el momento de elegir una”.

Adaptación es una palabra que habéis leído varias veces a lo largo de estas líneas. Alberto García, Director del Curso de Experto en Mujer y Deporte (es uno de los grandes en esta materia a nivel mundial) la colca en un lugar totémico a la hora de planificar nuestros objetivos, sobre todo si de catar asfalto se trata: “Nunca entrenaría sobre asfalto sin antes haber preparado el organismo. Para ello son necesarias 6-8 semanas en las que trabajaremos la fuerza de los pies descalzos, añadiendo ejercicios de gomas, flexión-extensión de tobillo y fortalecimiento de la musculatura de los flexores de los dedos. Luego deberíamos hacer 2-3 semanas de propiocepción, introduciendo saltos a la comba, trabajo de gemelos en excéntrico y carrera cuesta abajo”.

Como veis hay tantos libros como maestros, aunque en el tema de echarse a la carretera queda más o menos claro la convergencia entre la gran mayoría de ellos. Y es que, sin ser aconsejable abandonar otras superficies a favor del asfalto (algo que muchos hacen, movidos por el hecho irrefutable de que se corre más deprisa), tampoco conviene escabullirse de él, pues tarde o temprano, cuando escuches un disparo de salida, lo vas a tener enfrente de las narices. De donde sí conviene salir pintando es del extremismo y la obsesión. O como dice Alberto García: “No entrenar sobre asfalto no significa que no puedas ir y volver trotando durante los 5-10 minutos que hay hasta al parque más cercano. Si haces eso no te va a pasar nada, y más con las zapatillas que hay hoy en día”.

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