CORREDORES | Luis Arribas

“Para mí, los kilómetros ni son un objetivo ni un recuerdo. Corro y punto”.
Álex Calabuig
CORREDORES | Luis Arribas
Luis Arribas, corredor por vocación | soycorredor.es

Es usted corredor, así que la primera pregunta es obligada. ¿Dónde le duele y por qué?

Usted es de esos que han leído el libro del Arte de la Guerra. No hay nada como empezar el retrato de alguien desnudando sus puntos débiles. A ver. En este orden, de abajo arriba. Recién levantado no faltan los dolores punzantes en el tendón de aquiles izquierdo. Inmediatamente tengo que empezar a cojear con lo que la cadera resuena. Según Pablo Lucero, mi fisio, “eso sí que está mal”. El último dolor en aparecer es el del estómago. El hambre se impone a todos los demás. Tras el desayuno y el movimiento todo se calla y le digo el porqué: porque el café es mano de santo contra las lesiones aunque según pasan los años necesito más café.

No le echo la culpa a los años porque ya lo sé. Lo descubrí un día que me senté a dar vueltas sobre la pila de años que he pasado en movimiento. El porqué de todo esto imagino que será por haber estirado la vida útil de los tendones mucho más de la cuenta. Me confesaré de otra de mis faltas: estiro poco y mal. Caliento poco y peor. Ya ve que soy todo un ejemplo para ir dando consejos. Y mire que de pequeño di con dos o tres entrenadores que nos enseñaban con suma paciencia. Eran tres grandes del atletismo escolar de Madrid. Imagino que debí prestar poca atención o ninguna a cuando nos explicaban lo bueno que era aprender a correr. Yo qué sé, ¡tenía diez años! Oiga, ¿tenemos que seguir tratándonos de usted?

¿Tiene idea de cuántos kilómetros ha hecho corriendo a lo largo de su vida?

No tengo la menor idea. Podría calcularlo pero lo pasado, pasado es. Hace años, bastantes, recuerdo que todavía llevaba algún cuaderno con los entrenamientos. En las pruebas del circuito Adidas de carreras de 20km, en los años 80, regalaban unas agendas para apuntar todo. Luego pasé a apuntar solamente carreras. Y esto fue un poco heredado de la costumbre de mi padre, que siempre ha sido mucho más metódico. Es una persona con alma de coleccionista. Si él nos había metido a hacer atletismo de pequeños y apuntaba las competiciones en plan “Vallehermoso, 150m, infantil, 6º en la serie”, pues tendría algún sentido apuntar las carreras. Pero ya sabe que uno crece para cargarse la figura paterna mientras llegan los siguientes que acaben con la de uno. Y dejé de apuntarlo.

Con el advenimiento de internet había una posibilidad muy buena de insertar todo aquello en un blog, apuntar y recopilar cosas. Pero decidí acabar con cualquier movimiento contable que no midiera más de 42 kilómetros. Marie Kondo está enseñando a la gente a hacer limpieza con los trastos en casa. Yo llevo bastante tiempo haciendo limpieza de muchos recuerdos. Los kilómetros me sirven para disfrutar el momento de estar corriendo. Para mí, ni son un objetivo ni un recuerdo. Corro y punto. Según lo digo podría parecer que desprecio el esfuerzo acumulado, que queda un poco chulo, pero sí que puedo ofrecer este punto de vista como consejo: el correr es el proceso, no el fin. Lo he robado de alguien, no me diga quién. Si me lee, gracias.

De aquella época conservo el mismo DNI, donde sigue diciendo que nací en Barcelona y me malcrié en Madrid.

¿Qué queda de aquel chaval que empezó a encadenar zancadas cuando en nuestro país aún nadie hablaba del running?

¿Se ha dado cuenta que ha dicho running a la tercera pregunta? Imagino que esto volverá a aparecer más adelante —se ríe— pero bueno. De aquella época conservo el mismo DNI, donde sigue diciendo que nací en Barcelona y me malcrié en Madrid. Tuve la suerte de bajar a ver entrenar en las pistas de la Blume en Madrid a gente como Ramón Cid y en casa circuló el pantalón de la selección española que llevó Luis Sarria el velocista, en plenos años 70. Los recortes de prensa de las hoy leyendas del atletismo, todo aquello. De aquella infancia conservo una colección de conocidos enorme, vinculados al mundo del correr. Hay una imagen que suele venirme a la cabeza cuando bajo por una calle determinada de mi ciudad: reproduce las noches de los martes en las que bajábamos a la sede del club de atletismo. Estaba en un bajo de unas casas de la zona vieja de Alcobendas. Allí dentro los directivos del club metían una bulla enorme entre pagos de cuotas, carnés, repartos de chándal, un chándal horrible blanco, verde y marrón que tuvimos, humo de cuando se fumaba en todos los lados. Y recuerdo bajar como a un sitio que no entendía bien pero que probablemente sea la explicación de esos santuarios deportivos tan simbólicos de los que ahora nos gusta leer cosas. Esos grandes relatos de qué significan los pubs al lado de los campos de rugby, los bares de las peñas futbolísticas, el bar de los Torreznos al lado del Palacio de los Deportes de Madrid, y así.

CORREDORES | Luis Arribas

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Volviendo a lo que me queda de niño, todavía me encanta asomar a una carrera en un lugar nuevo. En nuestra época los padres nos daban en depósito dos veces a la semana a un entrenador, y una tercera para ir a competir por ahí. Hala. Al autobús. A la tercera vez que corríamos en el circuito de la Casa de Campo o el Vallehermoso ya era aburrido. Pero aquel circuito de crosses anual podría llevarte a sitios tan exóticos como Cantimpalos, en la antesierra segoviana, o a Venta de Baños o Lasarte. Imagine: Lasarte, el País Vasco. En plenos años ochenta. Pero si los abuelos de mis amigos ni siquiera eran de más allá de Segovia. Y yo he sido siempre muy curioso y viajero y eso me encanta: una entrega de dorsales diferente, un recorrido desconocido.

Pero ¿Por qué narices corre? ¿Es que no se le ocurre nada mejor que hacer?

No mido más de metro ochenta por lo que la época dorada del baloncesto me fue de poco provecho. Así que a la grada a hacer el idiota. No soy ni ágil para competir en esquí, ni valeroso para los descensos de la bicicleta de montaña. Aprendí a jugar al ajedrez pero mi visión a largo plazo se ceñía a los primeros veinte movimientos. Me queda poco donde elegir y según están los deportes de equipo de cuarentones no me veo discutiendo con uno de contabilidad por una entrada fea en el fútbol-sala. Eso se lo dejo a los valientes que arriesgan los meniscos a mediodía. En las liguillas de periodistas cuentan verdaderas barbaridades de cómo se toma el personal la puñetera pachanga de partido.

Los dardos en el bar no cuentan como deporte así que ya me dirá; las opciones eran seguir corriendo. Cosa que ya hacía antes. Y por lo visto no se me da mal, porque puedo estar haciéndolo durante más horas que muchos.

Luego está lo del ambiente que envuelve este bendito entretenimiento. Es un tópico pero yo voy a insistir en ello: cuando uno llega de nuevas a un pueblo o ciudad o país, la mejor manera de integrarse que conozco es unirse a alguien que salga a correr. Buscar ese grupo de corredores locales. Parar a uno que ves estirando y preguntarle. En el idioma que sea. Por señas. Como sea. Se genera una simpatía inmediata. Verá, pienso que como sociedad somos un asco y como especie una turba ciega y destructora. Pero también somos unos simples, encantadores, que acogemos sin preguntas a cualquiera que quiera correr con nosotros. Por mucho que el postureo haga rechinar dientes a algunos, yo aplaudo el mero hecho de hacerse una foto con alguien al que has conocido de nuevas y que compartió un trote contigo. O que correr te lleve a ese monumento al que no llegaste haciendo turismo porque no te cuadran los transportes. Son pequeñas cosas que suman mucho y hacen que correr sea una maravilla.

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¿Ha hecho más locuras por amor o por correr?

El amor ha movido todas mis idioteces hasta que ya nos hemos puesto de acuerdo mi psicóloga/esposa y yo y nos hemos serenado. Por correr no he hecho locuras. Quizá dormir un día en un coche o alguna conducción cargada de sueño, pero debo decir en mi defensa que la excusa era que quería estar más tiempo en casa y ahorrarme noches de dormir lejos. Un día ella me dijo que ya bastaba, que me prohibía bajar a las cuatro de la mañana de Madrid a Sevilla a presentar un libro y subir el mismo día. Que reservase bajo amenaza de muerte una noche de hotel fuera donde fuera.

Por amor sí que he hecho locuras, alguna de ellas muy cercanas a las idioteces del corredor. Por ejemplo hacer en bicicleta de montaña 130 kilómetros para venir a comer a Madrid en una de mis primeras apariciones en casa de mis futuros suegros.

Pero vaya. Locuras, en general, pocas. Soy uno de esos cobardes de larga duración que no arriesgan demasiado y el concepto de locura lo considero bastante ajeno a mí. Hay que decir que sí, reconozco que luego está el baremo de cada uno de qué es locura y qué no. Podríamos decir que salir a correr 10 kilómetros a las siete de la mañana para desayunar con todos en casa es normal. Y que salir a correr a las dos de la mañana para hacer 45 kilómetros y volver a desayunar con todos ya no lo es. ¿Sabe? Me están incomodando algunas de sus preguntas. ¿Dónde quiere llegar? ¿Me va a cobrar por psicoanalizarme?

Si ya corría cuando no estaba demasiado bien visto... encima le dio por escribir. ¿No era mejor pedir ayuda a un profesional y que le recomendara dedicarse a cosas más productivas?

He tenido relativa mala suerte con los consejeros que tuve de joven. Además mi esposa dice que soy un adoquín y que no me dejo convencer fácilmente. Lo mismo esto último es la explicación de lo primero que le digo. De todas maneras escribir era algo a lo que estaba destinado, y casi relacionado con esto que le comento. En mi entorno decían de mí que era un niño listorro al que se le daban bien las matemáticas. Que estudiara ciencias. A ver; con doce años a casi cualquier niño se le dan bien las matemáticas. La cosa se complica cuando subimos a Bachillerato. Pues bien. Descubrí con veintimuchos años que lo que realmente se me daba bien era la expresión escrita. Los idiomas y contar cosas. Entonces, aprovechando que estaba trabajando en el extranjero y que tenía algo más de tiempo libre, empecé a mandar algunas colaboraciones a los medios de la época. Coincidió con el cambio de milenio que el fenómeno de los foros y los blogs agrupaban a gente con las mismas aficiones. Y allá que nos metimos de cabeza los locos del correr, recuerde, en una época en la que todavía éramos un fenómeno incipiente. Le hablo de 1999, año en que por ejemplo en el Maratón de Madrid correrían 5.500 personas o, en Valencia, 2.500. En los foros nos juntamos a hablar y a escribir del correr. El resto vino un poco dado por la facilidad de editar y recopilar literatura que tenemos ahora. Y eso, para los viejos fans del libro, que éramos unas ratas criadas en bibliotecas o en casas donde había dos docenas de libros mal contados, era una puerta abierta a liberar nuestro ego: podríamos tener nuestro propio libro. El resto es historia, a pesar de que las columnas de opinión y los grandes reportajes, las mismas crónicas que escribía la gente, están diluyéndose entre otro tipo de crónica más fotográfica, más de flash. No me quejo. Puedo escribir y la gente me pide que siga haciéndolo.

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¿Cuántos maratones ha corrido y en qué ciudades? Obviamente, esta pregunta va destinada a conocer el grado de su enfermedad.

Si ponemos juntas las veces que corrí un maratón o distancias más largas me salen unas 116. Lo mismo cuento si mide 42 que 65, conste. Por media Europa pero, ojo, muchas veces cogiendo una mochila, ignorando el hecho de ponerse un dorsal y saliendo a cruzar distancias cuya lógica solamente existe en mi cabeza. París, Rotterdam, Valencia, Amsterdam, Barcelona, Sevilla, claro, un buen montón. No. No he corrido en Nueva York, si alguien está deseando saberlo. De los Majors, de hecho, en ninguno. Pero he corrido maratones y bestialidades mayores por Alpes suizos y franceses, la campiña inglesa, bosques de la Selva Negra, la Sierra de Cazorla, el Guadarrama, los Pirineos, el listado es algo raro si nos paramos a pensar en términos de “un apasionado del correr”. Por eso digo que no soy un coleccionista de maratones al uso. La variedad que le decía antes la encuentro en todo tipo de distancias absurdas. A lo mejor es esto lo de ser un poco niño. Ya sabe: siempre que vea un comportamiento incorrecto o anómalo eche la culpa a un loco o a un niño.

¿No habrá usted coqueteado con los ultras o con el trail running, no?

Imagine el escenario. Madrid, primavera de 1997. Ese año había ido a correr el Maratón de París y me encuentro metido en una masa de 26.000 corredores que no me dejan correr a mi ritmo. Decido que ya está bien de hacer kilómetros mirando el reloj y en esas llega propaganda de las primeras carreras de montaña en la sierra de Madrid. Varios clubes como Rodper, Banco de Santander, etc, ya organizaban cosas por Cotos y Navacerrada. Eran carreras de montaña porque en 1997 no teníamos bilingüismo en el país, ni tampoco revistas angloparlantes. Corrimos en tirantes como si aquello fuera una media maratón de asfalto. Y de repente nos vienen contando que organizan el maratón “más duro del mundo” en Navacerrada, al lado de casa. Aquello fue un no hay huevos de manual. Poder correr durante 42 kilómetros y que nadie te meta prisa si paras a andar.

Igual con las distancias superiores. Se organizaron los primeros 100km en 24 horas en Ronda y Madrid y empecé a bucear. En 1998 corrí enlazando un montón de ermitas románicas por Cataluña durante 82 kilómetros, hice mis primeros 100/24… en realidad no sé de qué se extraña. Era evidente que mi evolución me haría buscar carreras de más horas y ritmos más suaves.

CORREDORES | Luis Arribas

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¿Qué opina de las palabras running, runner, runners, trail, run, challenge, gadget, etc? ¿Y por qué no usamos las palabras en español?

Entiendo perfectamente que nos hayan invadido. Es un signo de nuestros tiempos. Los primeros actores que deciden coger todo ese torrente de términos relacionados con el deporte, y que aplicaron dinero a saco, impusieron un modo de llamar a las cosas. Se juntó con la ascensión de las redes sociales y de repente todos los cuarentones creímos que éramos unos muchachuelos. Es una combinación irresistible, cool, muy top. El consuelo es que los españoles no somos los únicos que hemos cedido a la moda. Debería ver usted cómo están en Italia, que dicen printer, jeans y cosas así. Hay que aprender una cosa y es que la imposición cultural de la actualidad se hace de un modo más sutil que antaño, cuando nos invadían los ejércitos. Bueno, vale; el último ejército que nos invadió decía sacre bleu y nom de Dieu y tampoco es que les acogiéramos muy allá. Pero nos hemos quedado con cordon bleu y baguette, lo que demuestra que a los pueblos hay que conquistarles con el estómago.

Es cierto que se han normalizado las cosas con la madurez del movimiento de salir a correr. Quedarán algunos términos y dentro de veinte años no nos parecerán tan aberrantes. De todas maneras, el que quiera usarlos solamente tiene que hacer una cosa: hablar todo el rato en inglés. Por un lado se sentirá totalmente moderno, los demás nos reiremos cuando nos pida por favor si podemos quitar los pies del asiento, y los colegios bilingües sentirán que su labor ha merecido la pena. A largo plazo, vale, pero estaremos todos más contentos que unas pascuas.

¿Cuáles son sus mejores marcas en 10km, medio maratón y maratón? ¿Probó usted el amargo y agrio sabor de las competiciones en pista?

Mis marcas son 38:40, 1h18 y 2h55. No me extenderé más en ello porque tienen el mérito que tienen con veintipico años. Lo del amargo sabor de las competiciones en pista no lo sabe usted bien. Hay que tener mucho aguante para ir rellenando huecos porque eres el gordinflas de tu generación. Dicen que la vida es una carrera de fondo pero a un niño de once años no se le puede decir que espere a dar el estirón lanzando peso o disco. Que, mientras, los demás corran. Pues así me pasé un par de años hasta que mi organismo decidió tirar para arriba. Ya después la pista me vio sufrir y pelear un poco más. Hice 400 lisos, vallas bajas y triple hasta categoría juvenil. Así que sí. Sé a qué huele la goma de la pista en verano y conocí los agujeros del viejo tartán rosa de Vallehermoso y los baches de la pista de Orcasitas. Yo recomiendo alguna experiencia en la pista siempre.

Si pudiera elegir durante una temporadita, ¿quién le gustaría ser, Usain Bolt o Eliud Kipchoge? Ojo, no se admite contestar Andrés Velencoso o Brad Pitt.

Jamaica debe ser un paraíso para ser un semidios. Además Bolt está oficialmente retirado y quizá entrene muy poco. El plan es ideal. Pero Kipchoge transmite unas sensaciones de paz y de ser respetado por el entorno que me llaman mucho la atención. Venga, secuestrémosle y ocultemos su cuerpo durante esa temporadita. No se va a notar si no nos embarcamos en retos sub 1.59 o similares. Podríamos tener una consultoría online: Talk Eliud.

Por cada posición feminista abiertamente declarada que oigo, escucho diez imbecilidades de boca de uno de mis compañeros de género.

¿Qué opina del feminismo y del movimiento del empoderamiento de la mujer? Pensaba usted que no habría ninguna pregunta trampa que le pusiera en un compromiso, ¿verdad?

Me encanta el tema, nada de trampa. Fui lo suficientemente inteligente como para opositar a novio de una mujer combativa, feminista y gran compañera de juergas. En casa insultamos abiertamente y despreciamos cualquier comportamiento basado en la desigualdad. Somos así de irreverentes. La España de 2019 está más preocupada en el envoltorio de las cosas que en actuar de una manera honesta e igualitaria. He visto cómo las mejores intenciones de un hombre se han ido por el inodoro por escoger mal las palabras. Pero es que no habló jamás de ese tema con su pareja. He visto cómo pagan justos por pecadores. Sí, las cosas se han salido de madre en los últimos años y hay una sensibilidad exacerbada con los asuntos del género. Ahora bien, bajemos a la calle. Por cada posición feminista abiertamente declarada que oigo, escucho diez imbecilidades de boca de uno de mis compañeros de género. Siguen siendo asesinadas demasiadas parejas al año. Las madres que dejan de trabajar y se quedan a cargo de los hijos son el termómetro real de un país. Lo que se discute en las redes sociales no. Las señoras que lavan la ropa, planchan y dan de comer a su marido son tan reales como el desprecio de esos que llaman “esta” a su mujer. El porno se sigue saboreando. Se babea entre los hombres a escondidas cuando llega una compañera nueva de trabajo. Se ignora a la mujer en el reparto de responsabilidades laborales. Allyson Félix tiene que montar un show y plantar cara a Nike porque le dicen que embarazada no vende… ¿seguimos?

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¿Hay algún rincón del planeta por el que aún sueñe con correr?

Hay un rincón del planeta en el que aún sueño encontrar algún libro que presté. Anda por ahí un ejemplar de La Ciudad de los Prodigios. ¿No lo tendrá...? Respecto de lo que me pregunta, claro que tengo pendiente un millón de sendas, paseos marítimos y praderas. No son tampoco sitios exóticos, necesariamente. Dadme un día nublado y ventoso, frío y un par de horas libres, y le sacaré el jugo más absoluto a su pueblo, la huerta de su abuelo o los acantilados en los que termina su urbanización. Por satisfacer la pregunta, apunte: Miami, Shanghai, Riazor, Cádiz, terminar el bucle del Ultra Trail del Mont Blanc y correr de noche por San Petersburgo.

Gana usted la final olímpica de 1.500 metros con tres segundos de ventaja, paseándose, y le descalifican por pisar un centímetro fuera de la pista en la primera vuelta. ¿Qué palabras serían las primeras que saldrían por su boca?

“Por un millón de dólares acepto una revancha en la pista que ustedes quieran. Los jueces están invitados. Corre de mi cuenta”.

Es usted un tipo de la generación del papel pero vive muy pendiente de Twitter y sus aportaciones son permanentes. ¿Por qué esa hiperactividad en las redes sociales? ¿Tiene usted un punto de provocador?

Buah, Twitter. Es la cola de la pescadería. Es la reunión perfecta de los vecinos de una escalera. El porqué de qué me ata a esa locura de gente es una larga historia. En Twitter intento llegar a una casualidad cósmica. Verá. Mi bisabuelo se largó a Argentina a comprar tabaco. Las crónicas decían que le iba bien y que quizá se demorara en aquella promesa de volver cargado de plata. Mi padre, que el hombre es un santo, visitó una vez Buenos Aires y estuvo indagando cuántos Arribas había en la guía de teléfonos de la capital. Llamó uno por uno. No consiguió pistas fehacientes sobre su abuelo. Visitó, incluso, el bar Ávila, que lo tiene en el 1384 de la Avenida Mayo. No tuvo suerte con aquel método de retroescalada genealógica. Se está preguntando qué tiene que ver eso con una red social repleta de desequilibrados. Mire, yo intento que un día un porteño me diga en Twitter, sintetizando mucho, que es primo nieto mío, que sale a correr por Belgrano y que un día leyó en esta revista que podíamos ser familia.

No sé si eso me convierte en provocador pero qué duda cabe de que soy un bocazas al que le sobran palabras y le falta sentido común. Twitter es un paraíso para patologías como la mía. En cambio, pronto cerraré mi perfil de Instagram porque no he logrado ser imagen de ningún perfume de lujo. Tampoco he logrado salir guapo ni pensativo más que en una foto. No me compensa.

¿Qué libros ha escrito y qué acogida han tenido, desde su imparcial punto de vista?

Empecé en los formatos de ficción breve con Periferia Negra (2013). Le tengo un amor especial y desapareció pronto de la escena porque me volqué en el mundo del corredor. Así que escribí el famoso libro amarillo de la zapatilla y el vaso de cubata: Run con Limón (2017). Tuvo una vida muy simpática y mucha gente lo adoptó como libro de cabecera. Contenía un montón de columnas recopiladas en mis colaboraciones en medios como El Mundo y revistas variadas y webs. Ese mismo formato se repitió con Consejos de runner viejo (2019), al que muchos conocen por su subtítulo: la guía para correr sin parecer imbécil. Está funcionando muy bien y en mi editorial, Vivelibro, están muy contentos. ¿Dónde podremos verle próximamente con un dorsal en el pecho?

Estoy deseando que termine el verano para prenderme dorsal en los 42 kilómetros de la Ribera Run, y después me subiré al monte a pegarme un paseo en el Trail Pirineu. Además aprovecharé para introducir a amigos en el mundo de las carreras en la Ribera del Duero.

Veo a mis conocidos correr carreras prácticamente todos los fines de semana y les comprendo. Pero son demasiadas cosas las que me gusta hacer como para colocarlo lo primero en la lista de la semana, entiéndame. Oiga ¿En serio vamos a terminar esta entrevista tratándonos de usted?

CORREDORES | Luis Arribas

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Venga, en esta te concedo una tregua. ¿Cuál sería el trabajo de tus sueños?

Mi trabajo soñado sería elaborar reportajes largos y reflexivos sobre la gente que sale a la calle a diario por todo el mundo. Por supuesto añadiría a mis colaboraciones ese picante que aporta hablar de los corredores de todo el planeta; imagino que el correr del planeta compensaría lo de dejarme llevar por las comilonas y noches de desenfreno. Si su director quiere más detalles, acepto estar máximo tres meses en un hotel y puedo acreditar un manojo de idiomas. El Times ha tenido a una periodista simpatiquísima, Jada Yuan, haciendo lo mismo durante un año y pico en las 52 localizaciones más atractivas del mundo. Ah, mis textos apenas necesitan ser retocados. ¡Si se lo estoy dando todo hecho a usted y sus accionistas!

En este momento me gustaría abrazar a dos personas enfadadas porque hubieran chocado por la calle.

Lo ve… le doy la mano y coge mi brazo, así que vuelvo a marcar las distancias. Se cumplen 25 años del abrazo de Helsinki. ¿A qué dos personas le gustaría abrazarse en este preciso momento?

Vaya momento. Éramos tan jóvenes. Fue emocionante seguir la carrera por TVE. Este año también se cumplen 180 años del abrazo de Vergara, en el que se termina la Primera Guerra Carlista, que se dio entre españoles partidarios del absolutismo y españoles partidarios de otro absolutismo. No me diga que no es un hecho singularmente español: pegarnos por imbecilidades que solamente nos perjudican. En este momento me gustaría abrazar a dos personas enfadadas porque hubieran chocado por la calle, en una acera simplemente demasiado estrecha, y hacerles ver que enojarse es estúpido. Odiar es ya más serio. Pero enfadarse por hechos colaterales es profundamente español: de imbéciles.

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Tras esta brillante respuesta te he cogido cariño, así que vuelvo al tuteo (o “retuteo”, que no “retuiteo”) en la última cuestión. ¿Cómo ves el futuro de las carreras populares y el atletismo? Recuerda que si te equivocas, en 2029 volveremos a entrevistarte para dejarte en evidencia ante tus fans…

En un futuro me veo bastante fallecido. Espero que no hayan inventado una carrera llamada Memorial Luis Arribas porque me fastidiaría bastante no acudir. Seguro que habría bien de comer y beber en los avituallamientos. Podría hasta cruzar la península de lado a lado para celebrar la reciente unificación de ambos países en la Federación Ibérica. A más corto plazo, pongamos que ese 2029 al que se refiere, me veo entrenando cada vez menos y saliendo muchos menos kilómetros que ahora. Sí, es posible entrenar menos todavía. De aquí a diez años nadaré más, que no mejor, fortaleceré este cuerpo escombro y solamente correré carreras de pueblo de la España Vacía, como dice Sergio del Molino.

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