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Jakob Ingebrigtsen volvió a competir casi un año después y lo hizo proclamándose campeón de Europa de 5.000 metros. Pero detrás de ese oro en Birmingham hay algo más que una carrera y un resultado: los datos permiten entender cómo el noruego fue recuperando sensaciones y, sobre todo, cómo decidió confiar en que estaba preparado para volver a competir al máximo nivel.
Los registros de COROS durante la final reflejan una carrera que fue de menos a más. Ingebrigtsen pasó el primer kilómetro en 2:48.3, todavía lejos del ritmo que acabaría imponiendo, para acelerar progresivamente: 2:42.3 en el segundo, 2:39.8 en el tercero y 2:38.7 en el cuarto. Pero la verdadera exhibición llegó en el último kilómetro, que completó en 2:26.2.
Y los datos de los metros finales son todavía más contundentes: 54.79 segundos en los últimos 400 metros, con una cadencia media de 212 pasos por minuto y un pico de 226. En los últimos 100 metros corrió en 12.69 segundos, alcanzando esos 226 pasos por minuto.
Su media durante la carrera fue de 180 pulsaciones por minuto, mientras que el máximo registrado fue de 188.
También resulta significativo observar la frecuencia cardiaca. Su media durante la carrera fue de 180 pulsaciones por minuto, mientras que el máximo registrado fue de 188. En el último kilómetro la media ya había subido hasta 183 y, en los 400 metros finales, alcanzó los 188 de máxima. Es decir, el acelerón final no llegó únicamente acompañado de un aumento de velocidad: también de una respuesta fisiológica acorde con el esfuerzo de una final europea.
Una carrera construida con datos
Ingebrigtsen ha explicado que los números no podían garantizarle que estuviera preparado para volver a ganar, pero sí le permitieron comprobar que su cuerpo estaba recuperando el nivel necesario.
“Los datos no te dan certezas. Te dan algo con lo que trabajar. Pero los números me mostraban que estaba volviendo al punto en el que necesitaba estar. En algún momento tienes que confiar en eso y competir.” Y eso es precisamente lo que hizo en Birmingham. Después de apenas tres semanas de buenos entrenamientos, el noruego entendió que no necesitaba una preparación perfecta para volver a competir. Necesitaba saber dónde estaba y sacar el máximo partido de ese estado de forma. “Tres semanas de buenos entrenamientos no son mucho. Pero son suficientes para ganar algo de confianza", explicó tras la carrera.
De 188 a 226 zancadas por minuto
Uno de los indicadores más llamativos es la evolución de la cadencia. En el primer kilómetro, Ingebrigtsen registró una media de 188 pasos por minuto. En el segundo fueron 190; en el tercero, 191; y en el cuarto, 192.
Pero en el último kilómetro el salto fue considerable: 204 pasos por minuto de media. Y cuando llegó el ataque final, la cadencia se disparó hasta los 212 pasos por minuto durante los últimos 400 metros con un máximo de 226. El dato ayuda a poner números a una de las imágenes más reconocibles de Ingebrigtsen: su capacidad para cambiar de ritmo cuando la carrera entra en su fase decisiva.
Su final de 54.79 segundos equivale a correr esos últimos 400 metros a un ritmo cercano a 2:17/km, muy por debajo del ritmo medio de la carrera, que fue de aproximadamente 2:39/km.
“El objetivo nunca es tener datos perfectos”
La tecnología le ha servido a Ingebrigtsen durante este último año para interpretar cómo estaba respondiendo su cuerpo después de una temporada marcada por los problemas físicos y su ausencia de competición. Pero el propio atleta insiste en que los datos son una herramienta, no el objetivo.
“COROS me ha ayudado a entender el proceso durante este último año. Obtengo la información que necesito para saber cómo estoy respondiendo y dónde puedo mejorar. Pero el objetivo nunca es tener unos datos perfectos. El objetivo es correr más rápido. A veces tienes que confiar en tu entrenamiento y lanzarte.”
“Después de todo lo que ha pasado, ganar es obviamente especial. Pero para mí, lo más importante es que estoy compitiendo de nuevo y estoy sano. El título es el resultado. Volver a estar en este punto era el verdadero proceso.”
Los datos cuentan una parte de la historia: 13:15.29, 2:26.2 en el último kilómetro y 54.79 en los últimos 400 metros. La otra parte la contó Jakob Ingebrigtsen sobre la pista: regresó, confió en su preparación y volvió a ganar.
