Pablo, que tiene ahora 27 años, nació prácticamente muerto. Salió adelante, con parálisis cerebral. José Manuel nos cuenta cómo empezó la unión con su hijo a través del running. “Fue por casualidad, un día en vacaciones me lo llevé a correr en su carro y se lo pasó genial. Ese mismo verano acabamos apuntándonos a la Nocturna del Guadalquivir y ahí nos enganchamos. Correr con él tiene una gratificación enorme, es una actividad común que nos ha llenado siempre a los dos. No cambio ganar un maratón por correr con mi hijo y entrar en cinco horas en meta. Es como si él corriera. Cualquier padre entiende lo que digo. Yo daría la vida por escucharlo decir papá una vez”.
José Manuel y Pablo han llegado incluso a correr el Maratón de Nueva York, pero un cáncer del padre les obligó a aparcar el carro durante los últimos años. Pero una vez recuperado, fue realmente emocionante volver a verles disfrutar durante 42’195 kilómetros por las calles de Sevilla con parada incluída para una foto frente al hospital donde José Manuel ha recibido la quimioterapia. Ese día hubo un ganador, el que más rápido alcanzó la meta, pero los dos grandes campeones fueron ellos.
