“He estado muchos años en meta en el maratón”, explica Javier Gavela, de 49 años y director técnico del Zurich Maratón de Sevilla. “Y he comprobado que cuando llegas a meta lo más importante es acordarte de como te llamas. Hay gente que llega muy mal y no se acuerda. Y eso significa que debía haber retirado. Sé que es difícil retirarse”, añade. “Pero yo siempre trato de convencer a la gente de que oportunidades hay muchas en el maratón. Sin embargo, vida solo hay una”, añade.
No hay mejor forma de empezar esta entrevista de cara al Zurich Maratón de Sevilla que recordando la prudencia.
Es que es así. Hacemos el maratón por afición, por salud. No podemos consentir que el maratón nos cueste la salud. El reto no puede alcanzar lo inhumano.
Y el 15 de febrero Sevilla volverá a ser la capital mundial del maratón.
Esperemos que sí, que sea una Sevilla entregada al maratón en la que podamos contar grandes marcas y que los atletas populares, que son el corazón de la prueba, terminen y vuelvan a casa contentos.
Serán 17.000 atletas en la línea de salida del maratón.
Así es. Sin ellos, el maratón no sería lo que es. Sevilla no entendería cortar el tráfico en toda la ciudad para que corran 100 o 200 corredores de elite. La magia está en esos 17.000 que vienen de todas las partes del mundo. De hecho, un 53% de atletas vendrán desde fuera de España.
Un orgullo.
Sí, este año agotamos los dorsales en 28 días y la realidad es que podíamos haber tenido muchos más atletas. Tenemos más de 25.000 apuntados en lista de espera.
¿Eso qué significa de cara al futuro?
Si seguimos haciendo las cosas bien, el Zurich Maratón de Sevilla seguirá creciendo. No sé cuál es su techo. En principio, no debería crecer muchísimo más, porque nosotros no somos una ciudad gigante que pueda absorber tanta gente como Londres, Berlín. Chicago, etc etc. Pero nosotros creemos que el futuro siempre está para mejorar lo que hay.
Comenzaste en 2013 como director técnico del maratón.
Efectivamente, esta será mi 13ª edición
¿Y qué ha cambiado más?
Cuando llegamos a Sevilla era un maratón mucho más local. Estaba muy bien considerado en España porque era un circuito llano que reunía a unos 4.000 participantes. En nuestro primer año ya llegamos a 7.000. Pero la diferencia sobre todo está en que llevamos el maratón al centro de la ciudad y logramos que la ciudad convirtiese el maratón en algo suyo como la Semana Santa o la Feria. Fue nuestra apuesta y lo hemos logrado.
En el esfuerzo está el futuro.
El récord de la prueba masculina entonces estaba en 2:09,57 y ahora está en 2:03.27 y somos el sexto maratón más rápido de toda la historia en todo el mundo. Sólo Chicago, Berlín, Londres, Valencia y Tokio nos superan. Ese dato es espectacular porque nosotros tenemos un presupuesto más reducido.
¿Pero mejor circuito?
Es lo que yo he defendido siempre. He estado en todos los Majors y no he encontrado ningún circuito mejor que el de Sevilla.
¿Para bajar de 2 horas incluso?
Sí, sí, yo tengo claro que sí. Cuando Kiptum (que en paz descanse) hizo 2:01.25 en Londres en un circuito, que no es fácil y en el que además llovía, dije que si venía a correr a Sevilla bajaba de dos horas sin ninguna duda. Ahora con él ya nunca podrá ser. Pero hay dos o tres atletas que podrían estar en ese tiempo. Si algún día logramos el músculo financiero para traerlos se comprobará.
¿Sevilla tiene el circuito inmejorable?
Nunca es inmejorable. Todo es mejorable en la vida. Pero el circuito tenía dos pasos por un túnel que se ha eliminado este año. En ese sentido ha mejorado. Pero, claro, si tuviésemos toda Sevilla cortada para nosotros haríamos algún cambio más. Pero hay que entender que la gente de la ciudad también tiene que moverse y hay que conjugarlo. Es un trabajo complejo, en cualquier caso. Son 42 kilómetros. No se parece a ninguna otra distancia.
¿Cuántos meses de trabajo lleva el maratón?
El maratón es un monstruo gigante. Requiere los 365 días del año. De hecho, nada más acabar la edición de 2025, ya estábamos con el reglamento del año siguiente. En realidad, estamos todo el año trabajando. Pero desde noviembre ya nos centramos exclusivamente a tiempo completo.
¿Cómo es el día de la prueba?
Para mí es complicado. Me levanto a las cuatro de la mañana. A las cinco, los atletas ya están nerviosos esperando el desayuno. Luego, hay que estar pendiente del montaje y de que no pase nada. Hasta que llega el último corredor a meta, y los servicios médicos me dicen que todo ha ido bien, no me quedo tranquilo.
O sea que la tranquilidad tarda en llegar.
Pero es a lo que aspiras durante todo el día. El año pasado me llevé un pequeño disgusto cuando pinchó Barega en el kilómetro 37. Había pasado el 10 a ritmo de récord del mundo. Pero ese disgusto no tiene nada que ver al que te llevas cuando algún corredor ha tenido algún problema de salud: eso sí es una verdadera preocupación.
¿Cómo sería tu maratón soñado el 15 de febrero?
El maratón perfecto es que no pase nada y que todos los atletas lleguen bien a meta. Eso me hace sentirme orgulloso y si ya se batiesen los récords de la prueba no quiero ni contarlo. Pero vamos paso a paso. Todavía quedan días para llegar a la línea de salida.
¿Las consecuencias del accidente ferroviario de Adamuz restarán participación?
Esa pregunta no tiene respuesta todavía. Es verdad que empezamos a tener consultas de gente que no puede venir. Pero pocas por ahora. Acaba de ser la media maratón de Sevilla y la afectación no fue muy grande. Pero hay que esperar. Todavía no sabemos cuándo abren los trenes.
