Atletismo

Las "niñas" se hacen mayores

Un relato de Roberto Sotomayor sobre cómo ha sido la evolución de Águeda Muñoz y Lucía Rodríguez, dos de las revelaciones del Campeonato de Europa de Toruń con las que ha compartido decenas de entrenamientos.

Roberto Sotomayor

5 minutos

Lucía Rodríguez, Roberto Sotomayor y Águeda Muñoz. Foto VSM Photoevents

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Parece mentira que sigan pasando los años y siga sintiendo una mezcla de orgullo y felicidad al ver lograr éxitos de algunos de mis compañeros de entrenamientos. Después de casi 20 años junto a Arturo Martín, ese hombre que ha llevado a multitud de atletas a lo más alto en sus carreras deportivas, sigo teniendo la gran suerte de poder disfrutar de nuevas generaciones.

Después de dos años de lesiones, esta temporada me propuse volver a competir, y para ello tendría que volver a hacer un invierno completo. "Entrenarás con las niñas" me dijo Arturo allá por el mes de septiembre. "Las niñas". Las niñas, término siempre cariñoso cuando nos referimos a ellas, son Lucía Rodríguez, Águeda Muñoz, Ana Patricia Campos, y su hermana Nieves, Clara Viñarás, capitaneadas por la longeva Elena García Grimau. De entrenar con los chicos, empecé a rodar y hacer las series en el bosque con ellas. Al principio pensé que sería yo quien tendría que tirar de ellas en los entrenamientos. Qué equivocado estaba. En los primeros días de entrenamiento con ellas me di cuenta de que esas "niñas" ya no lo eran tanto. Durante mis dos años ausente de las pistas, había ocurrido algo. Y lo que había pasado es que esas "niñas" habían crecido deportivamente hablando de manera exponencial. Era muy difícil para mí aguantar sus ritmos, incluso hubo días que claudiqué ante ellas. Cada día que nos encontrábamos en el bosque para hacer las series sabía que tendría que dar lo mejor de mí para poder ir con ellas. Me di cuenta en seguida de que estaba delante de una generación que marcaría un antes y un después en el atletismo español. Muchas veces, después de los entrenamientos Elena García y yo nos quedábamos hablando sobre Lucia y Águeda. Ninguno de los dos éramos capaces de entender esos ritmos que se marcaban en los entrenamientos, y llegábamos a la conclusión de que lo que tenía Arturo en sus manos era oro puro. Diamantes en bruto a los que había que pulir con paciencia y con esmero. Elena tiene ya 34 años, yo tengo 43, somos los más veteranos de un grupo que ha visto pasar a diferentes generaciones. Hemos visto de todo. Lo de ahora, sencillamente es otra historia. A los Adrián Ben, Fernando Carro, Pablo Sánchez-Valladares, Jesús Ramos o Sergio Jiménez había que sumar a las "niñas". Disciplinadas, apasionadas de su deporte, y muy profesionales entrenando.

Todavía recuerdo un día que hicimos un controlado y la hice sufrir un poco más de lo normal, el cabreo que se pilló conmigo.

Lucía es puro ímpetu. Es un torbellino en los entrenamientos. Una máquina a la que a veces hay que calmar. Corre como si no  hubiera mañana. No se arruga en ningún entrenamiento, tiene una calidad que impresiona. Hija de Josito, un antiguo atleta con el que coincidí en la Blume algunos años, la conocí en una de las retransmisiones que hice para la RFEA en tv, en categorías menores. La recuerdo perfectamente por su forma tan elegante de correr. Con una fuerza descomunal. "Es la hija de Josito", me dijeron por whatsapp. A las órdenes entonces del mítico Luis Miguel Martín Berlanas, y Juan del Campo, estuve siempre muy atento a sus competiciones. Verla correr era una pasada. Cuando hace algo más de año y medio me enteré que quería cambiar de entrenador y pasar a entrenar con Arturo, me hizo bastante ilusión. Todavía recuerdo un día que hicimos un controlado y le hice sufrir un poco más de lo normal, el cabreo que se pilló conmigo. Le duró tres horas, me escribió un SMS por la tarde pidiendome perdón: "No tienes que pedirme perdón, Lu, esta actitud es la que te va a llevar a ser la número uno, sigue así", le contesté.  No solo por la calidad que le daría al grupo de las chicas, sino porque la llegada de Lucía sería justo lo que necesitaría otra las jóvenes promesas del grupo, Águeda Muñoz. 

A Águeda la conocí en 2018. Solo sabía que era pareja de Adrián Ben, pero en el primer entrenamiento que la vi hacer en la Blume, me acerqué a Arturo y le comenté lo mucho que me gustaba esa "niña". Hay veces que ves correr a alguien y no sabes por qué pero sientes que tiene algo diferente al resto. Me pasó algo parecido la primera vez que vino a entrenar con nosotros un jovencito llamado Arturo Casado, cuando al terminar de rodar en Moratalaz me acerqué a él y le dije "Oye chaval, tú vas a ser muy bueno". Con Águeda me pasa lo mismo. El primer Campeonato de España que corrió, le escribí un mensaje a Gerardo Cebrián que estaba narrando para TVE el Cpto: "ojo a esta chavala en unos años". Águeda no pasó siquiera a la final. 

La llegada de Lucía al grupo ha sido determinante para ambas. Y no sólo para ellas mismas, sino para el resto del grupo que sin querer, se retroalimentan de su calidad. Es algo parecido a lo que me pasaba a mí cuando entrenaba con gente con mas calidad que yo durante aquellos años en la Blume con Casado, García, Cortés, Cáceres, Crespo, y un largo etcétera. Mi motivación era mayor y me hacía superarme. Águeda y Lucia. Lucia y Águeda, entre ellas se retroalimentan. Y quizás es lo mejor que le pasado al resto de compañeras, entre ellas Clara Viñarás, García Grimau o Campos.

Me fui a casa impresionado. Llamé incluso a Casado para contarle lo que había pasado ese día en el bosque de la Casa de Campo.

El pasado mes de diciembre hicimos un entrenamiento en el bosque de 10 repeticiones de 1000 metros con 1 minuto de recuperación a una media de 3:07. En el último fui incapaz de terminar con ellas. ¡3.02! Ese día me acerqué a ellas y les dije que esto no se lo he visto a hacer a casi nadie en el bosque. "Tenéis que creer". Me fui a casa impresionado. Llamé incluso a Casado para contarle lo que había pasado ese día en el bosque: "Rober, eso lo hacen muy pocas atletas en España, el Mister tiene dos talentazos".

Este fin de semana veo el Campeonato de Europa en Toruń. Y frente a mi televisión veo a dos atletas que ya no son las "niñas" de entonces. Se están haciendo mayores y están haciendo realidad algo que hasta ahora eran sueños para ellas. Detrás de esa madurez, de esa determinación compitiendo están las manos de un hombre que lleva años haciendo lo mismo, lograr sacar lo mejor de cada uno de nosotros. Y detrás, también, entrenamientos brutales, y semanas duras, muy duras que están teniendo su recompensa. Y mientras mis piernas fatigadas puedan intentaré seguir caminando junto a ellas. 

Esta tarde Lucía disputará su primera final de un Europeo haciendo marca personal en semifinales. Mañana Águeda hará lo mismo en los 1500ml habiendo dado un auténtico recital en semis. 

Y estamos emocionados todos. Y yo, por supuesto, uno de los que más.


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