Almgren, al límite sin perder el control: los datos de su exhibición en Birmingham

El sueco convirtió los 10.000 metros de Birmingham en una demostración de resistencia y control. Sus datos muestran cómo fue capaz de correr cada vez más rápido sin que su mecánica se descompusiera.

Marcos Peón y Nacho Barranco

Los datos detrás de la exhibición de Andreas Almgren en los 10.000 metros de Birmingham.
Los datos detrás de la exhibición de Andreas Almgren en los 10.000 metros de Birmingham.

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Una semana después todos seguimos recordando la exhibición de Andreas Almgren en los 10.000 metros del Campeonato de Europa. El sueco se proclamó campeón continental en Birmingham con 27:23.44, récord de los campeonatos, después de transformar la final en una prueba de eliminación desde el primer momento y en la que dobló a todos sus rivales excepto a tres.

Tras un primer kilómetro casi contemplativo, en 3:17.4, Almgren se colocó al frente y comenzó a imponer un ritmo cercano a 2:40/km. No esperó al último kilómetro ni buscó esconderse en el grupo. Quería convertir la carrera en una prueba de quién era realmente el mejor corredor de 10.000 metros.

Quería que todo se tratara de ser el mejor corredor de 10.000 metros. Es una forma dura de correr, pero conozco mis fortalezas y quería asumirlo.

El resultado fue contundente: Dominic Lobalu terminó segundo, mientras Almgren cruzaba la meta casi 20 segundos por delante y rebajaba un récord de los campeonatos que llevaba vigente desde 1978. Era, además, su primer gran título internacional, después del bronce mundial conseguido en Tokio en 2025.

De 14:05 a 13:17: dos carreras dentro de una

La verdadera dimensión de su actuación aparece cuando se mira la carrera más allá del resultado final. Almgren pasó por los 5.000 metros en 14:05.07, con una frecuencia cardiaca media de 165 pulsaciones. En la segunda mitad necesitó 13:17.74, casi 48 segundos menos, mientras su frecuencia cardiaca media ascendía hasta las 180 pulsaciones.

Fueron dos carreras completamente diferentes dentro de la misma final.

Después del primer kilómetro lento, Almgren recorrió los siguientes kilómetros en una sucesión de parciales extraordinariamente estables: 2:39.7, 2:40.8, 2:40.2 y 2:38.5. Y lo hizo mientras su frecuencia cardiaca aumentaba levemente y de forma progresiva, de 176 a 179 pulsaciones.

Almgren cubrió los últimos 9.000 metros en 24:06.04, a una media de 2:40.7/km. Proyectado sobre 10.000 metros, ese tramo equivaldría aproximadamente a 26:46.7. Todavía resulta más espectacular observar los últimos 8.000 metros, prácticamente toda su cabalgada al frente:

  • Tiempo: 21:17.84
  • Ritmo medio: 2:39.7/km
  • Proyección sobre 10.000 metros: aproximadamente 26:37

El ataque que apenas se vio

La carrera se rompió definitivamente alrededor del séptimo kilómetro. Almgren llevaba varios kilómetros castigando al grupo cuando lanzó una segunda aceleración que terminó por dejarle solo.

El ataque fue mucho más violento de lo que aparentó desde las gradas.

Las cinco vueltas decisivas muestran una sucesión de giros rapidísimos antes de que Almgren volviera a asentarse en su ritmo. La aceleración fue suficiente para que sus últimos acompañantes comenzaran a perder contacto y, poco después, la carrera quedara completamente sentenciada. Dos kilómetros en torno a 5:12, después de llevar más de seis tirando del grupo.

The data behind Andreas Almgren's winning surge

A mitad de carrera todavía quedaban cuatro atletas capaces de seguirle: Mike Foppen, Yemaneberhan Crippa, Jimmy Gressier y el vigente campeón europeo, Dominic Lobalu. Ninguno pudo responder al siguiente cambio.

Y aquí aparece uno de los aspectos más interesantes de la carrera: Almgren estaba sufriendo, pero no estaba deteriorándose.

Fatigado, pero técnicamente estable

La frecuencia cardiaca cuenta una parte de la historia. El sueco pasó de 146 pulsaciones en el primer kilómetro rápido hasta 173 cuando se situó en torno a 2:40/km, ligeramente por encima de su umbral de 168. Después, mientras mantenía ritmos cercanos a 2:40/km, la frecuencia siguió subiendo de manera gradual.

Disponemos de ritmo, frecuencia cardiaca, cadencia y tiempo de contacto. No tenemos toda la fotografía biomecánica, pero sí suficiente información para intentar buscar grietas en una ejecución que, visualmente, parecía inalterable.

Cómo construye Almgren su cambio de ritmo

Antes del ataque, entre los kilómetros 3 y 6, Almgren había establecido un patrón muy estable:

  • Ritmo medio: aproximadamente 2:40.1/km
  • FC media: 176 lpm
  • Cadencia: 184.8 pasos/min
  • Tiempo de contacto: 129.8 ms

Durante el kilómetro 8, el más rápido de la carrera, alcanzó:

  • Ritmo: 2:34.6/km
  • FC media: 183 lpm
  • Cadencia: 193 pasos/min
  • Tiempo de contacto: 123 ms

Aumentó la velocidad casi un 3.5 %, pero la cadencia creció alrededor de un 4.5 %. La amplitud de paso estimada, por el contrario, no aumentó: pasó de aproximadamente 2.03 metros a 2.01. Esto nos ofrece una primera revelación: el ataque de Almgren se construye fundamentalmente aumentando la frecuencia.

Es una diferencia importante: la fatiga estaba presente, pero no había una pérdida evidente de capacidad para producir velocidad.

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La cadencia, la otra clave

Los datos de la carrera también ayudan a explicar cómo construyó el cambio. Almgren no necesitó transformar radicalmente su zancada para correr más rápido. La estrategia fue, sobre todo, aumentar la frecuencia de paso manteniendo una mecánica estable.

En los kilómetros previos al ataque ya se movía alrededor de 2:40/km, con una cadencia próxima a 185 pasos por minuto. Cuando llegó el momento de acelerar, la frecuencia aumentó de forma clara, mientras el tiempo de contacto con el suelo se redujo.

Es un patrón especialmente interesante en una carrera de 10.000 metros: la velocidad adicional no llegó de una gran exageración de la amplitud de la zancada, sino de la capacidad para mover las piernas más deprisa sin perder eficiencia.

Eso ayuda a entender por qué la imagen de Almgren resultaba tan llamativa. Mientras sus rivales comenzaban a mostrar señales visibles de fatiga, el sueco mantenía una postura y una mecánica aparentemente intactas.

La confianza que construyeron los datos

La exhibición de Birmingham tampoco apareció de la nada. Almgren llevaba meses utilizando los datos para construir la confianza necesaria para afrontar una carrera que había elegido como gran objetivo de la temporada.

“Tengo una carrera específica en mente, y son los 10.000 metros de Birmingham. Voy a intentar hacer todo lo posible para ganar el oro… y espero correr rápido por el camino”, había explicado antes del campeonato.

Su preparación estuvo basada en cargas estables, entrenamiento de umbral y un seguimiento continuo de ritmo, lactato y frecuencia cardiaca. El propio Almgren ha explicado que consulta esos parámetros de manera habitual y que los datos de frecuencia cardiaca de COROS son una parte importante de su análisis del entrenamiento.

En Birmingham, esa información acabó convirtiéndose en una estrategia de carrera.

Iba ganando confianza con cada vuelta, pero nunca crees que has ganado hasta que cruzas la línea.

Y cuando finalmente la cruzó, el marcador decía 27:23.44. El récord de los campeonatos era suyo. También el oro.

Almgren acabó exhausto, como corresponde a una carrera de ese nivel. Pero los datos cuentan algo más interesante: durante los 10.000 metros, incluso cuando estaba llevando su cuerpo al límite, nunca dejó de tener el control.

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