Luis Javier González: “El atletismo te aporta grandes enseñanzas para tu vida personal y profesional”

Hablamos con Luis Javier González, uno de los mejores especialistas españoles de la historia en los 800 metros.
Álex Calabuig
Luis Javier González: “El atletismo te aporta grandes enseñanzas para tu vida personal y profesional”
Luis Javier González, uno de los grandes mediofondistas españoles de la historia | soycorredor.es

Luis Javier González es uno de los mejores ochocentistas de la historia de nuestro país, fue campeón de Europa en pista cubierta y a día de hoy sigue transmitiendo su pasión por el atletismo a las personas que entrena en StudioFit, ya sean atletas o personas que simplemente pretenden mejorar su calidad de vida.

¿Cuál fue tu primer contacto con el atletismo?

Empecé en el Colegio Montserrat. El profesor de Educación Física nos llevaba al Parque de Roma a hacer un test de 1.000 metros aproximados. Hice 2:54 o 2:55 con 13 o 14 años, cuando para sacar un diez te pedían 3:15 o 3:20. En ese momento me di cuenta de que corría bien, porque hasta entonces lo que hacía era jugar en un equipo de fútbol. Un día, el profesor me dijo que si me apetecía participar en una prueba entre colegios. Me apunté al cross y quedé segundo. Más adelante repetí el puesto en otra prueba de campo a través.

¿Cuando empezaste a entrenar en el famoso polideportivo de Moratalaz?

Yo tenía 15 años. Fue en 1984. Mi madre habló con Rafael Pajarón, el entrenador, y me apuntó a atletismo en el polideportivo. Yo no estaba acostumbrado a entrenar y en Moratalaz pasaba a tener un grupo de entrenamiento. Hacía largas distancias con los mayores, rodajes de 15 a 20 kilómetros, cambios de ritmo y algo de gimnasio. Durante unos meses estuve corriendo crosses, en los que ya no quedaba segundo sino entre el puesto 30 y 40, y se me hacían muy duros. Resulta que a mi colegio iba Javi, un chico que practicaba atletismo y que era amigo de Pablo Sierra, un maratoniano que llegó a correr en 2:11. Hasta entonces yo solo había corrido en la pista de ceniza de Moratalaz, pero con Javi y Pablo empecé a bajar al INEF y comenzó a gustarme ese ambiente de la pista. Ya en 1985 me propusieron correr el campeonato de Madrid de 1.500 y lo gané, con 4:30 aproximadamente. Me emocioné mucho y me encantó la experiencia.

Durante unos meses estuve corriendo crosses, en los que ya no quedaba segundo sino entre el puesto 30 y 40, y se me hacían muy duros.

En aquella época compraba los volúmenes de los Cuadernos de Atletismo, editados por la RFEA, y leía los entrenamientos de mediofondo de Sebastian Coe o Steve Ovett. Adaptaba esos planes a mis necesidades y hacía rodajes, colinas, fartlek, velocidad, etc. Corrí un campeonato provincial de 1.000 metros en pista cubierta. En la semifinal gané con 2:36 o 2:37. Se acercó Eduardo Rico, entrenador de Pablo Sierra, me felicitó y me dijo que tenía cualidades. Llegamos a un acuerdo y comenzó a entrenarme en el INEF. Incorporamos las series de 150, 200, 300, trabajo de gimnasio y circuitos, etc.

En abril o mayo hice el primer 800 de mi vida, en un control en Vallehermoso. Gané la prueba al sprint, con 1:59 o 2:00. Y esa temporada ya la acabé con 1:57. Fui al campeonato de España juvenil, en Manresa, y no llegué a la final. Recuerdo que el vencedor fue Tomás de Teresa.

Luis Javier González: “El atletismo te aporta grandes enseñanzas para tu vida personal y profesional”

Luis Javier González en el Estadio de Vallehermoso | soycorredor.es

¿Cuándo empezaste a notar los efectos del entrenamiento específico para mediofondo?

En 1986 ya hice 1:53:04, después de un año entrenando con Eduardo. Dejé el cross para pasar a hacer pista y fui internacional, quedando segundo en el campeonato del mundo escolar, en Niza, tras Kevin McKay. Notaba que me iba bien y ganaba a gente que tenía 1:51.

Publicidad

Eres un gran aficionado al atletismo. ¿En esa época ya seguías las pruebas por televisión y conocías a los mejores atletas del mundo?

Me empezó a llamar la atención el atletismo a partir de los Juegos Olímpicos de Moscú. Tenía el típico libro de Cola Cao en casa, veía las imágenes, y puedo decir que jamás olvidaré la foto de Allan Wells. Todavía se me ponen los pelos de punta al recordarlo. Para mí ha sido un gran referente, aunque yo hiciera mediofondo. Veía a un tipo blanco tan fuerte, que se proclamaba campeón olímpico y yo quería ser como él. Para mí era un icono, junto a Alberto Juantorena y Sebastian Coe.

¿Llegaste a ver los Juegos de Moscú?

No. Realmente empecé a ser consciente del atletismo en el Mundial de Helsinki, en 1983. Veía los resúmenes por la tele, con Abascal, Cram… Y en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84 era aún más seguidor. Recuerdo que flipaba con Carl Lewis y otras estrellas. En 1985 no hubo campeonato, pero fue el año de los mítines (José Luis González hizo 3:30, por ejemplo). En 1986 fue el Europeo de Stuttgart y me llevé un disgusto muy grande viendo a González quedar cuarto en el 1.500, porque era mi ídolo en aquella ápoca.

¿Cuánto tiempo entrenaste con Eduardo?

Estuve a sus órdenes hasta el inicio de la temporada 87/88. Y cuando llegan los Juegos Olímpicos de Seúl ya había sido campeón de España júnior ganando a Isaac Viciosa y quinto en el campeonato de España absoluto. Viendo los Juegos por la tele no pensaba en que cuatro años después sería olímpico en Barcelona. No me imaginaba mi carrera tan a largo plazo.

Jamás he competido con la camiseta de otro club y eso es una suerte. Que los patrocinios importantes del atletismo en España llegaran a mi barrio es increíble…

¿Y por qué cambias de entrenador y te pones a las órdenes de Julio Bravo?

Muy sencillo. Él era profesor de un colegio y se marcha a Asturias. Me comunica que se va de Madrid y en esa época no era fácil entrenar a distancia, no teníamos ni correo electrónico. Casi perdías hasta el contacto. Ante esta circunstancia yo lo tenía claro. Quería entrenar con Julio Bravo, porque preparaba a Colomán Trabado, Andres Vera, etc. Eduardo me presentó a Julio cuando yo tenía 1:53, le dio mis anotaciones de entrenamiento y me puse a entrenar a sus órdenes en septiembre de 1987. Toda mi vida he estado en la Asociación Atlética Moratalaz y estoy orgulloso de ello. Primero con ese nombre, luego con el patrocinio de Larios y más tarde cuando se denominaba Airtel. Jamás he competido con la camiseta de otro club y eso es una suerte. Que los patrocinios importantes del atletismo en España llegaran a mi barrio es increíble…

¿Qué impresión te dio Julio cuando le fuiste conociendo?

Era un entrenador que preparaba a muchos atletas de élite. Le veía una persona muy seria y me infundía un poco de respeto, porque mi anterior entrenador era como un amigo y Julio era más distante, pero me encantaba hablar con él y sabía que iba a aprender mucho. Daba imagen de seguridad y de llevar sus decisiones hasta las últimas consecuencias, para bien y para mal. Me encantaba que había entrenado a gente muy buena y me inspiraba confianza. Y yo quería ser como Colomán Trabado y los mejores de España, porque me gustaba mucho el atletismo y me aportaba mucha paz.

Publicidad

En 1989 logras correr los 800 en 1:47.73. ¿Cómo fue el proceso para dar ese salto de calidad?

Había empezado a entrenar con los mejores, con medallistas internacionales como Colomán Trabado, Benjamín González, Anacleto Jiménez y otros atletas como Miguel Moreno, Manuel Lopez, Julio Pérez Cuesta... Teníamos muy buena relación, pero me iban frenando. A algunos no les gustaba que les pasara en las series y me saltara la jerarquía, así que a veces iba retenido. Yo les tenía mucho respeto. En el año 89, en pista cubierta, gané a Benjamín González, que había sido subcampeón en los Juegos Mundiales de 1985. Ese año se retiró Colomán Trabado, que era el gran referente del 800. Hubo una transición natural. Recuerdo que un año antes, en una concentración en Castellón, yo quería ir a una cabina a llamar por teléfono, porque no había móviles. La cabina estaba al otro lado de la carretera y fui con Julio, algo extraño porque no solía compartir momentos con los atletas fuera de la pista. En ese trayecto me dijo algo que me marcó: “Luisja, tienes que tomarte esto en serio porque vas a llegar arriba. En el futuro puedes ser campeón de España y hacer el récord nacional”. Yo tenía 1:49 en ese momento, en el año 88 fui campeón de España júnior al aire libre, subcampeón de España júnior en pista cubierta, quinto en el campeonato de España absoluto y semifinalista en el mundial júnior de Sudbury. Y las palabras de Julio me ilusionaron y me hicieron ponerme a trabajar duro.

¿Te costó la adaptación a correr con los sénior?

Claro, había un nivel muy alto y me enfrentaba a gente que tenía tres segundos mejor marca que yo. Además, mi entrenador no tenía prisa y yo no doblaba en los entrenamientos. Si yo por la mañana hacía diez series de 300 metros, por la tarde estaba muy cansado. Yo lo daba todo en cada sesión y no me quedaban fuerzas para más. Pero en el 89, ya con los absolutos, logré ser cuarto en el campeonato de España absoluto, tras De Teresa, Arconada y Pancorbo.

¿Contabas con el apoyo de tus padres en la apuesta por el atletismo? ¿Estaban alineados con las palabras motivadoras de Julio Bravo?

Siempre me apoyaron, pero no estaban encima de mí. Para ellos, estudiar era lo primero y consideraban que había otros valores por encima de ser campeón. No me exigían nada ni me metían presión, y eso me favoreció mucho. Nunca me hicieron un reproche.

Desconectar nada más terminar el entrenamiento no es bueno. Por ejemplo, cuando hacía tres series de 300 en 34 segundos, que era un entrenamiento excelente, luego trotaba, pensaba en ello y, al llegar a casa lo apuntaba.

¿Te favoreció también no tener distracciones, no estar pendiente de las redes sociales?

Sin duda. Para mí el mayor hobby era leer la revista Atletismo Español y subrayarla o leer los libros de Cuadernos de Atletismo. Pintaba atletas en la carpeta, etc. Todo esto me aportaba mucha concentración. Ahora nada más acabar de entrenar muchos atletas lo primero que hacen es coger el teléfono y se pierden la parte de escribir en el diario los entrenamientos. Escribir en papel te aporta una energía que no te la da un ordenador. Quizá suene anticuado, pero todavía me gusta dibujar un corredor, una pierna, un ejercicio… Tengo mis excel para algunas cosas, pero sigo fomentando la creatividad en papel. Ahora veo que algunos atletas pierden demasiado tiempo en las redes sociales y alguno de ellos quizá por este motivo se quede a mitad de camino. Creo que en lugar de hacer unas Instagram Stories, es mucho mejor disfrutar del entrenamiento, interiorizarlo, hacer una grabación mental. Desconectar nada más terminar el entrenamiento no es bueno. Por ejemplo, cuando hacía tres series de 300 en 34 segundos, que era un entrenamiento excelente, luego trotaba, pensaba en ello y, al llegar a casa lo apuntaba, comparaba mis tiempos con los de los grandes campeones, etc. El entrenamiento no se acaba en la última serie. Veo que muchos atletas africanos siguen entrenando con concentración, sin distracciones, y eso me gusta. También quiero aclarar que los atletas de hoy han nacido en una sociedad en la cual las redes sociales tienen una presencia muy importante y ellos no tienen la culpa de esto. Por eso, veo bien que en Instagram hagan algunos guiños a los patrocinadores, pero se trata de que lo realicen en el momento adecuado y que no abusen de ello, para intentar estar bien centrados.

Retomemos el hilo cronológico… ¿en qué carrera te das cuenta de que ya puedes tutear a los más grandes de nuestro país?

Fue en febrero de 1990, en pista cubierta, cuando hice 1:47.54. Ese año fui al Europeo de Glasgow y quedé eliminado, pagando la novatada, pero ya logré mi primera medalla absoluta en el campeonato de España de pista cubierta. Me llevé la plata en 400 metros tras Alonso Valero con 47.88. Y al aire libre, en Jerez, quedé campeón de España absoluto de 800 metros. Ya estaba en lo alto. Y además me divertía, porque en junio mi mánager Enrico Dionisi me mandó a varios mítines por Europa y me dediqué a viajar y a competir. A veces en España se entrena mucho y se compite poco. En una semana corrí en 1:47 en Bratislava, en 1:46 en Praga y otra vez en 1:46 en Verona. Viajaba en tren, en aviones pequeños, con los africanos, y eso te da mucha madurez. Yo lo recomiendo a todos los atletas, porque te fogueas con la gente que luego vas a ver en los campeonatos, interiorizas la competición como algo normal, pierdes el respeto a la distancia…

¿Cuál fue la primera carrera en la que te pagaron por correr?

Recuerdo que la primera beca la conseguí al lograr la medalla de bronce en el Iberoamericano de Manaos, en 1990, pero creo que en 1989 ya me pagaron en algún mitin. Recuerdo que en el mitin de Praga me pagaron con la moneda de Checoslovaquia y no podía sacar el dinero del país. Tenía que gastármelo allí. Me compré el equivalente a 30.000 pesetas en cristal de Bohemia, en jarras, jarrones, copas, una vajilla, etc. Mi amigo Yuma Ndiwa, de Kenia, me ayudó a transportar las cajas en el viaje de Praga a Verona. Íbamos con las cajas en un carrito, atadas con cuerdas, jajajajaja. Metimos las cajas en el tren, bajamos en Verona, y no nos venía nadie a buscar, así que fuimos al hotel andando cargando con las cajas. Unos días después, al llegar al aeropuerto de Barajas, fueron mis padres a buscarme y se encontraron con todas las cajas y además un maletín que había comprado, un reloj para mi abuela… fue muy divertido.

Me gustaban mucho las pruebas que se celebraban muy lejos de España.

¿Cómo resultó la experiencia en el Iberoamericano de Manaos 90?

La verdad es que creía que iba a ser una carrera tranquila. Ya era la última prueba del año. Ganó el brasileño José Luis Barbosa con 1.46, segundo quedó el argentino Luis Migueles y yo conseguí el bronce. Fue una buena experiencia y mi primer podio internacional, tras la que había logrado en el campeonato del mundo escolar. Además, me entregó la medalla José María Odriozola.

Y el año 91 te consolidas ganando los campeonatos de España al aire libre y en pista cubierta…

Sí, como decía Julio, le cogí el pulso a estos campeonatos y conseguí correr con mucha confianza. El Mundial indoor de Sevilla me salió mal porque había estado enfermo, con gripe, tomando antibióticos, pero tenía mucha ilusión competir en el Mundial al aire libre en Tokio. Me gustaban mucho las pruebas que se celebraban muy lejos de España. Logré la mínima in extremis, en Vigo, 1:46.10. Antes había corrido en La Coruña, quedando segundo tras Fermín Cacho en una carrera que siempre recordaré, ya que gané a Nourredine Morceli, José Luis Barbosa, José Luis González, Joaquim Cruz, Sammy Koskei, Tomás de Teresa, José Arconada…

Y llegan los Juegos Mediterráneos y, por fin, el Mundial de Tokio…

En los Mediterráneos de Atenas pude ganar, pero quedé segundo tras el argelino Réda Abdenouz y por delante del italiano Tonino Viali. Más tarde, llega el Mundial. Me presentaba en una forma excelente. Días antes hice un 600 en 1:16 y un 300 en 34 segundos. Estaba fino, volaba, notaba que los pies impulsaban como yo quería… pero no siempre se cumplen los pronósticos y además era muy complicado el pase a semifinales. Salió la carrera lenta, me quedé encerrado en la última recta y no pude clasificarme. Pero de ese error aprendí mucho, esa derrota me ayudó mucho a ganar al año siguiente el campeonato de Europa. Te pones las pilas, canalizas la rabia y aprendes de los fallos.

Publicidad

En 1992 llega tu gran éxito en el Europeo de pista cubierta de Génova y tu participación en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.

En otoño estuve un mes parado por una pequeña intervención quirúrgica y Julio me dijo que no iba a competir en pista cubierta, pero me puse a entrenar y me encontraba bien. Rafael Pajarón me llamó para participar en la prueba de 1.000 metros del mitin Cagigal. Lo consulté con mi entrenador y decidimos competir. Fermín Cacho batió el récord de España de Antonio Páez con 2:20.18 y yo también mejoré la plusmarca anterior. Hice 2:21.32, en esa pista, que era de 166 metros, y en la que era complicado adelantar. En ese momento no sabía que los que me estaban ganando iban a ser los campeones olímpicos de 800 (Wiliam Tanui) y de 1.500 (Cacho) unos meses después. José María Odriozola me dijo que al Europeo solo iba a ir Arconada y que estaba seleccionado, ya que me encontraba en forma. En principio Julio Bravo no quería que fuera, porque estábamos haciendo entrenamiento de volumen, no de calidad, pero finalmente fui al Europeo y logré la medalla de oro en la mejor carrera en pista cubierta de mi vida. Lo curioso de ese campeonato es que dormíamos en un barco, no teníamos hotel. Estaba en un camarote muy pequeño, con Anacleto Jiménez. Dormimos ahí tres o cuatro días, teníamos un baño de plástico… En un hotel hay espacio, puedes ir a recepción, lees el periódico, vas a la cafetería… pero en el barco los espacios eran muy pequeños. En las eliminatorias gané con 1:49 pero las sensaciones fueron muy malas. Era la primera vez en mi vida que pasaba a semifinales en un gran campeonato, aparte de los Iberoamericanos, y yo estaba muy feliz. Estaba calentando en la pista de Génova muy tranquilo. Saboreé el momento, los saltitos, los progresivos, sin presión alguna, y se dio la salida. Se pasó el 400 en 50 segundos, muy rápido, y al paso por el 600 me entra el turbo, esa marcha que solo tienes cuando estás en forma, apreté y entré tercero, por delante del alemán Mark Eplinius, batiendo el récord de España, que estaba en poder de Colomán Trabado. Hice 1:46.62. Me hizo mucha ilusión. Era como cerrar un ciclo. Y ya estaba en la final. Llegué al barco y le dije a Anacleto: “¿Te acuerdas cuando veíamos en las revistas a González y Abascal? Pues ahora estamos dentro de ellas. Nos hemos colado ahí”. Lo que había soñado y pintado se cumplía. Dormí poco, tenía poca presión, y empecé a pensar en lograr una medalla. Al día siguiente, en la final, salí muy deprisa y me notaba muy bien. Me tuve que frenar, porque la carrera era rápida. Sabía que al toque de campana tenía que estar tercero y ahí estaba. Me abrí en la contrarrecta, me coloqué segundo y cuando quedaban 100 metros me acordé de todos mis rivales, de toda la gente que me había ganado, y pensé que yo también podía lograrlo. En la última recta veo que el británico Martin Steele (un atleta de 1:43.84), se agarrota y le adelanto. Veo toda la pista para mí y consigo el oro con 1:46.80. ¡Campeón de Europa! Era un sueño cumplido. Fui paso a paso, no adelanté acontecimientos y lo logré.

Con el oro ya colgado en tu cuello, ¿cómo afrontas la preparación para los Juegos Olímpicos?

Creo que no se va a volver a repetir en España ese clima, ese ambiente previo a los Juegos, con tal bombardeo mediático, con tantos patrocinadores… Era impresionante. Pero en mayo tuve un percance en el pie, un esguince en el dedo gordo, y no pude entrenar al 100% ni ponerme los clavos todas las veces que quería. Corrí una prueba en Alcalá de Henares el 20 de junio y me salió bien, en 1:46.51, pero yo pensaba que a esas alturas, sin la lesión, ya debería estar en 1:45. Me inscribí al campeonato de España, con la intención de ganar, casi por obligación, e ir a los Juegos. Me impuse en Valencia con 1:49.40 y me gané la plaza. Después del campeonato entrené mejor y en los Juegos alcancé las semifinales. Cumplí mi sueño de ser olímpico, haciendo 1:46.65 en las series y 1:47.09 en las semis.

La mili te rompió un poco el ritmo, ¿no?

Pues sí, me mandaron al servicio militar a Burgos, en septiembre. Yo estaba esperando que el Consejo Superior de Deportes me mandara a Madrid. Tuve una mili de campamento, con la instrucción, los dolores del pie, etc. En diciembre o enero ya me traen a Madrid y Julio me dice que tras ese parón era mejor no hacer pista cubierta y así fue. Los cinco primeros meses del año no competí, al estilo británico. En la primera competición, en la Liga de Clubes, hice 1:47.18, que ha sido el récord de la Liga de Clubes hasta hace dos años. Para ser mayo estaba muy bien. Mi nuevo mánager, Miguel Ángel Mostaza, me felicitó y me mandó a correr a Belfast el 19 de junio, donde hice marca personal, 1:45.81. Más tarde, en el campeonato de España, en Gandía, gano con solvencia, y aún hago una carrera más en Salamanca, antes de ir al Mundial de Stuttgart…

Esa carrera es uno de los grandes momentos de tu carrera deportiva…

Me acuerdo que algunos medios de comunicación, antes de la carrera, ya daban como claro ganador a Fermín Cacho, que quería batir en esa prueba el récord de España de Tomás de Teresa (1:44.99). Yo pensaba que al haber batido a Cacho con anterioridad, le podía volver a ganar. Salió la carrera esperada y mi referencia era Fermín. Pasamos en 50 segundos el 400 y decidí tirar. Al ver el 1:16 al paso por el 600 me di cuenta de que podría hacer una gran marca y en la recta final pensé que el que ganara de los dos, se quedaría con el récord de España. Y así fue. Entré en 1:44.84 por delante de Fermín (1:45.72), jajaja, y acabé sin fuerzas, con una pájara tremenda. Mostaza me felicitó, pero yo estaba tan mal que ni me di cuenta. Una vez recuperado, fui asimilando y disfrutando lo conseguido. Fermín me dio un abrazo, somos muy amigos desde la categoría júnior y yo estaba emocionado. Bajó Julio Bravo y Miguélez nos hizo una foto que aún conservo y que es la única que tengo con mi entrenador, mi maestro. Nunca le he visto tan feliz.

Después del exitazo, vas al Mundial de Stuttgart. ¿Cómo te encontraste?

La verdad es que no me salió como yo esperaba. Una vez más se demostró que aunque llegues en forma, las matemáticas o los números no valen de mucho. Pero bueno, a pesar de quedarme en semifinales, di por concluida la temporada muy feliz por todo lo logrado.

En París quizá di demasiado la cara, mi cambio fue largo y al final el ruso me ganó. Yo acabé con 1:46.69.

En 1994 te presentas en París como favorito al oro en el Europeo de pista cubierta. ¿Soportaste bien la presión?

Efectivamente, partía como favorito. Además, el 3 de febrero había batido mi propio récord de España de pista cubierta en Sevilla, con 1:46.35. En las eliminatorias paso bien, en semifinales aún mejor, y en la final me sorprende Andrey Loginov. En París quizá di demasiado la cara, mi cambio fue largo y al final el ruso me ganó. Yo acabé con 1:46.69. De ese campeonato me quedo con las palabras de Mateo Cañellas, que me dijo que pensara en el mérito de ser campeón de Europa y dos años después subcampeón.

Aunque no lograste el oro, seguías conservando el turbo, ¿no?

Sí. El día del 1:46.35 pasé el 600 en 1:20 y el último 200 hice 26 segundos pelados. En el Europeo de París había pasado en 1:18 el 800 y yo no esperaba que Loginov aguantara. Tuvo uno de los grandes días de su vida.

En el año 94 te vuelves a lesionar y eso condiciona el resto de tu carrera deportiva, ¿no?

En verano hice 1:46.60 y también gané la Copa de Europa de selecciones en Valencia, pero me hice daño y no pude competir en el Europeo de Helsinki. Se me reprodujo la lesión del dedo gordo del pie, me operaron y estuve parado. Fue una pena, porque podía haber peleado por las medallas, pero la operación me obligó a descansar. Y al año siguiente, en el 95, veo que la lesión del pie me ha perjudicado, pierdo un poco la chispa y ya no vuelvo a rendir a mi máximo nivel. Aun así, voy a los Europeos de Estocolmo en 1996 y a los de Valencia en 1998, pero ya me presentaba en los campeonatos con 1:47 o 1:48 y no estaba para ganar. La lesión cortó el ritmo de mi trayectoria. Además, Julio Bravo se jubiló y Anacleto Jiménez, Mateo Cañellas y yo nos quedamos sin entrenador. A partir de ahí, al final de mi carrera, las lesiones y ver que no alcanzaba los tiempos a los que estaba acostumbrado me influyó mucho. Además, una lesión meses antes de los Juegos de Sídney, me hizo pensar y dedidí retirarme. Mi última carrera fue en 1999, una prueba de 800 metros en Alcalá de Henares que corrí en 1:48, aunque en ese momento yo no sabía que iba a ser mi última prueba.

¿Cuándo tomas realmente la decisión de retirarte?

En enero o febrero del 2000 me hice daño en la zona lumbar y decido que quiero hacer otras cosas en la vida, sobre todo ser entrenador y preparar a deportistas. En 2001 ya empecé a ejercer de entrenador personal, así que llevo ya 17 años trabajando en este sector.

Publicidad

Eres de las personas que conozco que más ama el atletismo.

Sí. Cuando competía me entusiasmaba, me aprendía el ránking mundial de arriba abajo y ahora disfruto muchísimo viéndolo. Siempre he estado y estaré vinculado al atletismo. Antes no era tan normal, pero ahora muchos atletas que se retiran son entrenadores, comentaristas, organizadores de carreras, responsables de centros deportivos, etc.

El atletismo me ha enseñado a pelear y a descubrir que hay momentos buenos y malos.

¿Qué nos puedes contar de tu experiencia en las carreras populares?

Cuando participo en carreras no me pongo objetivos de distancias ni marcas, pero muchas veces hago series porque me gusta la sensación de entrenar rápido. A veces corro la San Silvestre Vallecana y he llegado a acompañar a algún pupilo en maratones. La distancia que veo ideal es la de 10 kilómetros. Pero realmente ahora disfruto viendo la evolución de las personas que entreno y eso es lo que más me llena de satisfacción.

Con la perspectiva del tiempo, ¿qué es lo que consideras que te ha aportado el atletismo?

En primer lugar, todo lo que he conseguido en el atletismo lo hubiera firmado antes de empezar (campeón de Europa, récords de España, ser olímpico, etc). Y el atletismo me ha enseñado a pelear y a descubrir que hay momentos buenos y malos. También me ha ayudado a ser precavido y modesto, porque cuando va todo rodado no hay que volverse loco. Siempre hay que mantener los pies en el suelo e intentar tener un equilibrio que te ayude en la vida. Del atletismo he extraído enseñanzas que he aplicado en mi vida personal y profesional.

En Studiofitretiro.com, tu centro de entrenamiento en Madrid ¿qué tipo de personas están en tus manos?

Tengo corredores, con los que trabajo la fuerza en StudioFit y luego corremos y hacemos técnica de carrera en el Parque del Retiro, y también personas que buscan mejorar su salud, con las que también trabajo la fuerza -que es esencial para todos- la propiocepción, la flexibilidad, con el bienestar como meta. Hay personas con las que entreno para prevenir la sarcopenia y ganar masa muscular. Me encanta ayudar a las personas a que tengan una madurez con más calidad de vida, sin demasiada pérdida de masa muscular, con agilidad. Es fabuloso ver a una persona mayor que pueda subir escaleras o una cuesta sin agotarse. Todos deberíamos concienciarnos de que a partir de los cuarenta y tantos años se pierde masa muscular y para eso es fundamental trabajar la fuerza adecuadamente para vivir mejor. No perder significa ganar. Aunque no volvamos a tener veinte años, podemos mantenernos muy bien si nos lo proponemos, así que animo a todas las personas a/ cuidarse de la mano de un profesional para poder disfrutar de una vida mucho mejor.

Te vimos correr en la inauguración del Estadio Vallehermoso. ¿Qué sentiste al participar en ese 1.000 en una pista legendaria y rodeado de estrellas?

Para mí fue un orgullo y un honor participar en ese 1.000 inaugural en el nuevo estadio, ya que por un lado fue el primer lugar donde corrí y a la vez gané una prueba de pista, fue un 1.500 en el año 1985, en el campeonato de Madrid juvenil. Allí comencé mi andadura como atleta de pista y mediofondista. Por otro lado compartir ese momento con los atletas con los que corrí te hace sentir bien, ya que todos han sido unos referentes en el atletismo español, europeo y mundial.

¿Cómo valoras el estado actual del 800 en España, ahora que empieza el Mundial de Doha?

Pienso que la prueba de 800 en España está viviendo un momento dulce, bueno, la verdad es que lleva varios años así, y esto se aprecia cuando ves que aunque vayan saliendo atletas de la selección, Antonio Reina se retire, Saúl Ordóñez se lesione o Kevin López suba de distancia, siempre hay alguno nuevo que le reemplaza. Es una prueba con muy buena salud. De cara a Doha veo a los tres seleccionados, Álvaro de Arriba, Mariano García y Adrián Ben muy centrados en el campeonato, han entrenado muy bien y han llegado a estas fechas en un excelente estado de forma, cosa que no es fácil en una temporada tan larga y atípica. Creo que si en Doha corren de forma inteligente pueden estar mínimo en semifinales los tres. La final estará cara, pero ya hemos visto en muchos campeonatos que hay sorpresas, y por qué no, esperemos que uno de los tres representantes pueda estar en ella.

Publicidad
Historias
LOS MEJORES VÍDEOS
Te recomendamos

Si te duele la parte posterior de la rodilla puede que tu problema se llame "tirón de...

La Ultraboost mejora todas sus partes resultando perfecta para hacer kilómetros...

¿Y si la clave para correr mejor estuviera en el ahorro?...

La FuelCell 5280 es la zapatilla a la que New Balance le ha aplicado una placa de fib...

Las Super Cross y las Storm Viper tendrán edición especial para los 20 kilómetros de ...

Perfecta adaptación, firme y rápida para hacer los kilómetros que quieras es el resul...