El pasado fin de semana, Beatriz Álvarez volvió a confirmar que es una competidora nata. En el Campeonato de España de pista cubierta logró la medalla de plata en los 3000 metros, solo superada por la gran referencia nacional de la distancia, Marta García. Un resultado más que añadir a un palmarés en el que figuran, entre otros logros, el título nacional de 5.000 metros en 2021 y múltiples medallas tanto al aire libre como bajo techo. Internacional en categorías inferiores y presente en el Europeo de Múnich 2022 en 10.000 metros, Álvarez es, además, una rara avis en el panorama actual: sigue entrenando sin zapatillas con placa de carbono ni espumas de última generación.
Lejos de dejarse arrastrar por la revolución tecnológica que ha transformado el atletismo en los últimos años, la atleta asturiana mantiene una relación muy particular con el material. “Uso plantillas desde los 15 años porque tengo mucho arco en el pie y son muy gruesas”, explica. Esa circunstancia condiciona su elección: “No me entra el pie bien en las zapatillas modernas y es como si tuviera una doble amortiguación”. El resultado es que, mientras muchas rivales acumulan kilómetros sobre espumas reactivas y placas rígidas, ella entrena con modelos más clásicos, principalmente de la marca Adidas, como las Takumi Sen 6, las Adizero Adios 4 o las Adizero Boston antiguas, antes de que llegara la espuma Lightstrike Pro.
Desde hace tiempo podríamos decir que entreno ‘peor’ de lo que compito.
En ruta y en pista (con clavos) compite sin plantillas y con zapatillas modernas, pero el día a día es otra historia. “Entrenando voy siempre con zapatillas antiguas”, resume. Y lo asume sin complejos: “Tengo claro que entrenando voy a ir más despacio que compitiendo”. Su realidad dista de la de una profesional a tiempo completo. Psicóloga Deportiva y Sanitaria, trabaja en la consultora de atención del programa PROAD (Programa de Atención al Deportista de Alto Nivel) en el CSD, lo que le obliga a optimizar cada sesión. “Entreno y lo compagino con mi trabajo, así que cuando me pongo a entrenar escucho a mi cuerpo y si ese día me pide hacer los 400 a 1:16, los hago a 1:16”.
La frase, lejos de sonar a resignación, es casi una declaración de principios. Álvarez sabe que su fuerte está en llegar fresca a los campeonatos, ese territorio donde históricamente se crece. “Como compatibilizo el atletismo con mi trabajo, intento organizarme para cuando llega el campeonato importante poder priorizar los días previos el atletismo. Llegar totalmente descansada. Suele salirme bien si lo hago así”. No es casualidad que siempre rinda en los Nacionales y que pueda presumir de haber ganado al menos una vez a muchas de las mejores atletas españolas del momento.
LAS SENSACIONES EN COMPETICIÓN CON LAS NUEVAS ZAPATILLAS
Y, sin embargo, cuando se coloca los clavos o unas zapatillas de última generación para competir, también percibe la diferencia. “Cuando compito y me pongo unos clavos modernos o unas zapatillas de ruta nuevas noto mucho cambio y digo: ‘hostia… ¡esto es otra cosa!’”. Esa chispa extra, guardada para el día clave, parece formar parte de una estrategia tan consciente como intuitiva de la atleta entrenada en Madrid por Juan del Campo y Luismi Martín Berlanas.
En plena era del carbono, Beatriz Álvarez demuestra que la tecnología ayuda, pero no sustituye al motor interno. Su plata en el 3000 confirma que, más allá de las espumas y las placas, siguen mandando la cabeza, la experiencia y la capacidad de competir. Y en eso, pocas corredoras en España se manejan mejor que ella.
