Corredoras Anónimas: Ana Bordallo

"Soy una clara defensora de disfrutar de cada entrenamiento y no solo de la llegada a la meta. Esta es mi forma de entender la vida", afirma Ana.
Ana Bordallo Barbero -
Corredoras Anónimas: Ana Bordallo
Corredoras Anónimas: Ana Bordallo

Hace un par de años escribí la historia de cómo empecé a correr. Pensaba que ese texto me serviría de base cuando me propusieron contar de nuevo mis comienzos, total, el origen siempre es el mismo, pero lo cierto es que lo he encontrado algo obsoleto. Eso me ha hecho reflexionar, una vez más, acerca de lo que nos aporta correr, tanto a corto como a largo plazo, y en todos los aspectos de la vida. Hay quien habla de este deporte como competitivo e individualista. Nada más lejos de la realidad, pues tan solo nos enfrenta a nuestros propios miedos y nos hace compartir con los demás objetivos, ganas y valores.

Sin saber que a partir de ese día viviría pegada a unas zapatillas, salí a correr por primera vez en invierno de 2009. Digo lo de invierno porque tengo la imagen grabada: dos sudaderas anchas, chándal (que no leggings) largo y un único pensamiento: “me estoy ganando el turrón”. Recuerdo entre risas que tenía la intención de hacerme una vuelta a El Retiro y solo fui capaz de llegar desde casa hasta la puerta del parque (950 metros).

Mi primera meta fue la de buscar un hábito que me ayudara a calmar mis nervios.

Necesitaba dedicarme un tiempo de calidad a mí misma para liberar cuerpo y mente y a estar en forma sin temor a pensar una y otra vez en ese lastre tan propio del siglo XXI de “no me muevo nada”.

El “vicio” llegó solo. En los primeros meses ya pude saborear los beneficios de la vitalidad y la tranquilidad que proporciona entrenar, pero, sobre todo, del entusiasmo por haber localizado una rutina que me apasionara. Yo, que suspendí gimnasia todos los cursos del colegio porque no era capaz de entrar en la comba, botar un balón o saltar el potro, me había enganchado a hacer deporte. No daba crédito. Sentía atracción por la disciplina y el autocontrol que generaban correr en mi vida, disfrutaba al otorgarle un lugar privilegiado en la organización de mi día a día y me alegraba pensar que había hecho de esto algo “mío”. Y así lo sigo percibiendo mientras escribo esta historia.

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Me atrevo a decir que todos los que esperamos al pistoletazo de salida de cualquier carrera muertos de frío, con la piel de gallina y tensión en la garganta compartimos precisamente eso: la satisfacción personal de haber integrado el atletismo en nuestras vidas. Cada uno sabe bien por qué, pero todos hemos hecho de ello nuestro sello de identidad y valoramos sus enseñanzas y cómo nos convierte en mejores personas.

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En mi caso, los entrenamientos para carreras llegaron cuando experimenté los efectos positivos del esfuerzo personal. 10k y 21k en mi ciudad o, en donde pillara, hasta aquella media de Madrid de 2017 cuando en el cajón de salida observé con admiración a todos los maratonianos y a aquellos que en unas pocas horas gozarían del privilegio de serlo. En ese momento deseé echarle ganas y lucir ese dorsal un año más tarde.

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Tuve la “mala suerte” de que una semana después de fijarme ese objetivo personal me detectaran cuatro intolerancias de golpe (fructosa y sorbitol, gluten y lactosa) y otros problemas de estómago. Aunque las cartas de los restaurantes ya lleven todas dibujos de hojas de trigo, socialmente sigue teniendo sus consecuencias. Las cenas en grupo, las comidas de empresa, los vinos... muchas veces solo se pueden sustituir por un vaso de agua y una servilleta. La mentalidad de un maratoniano ayuda no solo a sacar fuerzas para repoblar el estómago de “bacterias buenas”, sino para seguir entrenando y para no venirse abajo nunca.

Corredoras Anónimas: Ana Bordallo

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Con ese espíritu corrí mi primera maratón en abril de 2018 y dos meses después acabé mi primer ultrafondo de 100 km en 24 horas. Viajé a Marruecos para terminar la Desert Run, entré en Santiago corriendo la última etapa del Camino… Me he recorrido parte de nuestro país en busca de pruebas: Valencia, Santa Pola, Barcelona, Salamanca, Alicante, Vig-Bay, Behobia… y he sumado kilómetros fuera de nuestras fronteras en carreras o por puro hobby: Lisboa, Viena, Cerdeña, Berlín… ¡hasta he quemado suela en Sri Lanka para preparar un 10 k!

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¿Cómo no se puede entregar uno en cuerpo y alma a algo que le aporta tantos buenos momentos?

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Soy esa friki que abre el gimnasio todos los días a las 6:30 de la mañana (entrenar la fuerza siempre acompaña), que para preparar las maratones mi alarma ha llegado a sonar a las 4:50 (si tocaba encajar una tirada larga entre semana con 8 horas de trabajo y vida familiar y social) y que no concibe vacaciones sin deporte. Los entrenamientos de series me ayudan a empezar el día con velocidad, ya sea para desfogar, coger energía o celebrar cualquier acontecimiento de la semana. Los trotes más extensos me despejan, me vuelven más fuerte y me provocan esa sonrisa tan “runner” de viento en la cara mientras se conquistan las calles. Cada preparación de un 42 k ha traído consigo un proceso de cambio a nivel personal. Me ha ayudado a afrontarme a retos como un nuevo trabajo o la liberación de la ansiedad. Por eso soy una clara defensora de disfrutar de cada entrenamiento y no solo de la llegada a la meta. Esta es mi forma de entender la vida.

Hasta aquí por hoy. Me ha encantado poder compartir mi visión del atletismo popular con todos vosotros. Siempre que participo en cualquier carrera me imagino las miles de causas personales que nos hacen estar ahí. En ese momento soy más valiente y más humana y eso me encanta. Así que gracias, porque sin este deporte tan “solitario” nunca podría haberme beneficiado de vuestro compromiso.

Hoy me despido con una lesión que me ha apartado de correr unas largas semanas. Sin duda volveré a dar guerra en el asfalto. Mientras tanto mis entrenamientos se centran en fortalecer la musculatura, nadar y practicar el yoga. Querer es poder.

Muchas gracias por Ana por compartir con nosotros tu historia donde la coherencia e ilusión imperan por encima de todo.

Te mandamos toda nuestra energía positiva y buenos deseos para una pronta recuperación y que en nada estés de nuevo dándole a la zapatilla.

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