El premio a la constancia y perseverancia

"En las largas distancias, corriendo en la naturaleza, siento la inmensidad de lo que me rodea y me hace reflexionar sobre muchos aspectos de la vida", nos cuenta Ángeles Barrios, tercera clasificada en la Gobi March 2019.
Ángeles Barrios -
El premio a la constancia y perseverancia
El premio a la constancia y perseverancia

La Gobi March 2019 no es una carrera del calendario más... es una de esas pruebas que ponen la piel de gallina solo pensar en su dureza. Forma parte de una de las cuatro carreras de ultradistancia organizada por Racing the Planet en el desierto de Gobi (Mongolia), junto a las de Sáhara (Namibia), Atacama (Chile), Antártida y una quinta que cada año se celebra en un lugar diferente.

El premio a la constancia y perseverancia

El premio a la constancia y perseverancia

La corredora Ángeles Barrios nos cuenta su experiencia en la Gobi March 2019: 250 K en 6 etapas en autosuficiencia

Después de meses entrenando, los nervios de última hora, preparar la maleta de mano en la que todo el material obligatorio de la carrera (excepto la navaja) para evitar malas jugadas en caso de pérdida de equipaje... de repente me veo en el último vuelo rumbo a Ulán Bator. Puedo identificar a la gente que va a participar como yo, es fácil: la ropa, las zapatillas, hasta podía sentir la emoción, igual a la mía.

El día antes de comenzar la carrera, en el hotel, intenté disfrutar al máximo de todas las comodidades que sabía que no iba a tener durante una semana: la ducha, la cama, las sábanas pero también me quedaba la última preparación para la revisión de material, recogida de dorsal y meter en la mochila todas mis posesiones a partir del día siguiente. No sé cuantas veces saqué y metí todo pero al final ya me sentí cómoda con la disposición que hice. Me ceñí al material obligatorio y poco más, tuve tentaciones de meter más ropa pero al final salí con dos pantalones, dos camisetas y tres calcetines.

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Pusimos rumbo en varios autobuses a nuestro primer campamento, unas ruinas de un palacio en medio de la nada. Durante todo el viaje me seguirá sorprendiendo la inmensidad de Mongolia.

Mis compañeros de tienda durante la semana fueron una sudafricana muy curtida en este tipo de pruebas (líder durante toda la carrera que acabó ganando), un canadiense, un inglés y un suizo. Una de las cosas que más me gusta de estas pruebas es conocer gente, en este caso había representantes de más de 30 países, todos muy diferentes con una cosa en común, pasión por correr muchos kilómetros. Gente de todo tipo y condición, muy interesante.

  • Etapa 1 - 36 km: Salimos con fresco pero en carrera y con una mochila que pesaba más de 9 km pronto se entra en calor. Para mí ese día fue la primera toma de contacto no solo con lo que tenía por delante sino conmigo misma. El llegar a la meta, la comida liofilizada, el cambio de ropa para no enfriarme, empieza la práctica de toda la teoría. Me siento bien.

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  • Etapa 2 - 46 km: Comienza la carrera después de una noche con lluvia intensa continua y frío, sin dormir demasiado bien, algo que se repitió todas las noches. El paisaje impresionante, subidas y bajadas que se hicieron duras. Antes de llegar al punto de control 2 empezó una lluvia muy fuerte pero llevaba el chubasquero a mano y sin parar me lo pude poner y seguir avanzando. Más adelante tuve la suerte de ver gacelas que pasaron por delante de mí, una maravilla. Al llegar al campamento llovía y hacía frío, así que en la fogata que había intenté secar las zapatillas y ropa húmeda. Esa noche dormimos en una yurta, la vivienda típica de los nómadas y oímos a los lobos aullar. Siento tanto frío que me meto las botellas de beber con agua caliente dentro del saco.
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  • Etapa 3 - 39 km: Empieza una subida muy dura y muy técnica, para subir había que usar hasta las manos, así que llevar guantes fue muy útil, aunque luego el resto del recorrido fue con muchísimo calor, a veces demasiado. Después de una bajada con un paisaje precioso de repente llegamos a un monasterio que nunca hubiéramos imaginado encontrar. Buen aperitivo para adentrarnos en casi 10 km de dunas muy duras, dunas con arbustos, flores, muy curioso paisaje, durante casi toda esa parte del recorrido estuve sola, sentía que no terminaba nunca, tuve que parar dos veces a sacar la arena acumulada en las zapatillas, no quería parar y eso hizo que** empezara a notar las uñas**. Llegué al campamento y me dijeron que iba muy bien que había sido la tercera mujer de la etapa. Directamente fui a la tienda de los médicos y me pincharon una ampolla al lado de un dedo, uña ya condenada a morir y pinchazo en las uñas de los dedos gordos, alivio inmediato.

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  • Etapa 4 -77 km: Me sentía muy bien al llegar a esta etapa, clave por lo larga y además con calor de alrededor de 35º, con subidas y bajadas hasta llegar al Valle de Orkhon. En esta etapa no sé cuántos litros de agua con electrolitos y sales pude beber, es una etapa en la que hay que comer para que el cuerpo aguante, comí frutos secos, alguna barrita y gominolas energéticas, fundamental para poder terminar. En una etapa así vas intermitentemente solo, acompañado durante muchos kilómetros y de repente dejas gente atrás pero hay que seguir. No me apetecía que se me echara la noche encima y lo conseguí. En el camino nos cruzamos con manadas de caballos, con vacas, ovejas, yaks, cientos de insectos de todo tamaño. La mejor sorpresa al llegar al campamento saber que había un río al lado.
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  • Día de descanso: La etapa larga es de dos días así que llegar pronto al campamento fue un verdadero lujo, significaba un día de descanso. Hacía mucho calor y aunque el agua del río estaba helada las ganas de refrescarme, lavar el pantalón y camiseta que había usado y usaría todas las etapas era mayor, fue un subidón de ánimo y energía. El cansancio ya se notaba y tener los pies al aire, no llevar la mochila, poder tumbarte en el suelo y vaguear fue una maravilla. Es el día que más disfruté mi comida especial, el jamón y el queso en raciones tan mínimas que llevaba pero que me daban la vida, una sopa que aunque fuera de pastilla concentrada levantaba el ánimo. Poder hablar con el resto de la gente y sobre todo disfrutar del descanso bien ganado, también ir a la meta a recibir a los que llegaban detrás, algunos muchas horas más tarde pero con determinación.

  • Etapa 5 - 42 km: Nada más salir del campamento había que cruzar el río, significaba llevar los pies mojados algo que no me gusta nada pero la verdad es que ya me daba prácticamente igual,** mis uñas ya estaban tocadas pero al poder drenarlas no sentía ya presión**. Esta etapa muy calurosa y dura a través de una zona con yurtas muy dispersas y zonas llenas de animales, como todo Mongolia, de repente llegas a un bosque, un paisaje totalmente distinto al visto a lo largo de toda la carrera, con árboles, flores, plantas por todas partes y una subida a una montaña con calor que hizo que fuese muy duro. Al salir del bosque nuevamente el paisaje que nos acompañó todo el recorrido fueron grandísimas extensiones de terreno llenas de animales. La llegada al campamento fue cruzando un río con una gran corriente y que te obligaba a hacerlo agarrado a una cuerda preparada para la ocasión, el agua era hasta más de la cintura para muchos. Al llegar solté la mochila y me fui casi directa a bañar.

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  • Etapa 6 - 10 km: Salgo con el tobillo derecho tocado y pensando que quizá tenía que caminar pero la verdad es que salir y pensar que era una distancia tan corta me hizo correr sin parar y disfrutar todo lo que pude, mezcla de ganas por llegar a la meta y tristeza porque acabara la carrera. La llegada fue dentro del gran templo en la ciudad de Karakorum, no puedo describir la alegría tan inmensa de llegar a la meta, la satisfacción tan enorme. Durante los días anteriores sumaba los kilómetros un poco incrédula y eso que sabía a lo que iba, sentía una felicidad absoluta. En la meta y sobre las 8 de las mañana me tomé una cerveza y un trozo de pizza, supongo que nada sano pero a mí me supo a gloria.

Esa misma noche teníamos celebración en el hotel en el que la cena consistía en un buffet, así que después de una semana comiendo muchas calorías pero en comida liofilizada y racionada ver tantos platos delante fue la salida de otra carrera la de llegar antes a la fila para poder comer, yo repetí dos veces y en abundancia.

Tuvimos entrega de premios, oír mi nombre como tercera mujer y puesto diecisiete en la general me hizo sentir muy feliz porque para mí era algo realmente inesperado pero fruto de un gran esfuerzo y dedicación.

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La organización Racing the Planet magnífica, diseñando un recorrido increíble por las estepas mongolas tierra de un pueblo nómada, con dunas, valles y montañas con gente amable y sonriente. Ha sido una experiencia que me deja con ganas de más, de nuevos retos.

Me gustaría hacer mención especial a los voluntarios, parte indispensable para hacer cada llegada a los campamentos, puntos de control y demás una fiesta de bienvenida a cada corredor. Estoy feliz de haber conseguido mi objetivo que no era otro que el de terminar y ver que el cuerpo aguanta.

El premio a la constancia y perseverancia

El premio a la constancia y perseverancia

La preparación para este tipo de carreras es fundamental, no solo a nivel físico, el cuerpo tiene que poder hacerlo pero también la preparación del material que es lo único de lo que vas a disponer durante la misma. La comida, los utensilios para comer, la ropa, los útiles de aseo, es un todo. El peso de cada cosa que uno va a llevar hace la diferencia, es verdad que a medida que pasan los días el peso disminuye y se nota, pero claro también se notan los kilómetros acumulados.

En las largas distancias y corriendo en la naturaleza siempre siento la inmensidad de lo que me rodea, me hace reflexionar sobre muchos aspectos de la vida y sobre todo me hace sentir muy feliz.

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