Molly Seidel: de camarera en Boston a Tokio 2020

Y no, no es una deportista profesional, con razón Molly Seidel no se lo acaba de creer… ¡se ha clasificado para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 en el primer maratón de su vida!

Equipo C

Molly Seidel: de camarera en Boston a Tokio 2020 | Kevin C. Cox/Getty Images
Molly Seidel: de camarera en Boston a Tokio 2020 | Kevin C. Cox/Getty Images

No estamos ante una historia habitual… ni estamos hablando de una corredora profesional que aún no siendo favorita despuntó en los pasados trials de Atlanta en la prueba de maratón. Molly Seidel, nacida en Brookfield (Wisconsin), vive en un apartamento en Boston, que comparte con su hermana, y entrena en los ratos libres que le permite su trabajo como camarera en una cafetería. Es más, para redondear sus ingresos también trabaja como cuidadora de niños.

Un segundo puesto y una marca de 2:27:31 le dieron la plaza para Tokio 2020 donde compartirá equipo junto a Aliphine Tuliamuk y Sally Kipyego, ambas de origen keniano.

Seidel destacó como fondista en su época universitaria con títulos en pista y cross.

Nadie contaba con ella… ni ella misma lo ha asimilado aún… ¡en unos meses estará en los Juegos Olímpicos de Tokio representando a Estados Unidos en maratón! Consiguió su plaza para los Trials al ganar la media maratón de San Antonio el pasado diciembre. “¿Qué está pasando?", exclamaba incrédula todavía horas después, esforzándose en asimilar lo que había logrado.

Cierto es que consiguió buenas marcas en su etapa de estudiante en la universidad de Notre Dame, en Indiana, llegando a proclamarse campeona interuniversitaria en pruebas más cortas (cross, 3000, 5000 y 10.000 metros). Entre sus logros está ser la primera mujer capaz de proclamarse campeona nacional de cross country tanto en el colegio (2011) como en su etapa universitaria (2015).

Numerosos patrocinadores se interesaron por quien parecía la próxima gran estrella del atletismo norteamericano. Pero su progresión se vio frenada por las lesiones que sumado a la dificultad para gestionar las altas expectativas que había sobre ella, le causó una depresión e hizo que se le agravara un antiguo trastorno alimenticio que, aunque ya ha superado, todavía hoy le genera problemas: su densidad ósea es menor de lo normal y es más propensa a sufrir fracturas por estrés (de hecho, en 2018 una rotura en la cadera la mantuvo medio año parada).

Cuando intentó volver a competir, las marcas que le habían hecho ofertas ya no estaban ahí. De manera que optó por centrarse en la recuperación psicológica con trabajos alejados del deporte, como el de la cafetería. En ese negocio pocos compañeros y clientes sabían que entre ellos hay una atleta de élite. “Quizás las cosas cambien un poco cuando vuelva a Boston", bromea Molly en el New York Times.

Lo de la cafetería me parece bien. Pero lo de cuidar niños no tanto, porque requiere muchos desplazamientos en coche.

Y es que Molly nunca llegó a abandonar por completo el atletismo. Siguió entrenándose en un pequeño grupo de entrenamiento, el Freedom Track Club, y después a las órdenes de Jon Green, su actual técnico, a quien no convence que compatibilice sus competiciones con los otros empleos. “Lo de la cafetería me parece bien. Pero lo de cuidar niños no tanto, porque requiere muchos desplazamientos en coche, estar demasiado tiempo sentada en el tráfico en hora punta", dice Green.

Ambos habían decidido que, en lugar de continuar con pruebas cortas de hasta 10.000 metros, intentarían pasarse a distancias más largas, debido a que el tipo de entrenamiento y alimentación necesarios para ellas se adapta mejor al tratamiento para su bulimia.

Hace apenas medio año ella misma veía imposible no ya lo que acaba de lograr, sino siquiera la posibilidad de intentarlo, y ya tiene el billete para Tokio 2020 en su poder.