Lo he comentado más de una vez y más de dos me atrevería a decir. Corro con gafas todo el año. En invierno, en verano, en entrenamientos cortos, en tiradas largas y en competición. Después de muchos años corriendo he descubierto que no se trata únicamente de proteger los ojos del sol, también tiene que ver con comodidad, concentración y calidad visual cuando acumulas horas en movimiento. Por eso soy especialmente exigente con este tipo de material. Y precisamente por eso las adidas Kentro me han convencido desde los primeros kilómetros.
Los productos deportivos pueden parecer cómodos durante una hora. Lo difícil es que sigan siéndolo después de más de tres horas corriendo. En mi caso, las Kentro me acompañaron durante buena parte de la preparación del Maratón de Boston y fueron también las gafas que elegí para el día de la prueba el pasado mes de abril, y eso dice bastante, porque cuando llega el día importante no experimentas, utilizas aquello en lo que confías.
Uno de los aspectos que destacaría es la amplitud visual que ofrecen. La montura completa aporta sensación de protección y estabilidad, pero sin limitar la visión lateral. adidas ha trabajado especialmente este aspecto para aumentar la percepción del entorno durante el entrenamiento, algo que se agradece especialmente cuando corres por ciudad, compartes espacio con bicicletas o acumulas kilómetros en recorridos muy transitados.
Las Kentro están claramente diseñadas para el entrenamiento diario. No buscan ser las gafas más extremas del mercado ni las más orientadas a la competición profesional. Su objetivo es acompañarte durante muchos kilómetros.
Las varillas ajustables, las almohadillas nasales adaptables y los detalles de goma antideslizante consiguen que el ajuste sea muy seguro sin generar presión excesiva. Y eso se traduce en una sensación muy concreta: puedes concentrarte en correr sin estar pendiente constantemente del material que llevas encima.
Hay pocas cosas más molestas que unas gafas que se empañan en mitad de un entrenamiento, especialmente en días húmedos, cuando llueve o durante los primeros minutos de una salida muy temprana. Y este modelo incorpora un sistema de ventilación diseñado específicamente para favorecer el flujo de aire y minimizar este problema. Es uno de esos detalles que apenas se aprecia cuando funciona bien, pero que se vuelve protagonista cuando falla.
Las hay disponibles con lentes fotocromáticas capaces de adaptarse automáticamente a los cambios de luz que para quienes entrenan durante muchas horas o salimos a correr cuando la luz cambia constantemente, es una solución especialmente práctica. No tienes que pensar qué lente utilizar ni estar pendiente de si el día se nubla o sale el sol, las gafas se adaptan por ti.
Después de entrenar con ellas y de llevarlas hasta la línea de meta del Maratón de Boston, solo puede recomendarlas. No intentan llamar la atención, simplemente hacen bien su trabajo y, en parte, me siento 100% identificada.
