Historias

La isla no era tan pequeña

La Mitja Marató de Formentera, con solo 2000 dorsales disponibles, se ha convertido en una de las carreras más codiciadas de España. Corredor estuvo allí y comprobó que detrás del aspecto idílico del lugar se esconde una prueba muy dura.

Fernando Miñana

7 minutos

A la Mitja Marató de Formentera 2026 se apuntaron más de 7000 personas y 4000 se quedaron sin dorsal.

Ya en la meta, al final de la tarde, si estirabas un poco el cuello y mirabas al frente, veías el sol ponerse en el horizonte como un huevo en la sartén. El gentío llenaba la Marina, en el puerto de La Savina, donde los corredores se mezclaban en un ambiente festivo con los acompañantes y los espontáneos, como un grupo de hombres, que no chavales, que iban vestidos como un equipo femenino de natación sincronizada y que provocaban la risa de todo el mundo montando el cuadro encima de un banco. Atrás quedaban los 21 kilómetros y no sé si 97 metros. Una carrera inolvidable que va de una punta a otra de una isla también inolvidable. Es la Mitja Marató de Formentera, cada año con más pretendientes. En 2026 (sábado 16 de mayo) se apuntaron más de 7000 personas y 4000 se quedaron sin dorsal. Dos mil corrieron la media y mil, el 8K. La isla no da para más.

La Mitja Marató de Formentera nos permite correr en parajes bonitos como este.

Hay gente que prefiere que le toque el dorsal de la Mitja que la pedrea del Gordo de Navidad. Aunque el viernes, la víspera de la carrera, muchos miraban al cielo con cara de arrepentimiento. Ese día llovió a cántaros e hizo frío. Y, claro, el problema es que mucha gente viaja a Formentera sin ropa de abrigo, como si allí siempre fuese verano. Vayas cuando vayas. Y Formentera no es el Caribe. Es mejor, pero con estaciones. A última hora, cuando pasó la tormenta y se despejó el cielo, los corredores salieron a pasear, encogidos de frío, para admirar la puesta de sol, con unos colores mágicos que la isla les regalaba como compensación.

Al día siguiente salió el sol y todo el mundo sonrió. Un regalo envenenado. Horas más tarde mirarían hacia el cielo pidiendo clemencia. Porque nadie te lo va a decir, pero la Mitja Marató de Formentera es una carrera dura. Que no te engañen los influencers con sus fotos trucadas y sus sonrisas fantásticas. La carrera es un rompepiernas y el sol es criminal. Los atletas estudian el perfil y ven una gran bajada al principio y luego una larga recta hasta la meta. Pan comido. Pero no, el trazado esconde una subida hasta pasado Pilar de la Mola, antes del descenso, y varios toboganes demoledores después de la bajada. La carrera, además, discurre por la carretera que cruza la isla como una espina dorsal y que no tiene prácticamente zonas de sombra. El sol ajustició a los corredores. No tanto por los 21 o 22 grados como por la insolación. Durante el recorrido vimos a varios deportistas tirados en el suelo, y algunos, incluso, tuvieron que ser desalojados en una ambulancia. La isla no era tan pequeña.

La Mitja Marató de Formentera es tan bonita como dura.

Los corredores suben al faro de la Mola desde La Savina y otros puntos de la isla. Allí te recogen en un autobús y te llevan hasta la otra punta con más de dos horas de antelación. El autocar te deja en un descampado donde hay una zona de sol y otra de sombra. Como en los toros. La gente iba a las pilas de sillas, cogía una y elegía dónde esperar. No se hace demasiado largo. Hay baños, café y música. Un DJ amenizaba la tarde mientras contaba anécdotas y daba información con el micrófono. Sonaba Bob Marley y el hombre recordaba el mítico concierto que dio el jamaicano en Ibiza en el 78. Sus padres lo llevaron hasta la isla hermana con ocho años y allí disfrutó del rey del reggae mientras descubría un olor extraño… Luego puso la canción que Laurita Zak, una artista italiana que vive en Formentera, le dedicó a la pequeña de las Pitiusas (Formentera Poema).

Llegan más autobuses mientras la gente baila, va al baño y derrocha energía. Pecados de juventud. Cada poco, miran el reloj. Unos se aplican crema solar. Otros se embadurnan de vaselina los pezones y las ingles. Todos lucen imponentes. El tiempo va pasando y cuando queda menos de una hora, poco a poco, devuelven la silla a su sitio y se van caminando o trotando hasta la salida, situada frente al faro de la Mola, enhiesto en lo alto del cabo, un balcón imponente al mar. Allí me sorprende la cantidad de gente que va con los auriculares puestos. Nunca he podido entender que te quieras aislar durante una carrera y no vivir todo lo que te rodea, como la gente de los pueblos, en Sant Ferran o en Els Pujols, que sale a la acera a animarte con entusiasmo y su mejor sonrisa mientras sus hijos te tienden la mano para que se la choques. Pero son los nuevos tiempos. Luego veré cosas que me horrorizarán más aún.

La salida desde el faro de la Mola es el momento más icónico de la Mitja Marató de Formentera.

También te encuentras con gente que te saca una sonrisa. Como una chica de Castellón que presume en la salida, bajo el vuelo de las gaviotas, de que esa semana no ha bebido ni fumado. Una heroína. O un grupo de chicas que se ha hecho una camiseta adrede para la carrera y que, sin duda, ganarían el premio a la mejor vestimenta. Por delante hay una frase con gracia: Run, beach, eat and repeat. Por detrás, una leyenda que, probablemente, sin pretenderlo, define la carrera: La isla no era tan pequeña. Los turistas siempre se sorprenden por su tamaño, tan chiquita y con todo tan a mano. Pero esos 21 kilómetros de punta a punta se pueden hacer muy largos. Y no tardaremos en descubrirlo.

Nadie ha escuchado la bocina, pero salimos porque vemos que el pelotón se ha puesto en marcha. En un par de kilómetros ya lo estás pasando mal. Hace un calor terrible, un sol implacable y no hay ni un árbol en los arcenes. La carretera se empina y te cuesta coger el ritmo que tenías pensado. Miras el reloj y, encima, ves que las pulsaciones se disparan. ¿Pero esta carrera no era una fiesta? El DJ ya lo había anunciado, pero se ve en carrera: hay más mujeres que hombres. En total, entre las dos pruebas, la larga y corta, corren 1632 mujeres y 1615 hombres. Eso es paridad. Otro punto para Formentera, una isla que gusta a los hombres y enamora a las mujeres. Cuando empiezas a pensar que estás en mitad de una emboscada, el perfil cambia, la carretera se adentra por dentro de una pinada, con mucha sombra, y comienza un largo y generoso descenso de cuatro kilómetros hasta Es Caló, en el 7,5. Es un tramo en el que puedes recuperar, aligerar el ritmo y guardar fuerzas o en el que puedes cometer el error de querer ganarle demasiado tiempo a la carrera y llegar a la recta con los cuádriceps echando fuego.

Luego vienen más subidas y bajadas. Pero menos pronunciadas. Hay cuatro avituallamientos -dos con bebida isotónica- y dos tramos con aspersores de agua por encima de la cabeza. En esa zona me llevo una segunda sorpresa -hacía 18 años que no corría un medio maratón-: mucha gente se va grabando con el móvil y van relatando su experiencia. Otra chica, pasado el kilómetro 13, escucho que se pone a hablar por teléfono, por videollamada, con su abuela y hasta se la pasa a su novio, que la mira con cara de circunstancias.

Entonces me acuerdo de un eslogan que me ha parecido escuchar que utilizaban en otras ediciones: No mires atrás, mira a tu alrededor. Estás en Formentera. ¿Qué demonios haces hablando con tu abuela? Ya empieza a verse a corredores caminando, sudorosos, con el rostro colorado. Formentera no hace rehenes. A la izquierda, en el arcén, unos chavales con una copa en la mano recuerdan a los corredores que por allí está la salida hacia el Blue Bar. No sería mala escapatoria. Por si te has arrepentido. Y que si sigues recto, siempre te quedará la opción de desviarte en el Duo. Territorio espagueti.

La Mitja Marató de Formentera lo tiene todo para quien desea pasar un días de vida tranquila junto al mar sin renunciar a su pasión por correr.

Las últimas subidas son demoledoras. El calor ha causado estragos y entonces, ya casi en el kilómetro 15, te acuerdas de la frase que llevaban las chicas impresa en sus camisetas: La isla no era tan pequeña. La carrera se suaviza cuando te desvías para rodear el Estany Pudent por la derecha. Es el trecho más bonito. Postales a ambos lados de la calzada. Primero, la entrada a Illetes, una de las mejores playas del mundo. La carretera penetra como el hilo en la aguja entre el Estany d’Es Peix y el Estany Pudent. Dos láminas de agua, dos espejos, que es imposible dejar de admirar. Te has olvidado del sufrimiento por un instante y cuando quieres darte cuenta coges el desvío y enfilas la meta. Ya está.

La primera edición se celebró el 16 de mayo de 2009 con 101 inscritos y unas pocas mujeres. El presidente del Consell de Formentera, Jaume Ferrer, le encargó a Unisport Consulting, una empresa mallorquina, que organizara la carrera. Eran tan pocos que fue suficiente con cortar un carril de la carretera y dejar el otro en funcionamiento. Aquel año participó Tomàs Jofresa, exjugador de baloncesto, pero la lista de famosos parece ser que es larga desde entonces. “La Mitja Marató de Formentera la ha corrido gente muy muy conocida, pero siempre nos piden que no lo anunciemos y nosotros somos muy respetuosos con esto. Uno de los que no se escondió fue TheGrefg, un youtuber con 20 millones de suscriptores y 7,5 millones de seguidores en Instagram”, presume Manuel Hernández, el director general de Unisport.

La carrera fue creciendo y al año siguiente ya corrieron 220 personas, y en 2011, 480. Ahí ya entendieron que tenían que cortar los dos viales de la carretera porque se les empezaba a ir de las manos y la seguridad siempre ha sido una prioridad. La cuarta edición llegó a los mil corredores y no tardaron en tener que establecer el sorteo para conseguir el dorsal -fue una de las primeras carreras de ruta de España en hacerlo- porque la demanda estrangulaba las capacidades de la isla. Por el camino llegó el boom turístico de Formentera, en parte impulsado por un célebre anuncio de Estrella Damm que transcurría en la isla y descubría unos parajes que España no conocía hasta entonces. A partir de ese momento se intentó mantener un equilibrio entre los ingresos que aporta el turismo y no dañar el medio ambiente ni la identidad de una isla tranquila que tiene muy presente cómo derivó Ibiza.

La carrera se plantó en los 3000 corredores: dos mil para la Mitja Marató y mil para la carrera de ocho kilómetros, ideal para los acompañantes y refugio de corredores a los que se les va la mano el viernes en los chiringuitos de la isla. Porque no conviene olvidar que muchos de los que se inscriben en estas carreras aspiran a correr, pero también a pasárselo bien comiendo langosta con patatas y huevos fritos, y bebiendo pomadas, mojitos o lo que cada uno le guste echarse al gaznate. Bienvenidos a Formentera.

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