Historias

¿Quién es el español que entrena al ganador del Maratón de Barcelona y a otras estrellas?

Lluís Torlà llegó a ser medallista de bronce en un Mundial sub-20 de marcha y entonces se lo dejó. No quería esa vida. Ahora es un entrenador de 36 años con uno de los grupos más sugerentes de España en el que sobresalen Thierry Ndikumwenayo, Rodri Kwizera y Víctor Ruiz. Pero además dirige a distancia a atletas como el subcampeón del mundo Jacob Krop y Abel Chelangat, reciente ganador del Maratón de Barcelona.

Fernando Miñana

7 minutos

Lluís Torlà es uno de los entrenadores españoles que mayor proyección. JOAN ESTRUCH

Pepe Ortuño, el veterano entrenador de Castellón, decidió un día que a partir de ese momento quería tomarse la vida con más calma. El alma mater del Playas de Castellón quería dejar de viajar y bajar cada tarde a la pista del Gaetà Huguet. Así que cogió a todos los atletas de su grupo y se los cedió a un joven llamado Lluís Torlà, un antiguo marchador que llegó a ser bronce mundial y europeo sub-20. El ojo clínico y la experiencia de Ortuño dejaron paso a la tecnología y la ciencia de Torlà. Un técnico de 36 años de Vilafamés (Castellón) que gobierna una de las cuadras de fondo, mediofondo y marcha más reputadas de España. Por si no tuviera suficiente con Thierry Ndikumwenayo, Rodrigue Kwizera, Víctor Ruiz, Dani Monfort, Martí Torregrosa, Ciro MartínNadia Soto o Claudia Ventura, Torlà también tutela un grupo de entrenamiento en Kenia. Una oferta que le llegó a través de Mónica Pont, de la empresa Lane2, para llevar a un grupo de atletas de adidas en el Siyoi Altitude Camp, un centro donde sobresalen Jacob Krop -subcampeón del mundo de 5000 en Eugene, en 2022, y bronce al año siguiente en el Mundial de Budapest-, Philemon Kiplimo -2:04.01 en maratón- o Abel Chelangat, el ugandés que fue quinto del mundo en Tokio y acaba de ganar el Maratón de Barcelona llevando su marca personal a 2:04:56. “Ahí hay mucho joven con talento. Les llevo la planificación del entrenamiento y voy allí a temporadas. En enero estuve. A veces duele que el reconocimiento y las oportunidades lleguen de fuera y no de tu propio país o federación. Llevo dos años esperando un contrato con la RFEA”.

La pista del la pista del Gaetà Huguet, en Castellón, es el habitat natural de Lluís Torlà, aunque cada vez pase más temporadas en Kenia por su creciente perfil internacional. JOAN ESTRUCH
Dejaste el atletismo a una edad llamativamente temprana. ¿Por qué?

Lo dejé después del Mundial sub-20, cuando tenía 19 años, no llegaba a los 20. Y a los 21 ya empecé como entrenador.

Tú y tu hermano gemelo, Manel, destacasteis en categorías inferiores. ¿Por qué elegisteis el atletismo?

A través del colegio. Allí había un profesor de Educación Física que nos llevaba a la liga de cross de Castellón. Antes tenías una liga escolar de cross y allí iban muchos niños. Ganábamos y eso hace que te acabe gustando. A los mejores los enviaban a estudiar a Penyeta Roja.

¿Y quién era mejor de los dos?

Yo siempre iba un pelín por delante y me puse muy pronto a marchar. Seguí en el cross hasta sub-18. En el último Nacional de cross quedé el 12 o el 13 y entonces ya era marchador bueno.

¿Por qué os decantasteis por la marcha?

Muy fácil: en la marcha ibas y ganabas porque había menos nivel. Si en el cross quedaba el duodécimo, en la marcha ganaba una medalla, que es lo que quiere todo atleta.

Y esa retirada. ¿Por qué tan pronto y en lo alto? Eras medallista mundial.

Siempre he sido muy obsesivo con todo en mi vida. Llegó un punto en que con 16 años quedé quinto en un Mundial sub-20. Ya vivía como un profesional. No iba ni con los amigos por la tarde para descansar. Al final lo automatizas. Un día abres la vista y piensas que te estás perdiendo cosas. Yo decidí dejármelo, pero como tenía la beca de dos años lo alargué hasta dejar de cobrarla. Volví del Mundial y pensé: si estudio y me monto mi trabajo voy a ganar más que de atleta y voy a tener vida fuera de allí. Miraba a mi hermanas y mis amigos, lo puse todo en la balanza y lo dejé. La obligación convierte en una losa ir a entrenar cada día.

¿No te pudo ni siquiera el aliciente de despuntar en una prueba que ha dado a España medallistas olímpicos y mundiales?

No. Llegaron los buenos resultados y lo dejé. Me impuse hacer el récord de España y ganar una medalla en un Mundial o un Europeo. Cuando lo logré, pensé: ¿Y ahora qué? Miguel Ángel López (llegó a ser campeón del mundo y de Europa) era un año mayor que yo y le ganaba casi siempre en competiciones internacionales, aunque en las nacionales creo que no le gané nunca. Pero ahora veo su vida, incluidos sus éxitos, y no me arrepiento. Y eso que sigo en este mundo. Pero esto no es el fútbol. No puedes pedirle a Víctor Ruiz que viva como un cartujo por 12.000 euros. La gente malvive en el atletismo.

Eras uno de los mejores marchadores del mundo sub-20. ¿Cómo de peligrosas son las expectativas?

Al final depende del perfil de cada atleta. Los resultados a algunos les empujan y para otros son una carga. A Dani Monfort (marchador, uno de sus pupilos más aventajados) le empujan mucho. Son una presión positiva. A Nadia Soto (especialista en obstáculos y trail) son lo peor que le ha podido pasar. Se volvió muy obsesiva. Fueron un lastre para ella.

Tu final fue tan pronto que antiguos compañeros tuyos, como Miguel Ángel López, siguen compitiendo, mientras que tú ya llevas varios años como entrenador. ¿Sientes añoranza viendo a atletas de tu quinta o mayores que siguen como atletas?

No siento añoranza. Soy de números. Raquel González es de mi edad y veo su vida desde fuera, que es buena, y siento que no la quiero para mí. Tú puedes trabajar un año como un burro y luego puede salir, o no y quedarte sin beca. Puedes matarte a trabajar y llegar y llevarte cero euros. Sigo corriendo y me encanta el deporte, pero lo otro no. No tiene sentido para mí.

¿Qué supuso Pepe Ortuño en tu vida?

Un poco todo. Yo realmente no empiezo a entrenar con él pero de sub-16 ya empiezo a ir con él. Me introduce en el deporte de alto rendimiento. Es la persona que me enseñó unos valores y la que me integró como entrenador y en la junta del Playas de Castellón; cogí su testigo en la marcha. Iba cubriendo el espacio que él iba dejando por la edad. Sin Pepe y el Playas no hubiera llegado a nada.

¿Cómo se gestó esa transferencia de atletas de Pepe Ortuño a ti?

No fue en bloque tampoco. El sistema del club, hacía que yo los llevara hasta sub-18 o sub-20. No tenía atletas míos, los llevaba en una etapa y luego los soltaba. Pero, poco a poco, Pepe empezó a dejarme más atletas y él se quedó con un grupo muy reducido. Y, finalmente, ya me quedé con todos. A Alejandro Ortuño lo cogí ya trabajando en una fábrica y sin poder doblar y mejoró de 8:43 en 3000 m obstáculos a 8:36. Vio que también venían Ciro Martín, Nadia Soto y los demás… A Pepe se le juntaron varios factores: ha pasado cosas duras y llevaba demasiadas cosas en el club. Ha sido un trabajador incansable y todavía recibo correos suyos a la una de la noche.

¿Asusta ver en tus manos, de la noche a la mañana, las carreras de Thierry Ndikumwenayo, Rodri Kwizera o Víctor Ruiz?

Es diferente. Es cierto que la gente dice que tengo suerte, pero hay momentos que he dejado de disfrutar. La educación en hábitos es totalmente diferente a los atletas que he formado yo. Hay que estar muy encima de ellos. Hay más presión y se disfruta menos. Hay veces que no disfruto. Thierry tuvo que dejar Sierra Nevada en invierno por una analítica. No sabía qué le pasaba. Rodri funciona muy bien, pero Thierry no y hay noches que estoy dándole vueltas… Intento averiguar cómo sacarles el mejor rendimiento. Era más feliz solo con los sub-20.

Thierry Ndikumwenayo y Rodrigue Kwizera son dos de los pupilos más destacados de Lluís Torla. JOSÉ LUIS BORT.
Porque, además, tú tienes tu trabajo.

Trabajo como profesor de audición y lenguaje en un instituto de Castellón en el que doy clases en un aula especial para niños con dificultades, aunque tengo tiempo libre para atender a todo el mundo.

Eres de la generación tecnológica. ¿Cómo ha sido tu aprendizaje y tu apuesta?

Si a mí me quitas la tecnología, no podría gestionar el grupo que llevo. Lo hago todo con apps. Medidor de lactato en tiempo real, cámara de hipoxia… Tengo un master de rendimiento del COE y en dos años he leído más de 100 artículos y 30 libros. Tengo una amplia biblioteca sobre rendimiento. Hago cursos que me pago yo porque me gusta hacerlos. No puede ser que estemos todavía con las hojas de Excel.

Lluís Torlà recogiendo una muestra de lactato a uno de los atletas a los que entrena.
Muchos entrenadores veteranos se burlan de tanta tecnología, de ese afán por medirlo todo, por calcularlo todo.

Pues pienso que es una inseguridad de ellos mismos. Llevo seis años trabajando con lactato. Al principio era como eso para que lo mides. Les miro a la cara y lo que veo es que no saben utilizarlo y por eso disimulan y se ríen. Pero eso está cambiando. En verano, en el Europeo sub-20, había entrenadores que me pedían ayuda para utilizar la aplicación. Algunos han cambiado y te preguntan cuando los otros no están delante. Trabajo con el grupo de Mónica Pont y llevan diez años de adelanto con respecto a la gente mayor.

El ugandés Abel Chelangat imponiéndose en el Zurich Maratón de Barcelona 2026. RPM SPORTS
¿Te preocupa el futuro de la marcha?

Me preocupa mucho. El atletismo es 100% objetivo: cada prueba vale su marca. La marcha no. Hasta que la tecnología no entre, seguiremos igual. Nosotros ya hemos pruebas con chips. El problema es si World Athletics quiere solucionar el problema o eliminarlo. Es un tema político porque la tecnología ya está, se ha probado y funciona. Pero la marcha la van arrinconando poco a poco.

Y con este panorama, ¿cómo motivas a los jóvenes?

No son tan conscientes del problema. Ellos quieren pensar que tiene solución. Pero ya veremos si en el futuro es olímpica o no.

¿Cómo repartes los días?

Tengo dos compañeros. El primer año llevaba 58 atletas, pero ahora Ferran Carbonell y Pau los llevan hasta la categoría sub-18. Por la mañana me monto el horario para poder ir tres o cuatro días a la semana a las pista. Los sábados reparto las series para poder estar con todos. Ahora mismo estoy en un punto en el que me va muy bien, pero no lo suficiente como para pedirme una excedencia, ganar menos y tener menos vacaciones. Con media jornada no me vale.

¿Sigues haciendo deporte?

Salgo a correr tres o cuatro días a la semana, voy al gimnasio y salgo en bici para acompañar a los atletas.

¿Es duro ver cómo se fajan cada día y no tienen ni para el alquiler de un piso?

Sí que es duro. Es duro verles sufrir y sé lo que se sufre porque yo pasé por ahí. Con Dani Monfort le dije que no iba a cometer el mismo error, que si no llega a un nivel que le permita vivir de esto, es mejor dedicarse a estudiar más y que esto pase a ser una afición. Pero decirles la realidad no es fácil.

Lluís Torlà durante una de sus estancias en Kenia.

 

Etiquetas:

Relacionados