FBR

Franco Sgalambro / Imagen: Bárbara Sánchez

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Agosto de 2013. Aprieta el calor en Denia y Franc Beneyto aprovecha sus ratos libres para leer Correr con los keniatas, del escritor y periodista Adharanand Finn. Mientras devora las interesantes páginas del libro su pulso se acelera. Finn analiza la pisada de mediopié de los keniatas, que no apoyan el talón, y de este modo evitan lesiones y corren de manera más eficiente. Por otro lado, glosa los comentarios de los partidarios del minimalismo, que consideran que el exceso de amortiguación de las zapatillas es culpable de múltiples lesiones.

Algo bulle en la mente de Franc, que llama a su pareja y le dice: “Laura, grábame en vídeo que creo que la voy a liar". Nuestro protagonista coge un cuchillo, corta el talón de sus zapatillas de entrenamiento y baja a la calle a probar su experimento. Una incontrolable sensación de poder, libertad y fuerza en los tobillos le invade. Se le escapa una sonrisa y piensa... ¡Así corren los keniatas!

Al día siguiente constata en la pista de atletismo que con las zapatillas sin talón necesita menos zancadas que con las convencionales para cubrir la misma distancia, ya que se prolonga la fase de vuelo. Es en ese momento cuando comienza a pensar que con el talón flotante desaparece el límite que nos impone el terreno sobre el que pisamos. “Si no toco el suelo con el talón puedo bajar más y así disponer de más energía elástica y potencia, ya que los músculos de los gemelos y sóleos trabajan con una longitud superior a la habitual y ejerzo una palanca mayor", reflexiona Beneyto.

Ese día de agosto, hace algo más de cinco años y medio, nació el concepto FBR (Faster and Better Runners). Desde entonces, su creador, el atleta y entrenador Franc Beneyto, se ha rodeado de un excelente equipo de colaboradores, entre los que se encuentra el experto en biomecánica Javier Gámez, y juntos han logrado demostrar científicamente las bondades de FBR, en colaboración con la Universidad de Valencia, la Sheffield Hallam University y la Universidad Europea de Valencia.

A día de hoy, después de muchas vicisitudes, las zapatillas FBR Noa ya se encuentran a la venta y han logrado convertirse en una auténtica revolución a nivel mundial.

Es el triunfo de un hombre noble, cercano, sencillo, que muchas veces, cuando se encuentra entrenando a sus pupilos en la pista, detiene durante un tiempo la sesión cuando su mirada se fija en la luna llena, por el mero hecho de disfrutar de su majestuosa presencia en compañía y tomar conciencia, cada día, de ese regalo llamado vida.

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Franc, ¿cuánto tiempo llevas en el mundo del atletismo?

Mi madre dice que corro desde que empecé a caminar, igual que lo hizo mi hija. Llevo toda la vida corriendo, aunque hasta los 17 años lo compaginaba con el fútbol. A esa edad gané una carrera y decidí hacer atletismo. A partir de ahí cogí un entrenador, Paco Ivars, que es uno de los grandes maestros que he tenido, junto a José Enrique Gallach y Enrique Pascual. Paco me inculcó la filosofía de ser paciente, disfrutar, entender que lo más importante no son los resultados, que esto es a largo plazo…

Como atleta obtuviste unos resultados más que dignos. ¿Qué marcas personales figuran en tu libreta?

Corrí de manera seria desde los 17 hasta los 47 años y mis marcas son 1:58 (800 m), 2:34 (1.000 m), 3:59 (1.500 m), 8:47 (3.000 m), 15:32 (5.000 m), 32:15 (10.000 m), 1:09 (medio maratón) y 2:32 (maratón).

Tu verdadera vocación siempre fue la de entrenador. ¿Cuándo comenzaste a interesarte por esta faceta?

En COU ya empecé a entrenar a algunos compañeros y tras dos operaciones de menisco en 1988 y 1989, que me obligaron a parar, quería seguir vinculado al atletismo, así que fui al colegio donde mi madre trabajaba como cocinera, hablé con el director y me ofrecí para entrenar a los niños, básicamente jugando. Luego saqué la diplomatura en Ciencias de la Actividad Física del Deporte en el IVEF y obtuve la maestría en Atletismo de Alto Rendimiento, aunque no me contenté con eso y también fui a Soria a aprender de la sabiduría de Enrique Pascual, ya que este entrenador estaba preparando a grandes figuras como Abel Antón, Fermín Cacho, Roberto Parra, Javier Moro, Hicham Chatt, David Posada y muchos más.

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Así contado parece un camino de rosas, pero nos consta que sufriste mucho para entrar en el IVEF. Tenía que pasar las pruebas físicas pero me hice una subluxación acromioclavicular. El médico me explicó que había que operar y que la recuperación era de seis meses, con lo cual no iba a llegar a tiempo para superar las pruebas. Le pregunté por una alternativa y me dijo que me podía vendar el brazo e inmovilizar durante seis semanas, pero que solo salía bien en uno de cada mil casos. Yo le dije: Soy ese caso.

¿Y cómo acabó la historia?

Durante seis semanas me subía andando al Montgó para no perder la forma. Iba al pabellón y entrenaba mentalmente. Hacía el circuito de agilidad con la mente. Imaginaba que lanzaba el balón, que levantaba las pesas, etc. Cuando me quitaron la venda empecé a hacer la recuperación y en un mes estaba igual que antes.

¿Siempre te llamaron la atención la biomecánica y la forma de correr?

Hombre, me interesaba mucho la manera de mejorar. Siempre había trabajado la técnica de carrera, pero hasta hace cinco o seis años no le había dado tanta importancia a la biomecánica. Además, notaba que costaba mucho que la gente mejorara la técnica, no se llegaba a la eficiencia que yo quería. Leyendo todo el tema de la corriente minimalista empecé a pensar en que los nuestros tenían que intentar correr como los africanos. El punto de inflexión llega leyendo “Correr con los keniatas", de Adharanand Finn. En el libro se explica que si no apoyamos de talón correremos mejor, minimizando lesiones. Por otro lado los minimalistas creían que la excesiva amortiguación de las zapatillas provocaba lesiones. Eso me hizo reflexionar. Al estar operado de las dos rodillas y necesitar amortiguación, por recomendación del doctor Roberto Ferrandis, como atleta no me atrevía a dar el salto al minimalismo. Entonces pensé que si las grandes marcas estaban invirtiendo tanto en conseguir la mejor amortiguación, por qué no aprovechar esa amortiguación pero que a su vez las zapatillas te permitieran correr técnicamente bien…

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¿Y cómo pasas de ahí a cortarle el talón a la primera zapatilla?

Pensé que si Finn hablaba de lo malo que era apoyar de talón… ¿por qué no quitarle el talón a las zapatillas? Entonces le dije a mi pareja, Laura, que cogiera una cámara de vídeo y me grabara mientras cortaba mi calzado de entrenamiento. Salí a la calle a correr sin talón en las zapatillas e inmediatamente percibí la sensación de poder, libertad y fuerza en el tobillo era tremenda. Me dije: “¡Así corren los keniatas!". Noté que el tobillo actuaba como una palanca y experimenté sensaciones que nunca había percibido.

No hay nada como probar uno mismo que algo funciona…

Efectivamente. Por eso, al día siguiente fui a la pista y corrí comparando el ritmo, con el mismo esfuerzo, usando las zapas con y sin FBR. Con FBR daba alguna zancada menos, a pesar de que la longitud de la misma era más corta, ya que había más fase de vuelo. Entonces pensé en la energía elástica. Cuando apoyas de mediopie, el talón baja y el gemelo y sóleo se estiran y se cargan de energía, y cuando haces la contracción voluntaria para impulsar, esa energía elástica que se genera te impulsa, te ayuda, y esa energía es gratis. Por eso tenía un vuelo mayor.

Digamos, entonces, que el suelo es el que te limita, ¿no?

En una zapatilla de clavos, que te hace correr de mediopie, en el momento en el que el talón toca el suelo, esa energía se pierde. El suelo es limitante hasta para un velocista, porque si toca el suelo con el talón, pierde energía. Con FBR se puede bajar más, aunque sea un centímetro, y se tiene más energía elástica y potencia. Yo digo que FBR tiene drop libre. Con FBR queda el talón flotante y no tienes límite. Eso sí, te has de acostumbrar. El músculo necesita acostumbrarse a trabajar con una longitud mayor a la habitual. Es obligatorio un proceso de adaptación para conseguir mayor rendimiento. Por eso en las zapatillas hay un “Método FBR", para que la gente se adapte muscular y ligamentosamente al concepto. De hecho, un grupo de keniatas probó nuestras zapatillas en Calatayud y al día siguiente querían competir con ellas, pero les dijimos que no, porque hasta ellos, que tienen muy buena técnica y corren rapidísimo, necesitan adaptación.

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Muchos te haya tomado por un iluminado, un loco. ¿Tú nunca tuviste dudas de la eficacia de FBR?

¡Claro! Yo fui el primer escéptico. De hecho pensé que esto ya lo habría probado alguna marca y que no funcionaba por algún motivo. Lo primero que hice fue patentarlo y hablé con un biomecánico. Sin enseñarle la zapatilla le pregunté cómo haría un modelo que permitiera correr mejor. Él me habló de poner cosas en la zapatilla y cuando yo le conté mi idea me dijo: “qué cabrón eres. Los investigadores siempre pensamos en poner, en añadir cosas, y nunca en quitar, porque tendemos a pensar que lo que hay es bueno". Y desde entonces, tras muchos años de trabajo, hemos demostrado las bondades de nuestro concepto.

Con el proyecto de FBR arriesgas mucho, incluso económicamente.

Igual que con el tema del IVEF, sé que nos va a salir bien. Todo esto lo hago porque sé que el concepto funciona y realmente creo que estamos aportando algo nuevo al mundo del running. Me hace feliz ver cómo hay personas que mejoran corriendo gracias a FBR y otras que evitan lesiones o se recuperan de las mismas. No busco dinero con esto, no soy ni me siento empresario, soy entrenador y es lo que quiero ser toda mi vida.

Entonces... ¿cuál es tu papel de cara al futuro, dentro de FBR?

Lo ideal sería licenciarlo a las marcas potentes porque no busco fama ni dinero, solo aportar lo que pueda al mundo que me apasiona. A mi mujer ya le he dicho que voy a estar un año volcado en la promoción, recorriendo España explicando el concepto, pero el 2 de febrero de 2020 o vendo la empresa o la llevan mis compañeros del equipo. Mira, trabajé de fontanero, el oficio de mi padre, durante cinco años. Había días que ganaba mucho dinero, porque instalaba varios calentadores de gas, y recuerdo que una vez, al ir a coger una herramienta, saqué un gran fajo de billetes y pensé: ¿Para qué quiero este dinero si no estoy haciendo lo que me gusta? Yo quiero ser entrenador. Y sigo pensando exactamente igual. No quiero que nada ni nadie me separe de la vida que pretendo llevar, que consiste en estar con mi mujer Laura, con mi hija Noa y en la pista entrenando a la gente. No me hace falta más. Una vez mi padre me dijo: “Mientras tengas 1.000 pesetas en la cartera y no las debas a nadie, eres el hombre más rico del mundo". Y tenía mucha razón. Ahora mismo no sé si llevo 5 o 20 euros en el bolsillo, pero sé que soy rico en la vida personal, con mi familia, mis amigos y las personas a la que entreno, que es lo que importa.

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Has mencionado a tu hija Noa y precisamente el primer modelo de FBR lleva su nombre. ¿Cómo es esta zapatilla?

Estoy contento con el resultado y este modelo es el que nos ha dado a conocer en todo el mundo. Se hizo en Villena, con un maestro zapatero que percibió mi pasión y se volcó en el proyecto. La zapatilla tiene una horma ancha y un material transpirable y noble. El modelo Noa 2 por supuesto contará con mejoras.

¿Si en lugar de un entrenador de Denia fueras un diseñador de producto de una multinacional se te valoraría más?

Sin duda. Lo que tengo claro es que en ese caso hubiera tenido muchas facilidades para desarrollar lo que quería con la tecnología más avanzada y con muchos más recursos, pero de manera artesanal hemos logrado que se nos conozca y tenemos pedidos de muchos países, lo cual nos hace muy felices.

Cuando una persona se compra unas FBR tiene que descargarse un manual de 48 páginas con un método. ¿Por qué?

La idea es que se haga una adaptación progresiva, a fuego lento, sin saltarse etapas, para lograr acostumbrarse a correr de otra manera, con la técnica de talón flotante y drop variable. Si eres paciente, constante y trabajador, llegarán los resultados; como cuando preparas un maratón. Por último, quiero dejar claro que nosotros no estamos aquí para ir en contra de nadie, sino para sumar y aportar a los corredores. Es nuestro gran objetivo.