Aquí y ahora

¿Cómo vive un atleta master el regreso a la competición después de dos años sin un dorsal en el pecho?

Roberto Sotomayor

El atleta master Roberto Sotomayor | RS
El atleta master Roberto Sotomayor | RS

Debajo de mi cama hay una caja. En ella escondo mis zapatillas de clavos y el mono de competición de mi Club. Hace 2 años que no la abro, prometí hacerlo el día que volviera a sentirme atleta y que volviera a competir. El día que me rompí el Aquiles guardé todo en esa caja, nunca imaginé todo lo que vendría después. Tratamientos fallidos, horas de fisios, meses de recuperación que no terminaban de cuajar, una operación quirúrgica, otra recuperación y una recaída. Ésta, la recaída, fue precisamente la parte más dura de todo este periplo.

Las lesiones en un atleta forman parte del juego a lo largo de su carrera. En mi ocaso final como atleta senior encontré mi mejor rendimiento, curiosamente, y quizás por ello, sufrí las consecuencias años después, como atleta master. Una lesión de hasta 1 año puede llevarse razonablemente bien. El problema es cuando los meses pasan, y llegas a los 2 años. Ahí es cuando el “coco" empieza a pasarte malas jugadas. Ves todo como muy lejano, y sin querer entras en un agujero del que cuesta mucho salir.

No se lo reprocho… yo mismo podría haber dudado de alguien que 20 meses después seguía cojo perdido.

Llevo tatuado una frase en mi brazo: “Never Give Up". Me lo tatué después de mi última gran lesión allá por 2010. Ni siquiera aquello se puede comparar con todo lo que he sufrido en estos dos últimos años, sin duda, uno de los grandes retos a los que he tenido que hacer frente, y ya no sólo como atleta, sino como persona.

Superar esto ha supuesto un gran esfuerzo físico, y mental (y económico). Físico por las horas en que he dedicado a entrenar en una piscina, a veces, simplemente para mantener un poco la forma. Mental, porque durante todo este tiempo y según pasaban los meses las frases que más he tenido que escuchar son las de “Quizás tengas que tomártelo de otra manera", o “es que el cuerpo no perdona", y la más letal: “Es el momento de hacer otras cosas". Cuando te las dice alguien que apenas te conoce, he aprendido a hacer oídos sordos. El problema es cuando esto te lo dicen personas que siempre estuvieron contigo. No se lo reprocho… yo mismo podría haber dudado de alguien que 20 meses después seguía cojo perdido. Pero hacen mella. Cuando alguien cercano te habla sobre bajar los brazos después de todo este tiempo, es cuando realmente te das cuenta de que tu verdadero aliado es tu voluntad. Y que estás mucho más sólo de lo que creías, porque cuentas con los dedos de la mano quienes saben que lograrás recuperarte algún día.

Aquí y ahora

Y es duro. Porque te gusta correr, y porque amas este deporte tanto, que incluso en esas tardes de invierno cuando sales del gimnasio de tu barrio, cojo perdido, sueñas con que algún día volverás a pisar una pista. No se trata de volver a correr, como un corredor amateur más. Se trata de ponerte unos clavos y correr rápido, de “meter tobillo" y de dar vueltas en una pista, el lugar donde soy realmente feliz. Y esto es muy diferente. Y, por fin, económico, sí, porque dejé contar hace tiempo el dinero invertido en poder andar sin dolores.

Aún recuerdo aquellas tardes en las que tenía que sentarme por los centros comerciales mientras mi pareja me miraba con tristeza. Me sentía un acabado, muy frustrado, no ves la luz nunca, y después de tanto tiempo solo ella ha sido capaz de soportarme, porque el humor te cambia, y porque sin quererlo, te vuelves gris. No son de las lesiones pequeñas de las que aprendes. Aprendes y descubres de lo que verdaderamente estás hecho cuando tienes que decidir entre dejarlo o seguir peleando después de 2 años.

El próximo sábado disputaré el Campeonato de España Master de pista cubierta en Antequera, Málaga. Tengo 42 años, no aspiro a correr como cuando tenía 25, pero sí sé que aún puedo hacer cosas interesantes. Hace 2 meses ni siquiera me planteaba estar ahí, de hecho, creo que el motivo por el cual estoy aquí es porque nunca dejé de creer en mi. Creer en uno mismo, incluso cuando todo era de color negro. Los primeros días que volvía a correr fueron los más duros, cuando apenas corria 20mn y mi GPS me decía que iba por encima de 5.30.

No sé qué ocurrirá el sábado, salvo que detrás de todo este camino ha habido una verdadera historia de superación que he vivido en primera persona.

Los más duros fueron aquellos que incluso lloviendo y a oscuras, en el parque de El Retiro, a las 21.00 de la noche y sin un alma, bajaba a recorrer 10kms sin saber cómo me levantaría al día siguiente, y efectivamente, me levantaba de nuevo con dolor. Esos días, en los que me metía en la cama pensando en cuándo acabaría toda esta pesadilla. Y es todo una auténtica mierda, porque en realidad descubres que sólo quieres correr, porque correr es mi vida y porque sin atletismo Roberto Sotomayor no sería el mismo. Duro cuando pides ayuda a quienes creías que estarían a tu lado, y te dan la espalda. Y sin embargo, reconforta y no sabéis cuánto, cuando pese a todo este tiempo, alguien te presta un hombro sobre el que llorar y unas palabras que necesitas escuchar, porque a veces un “todo pasará" te llena tu depósito de energía, que durante muchos meses estuvo en reserva a punto de vaciarse. A veces, hay frases que te arrancan una sonrisa y te ayudan a levantarte cuando casi estás arrodillado a punto de rendirte.

Estoy aquí, y ahora, dispuesto a sacar esa bolsa de la caja que hay debajo de mi cama. Y no sé qué ocurrirá el sábado, salvo que detrás de todo este camino ha habido una verdadera historia de superación que he vivido en primera persona. Y que con tan sólo 2 meses de preparación, he descubierto que puedo correr rápido de nuevo sobre una pista. Y que no ha sido fácil, porque aunque convivo con los dolores, mi fuerza de voluntad ha sido mucho más inquebrantable de lo que aún día imaginé. Estoy aquí, y ahora, dispuesto a ponerme esas zapatillas, sabiendo que por mucho que pase el tiempo siempre hay que creer, y que como dice el lema grabado en mi hombro, nunca hay que rendirse. Y atrás muchos fantasmas, y por delante nuevas esperanzas.

El sábado a las 10.35h tengo una cita personal con esa pista. Hace mucho que no nos vemos y le prometí que volveríamos a hacerlo. Siempre cumplo mi palabra. Dos años. Se han hecho largos, pero al fin estoy aquí con mis zapatillas. Aquí y ahora.

Aquí y ahora