Terminó la Behobia menos de un año después de un trasplante de riñón

Elena Román, que recibió el órgano de su hermana, protagoniza una motivante historia narrada en ‘Corre el riesgo’, el libro que saldrá a la venta el próximo 13 de diciembre.
Alberto Hernández
Terminó la Behobia menos de un año después de un trasplante de riñón
Elena Román durante la entrevista | Adolfo Callejo

Tiene 33 años y acaba de completar la Behobia-San Sebastián en dos horas y doce minutos. Delante suyo ha llegado una riada de corredores, miles de camisetas maltratadas por el viento y el granizo. Comparte con ellos el gusto por el desgaste sistemático de suela, la producción de sudor en ratos de ocio y la habilidad para encontrar placer donde espíritus sedentarios ven poco más que innecesaria miseria. No es una corredora portentosa, pero es una corredora especial. Ninguno de los que la batieron se había sometido a un trasplante de riñón once meses antes de que el estruendo del pistoletazo perturbase la quietud de la frontera con Francia.

“Nací con una poliquistosis renal, lo que provocaba que mis riñones funcionasen al 20 por ciento”, cuenta Elena Román sobre una dolencia que, de propina, traía también una anemia de alto calado. Tal panorama no le impidió llegar a cinturón negro de kárate, deporte que practicó desde los cinco años (combinado con boxeo, bici de carretera, CrossFit y snowboard), ni aficionarse a la carrera a pie, más por entrañas que por cordura, pues los comienzos no fueron precisamente bonitos: “Empecé hace tres años, pero mucho antes ya lo había intentado y siempre lo tenía que dejar porque me mareaba y acababa vomitando. Hasta que un día fue a animar a un amigo en el Triatlón de Riaza y allí, sola, esperando su llegada a la Plaza Mayor, al ver pasar frente a mí a tantos y tantos participantes tuve como una revelación”.

Quería repetir Behobia pero me comunicaron que los riñones no daban más de sí y que de correr, nanay".

Sería el decisivo envite de esta salmantina que lleva el pan a la mesa gracias a su talento para el márquetin digital. Contactó con Tigers, uno de los grupos de entrenamiento más concurridos del país, donde le ayudaron a establecer un plan de aproximación al coleccionismo de kilómetros adaptado a su particular circunstancia. “Todo fue muy controlado, hice mi primer 5K en noviembre de 2016, debuté en 10K en marzo de 2017 y me atreví con el doble de distancia, en Behobia, ese mismo año. Llegué a meta, aunque tuviese que subir Mira cruz andando”, rememora la joven, a la que se le trastocaron repentinamente los planes el curso siguiente, tras haber seguido dando cuerda a su afán de superación en citas como el Edinburgh Alf Marathon, Movistar Medio Maratón Madrid, los 21,097 km del EDP Rock ‘n’ Roll Madrid o el EDP Medio Maratón de la Mujer: “Quería repetir Behobia pero me comunicaron que los riñones no daban más de sí y que de correr, nanay”. Necesitaba un transplante y su hermana no necesitaba pensárselo. “Hoy, Bea flipa de que a su riñón le guste tanto correr, porque ella siempre ha hecho deporte, pero ese no le atraía demasiado”, relata entre risas, antes de ponerse algo más seria (no le sale, todo sea dicho): “Lo vivimos como algo natural. Ella siempre dice que era lógico, pues fue la suerte la que decidió que fuese la sana”.

Terminó la Behobia menos de un año después de un trasplante de riñón

Elena Román durante la entrevista | Adolfo Callejo
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De nuevo Guipúcoa en el horizonte. Renovar la hoja de ruta, regresar al lugar donde has sido feliz. Con temor, nada de heroicidades. Su discurso se aleja un pelín del Imposible is Nothing, por más que ahora se prepare en compañía de los adidas Runners: “Creo en los límites porque existen y hay que respetarlos. Lo que no hay que hacer es tenerles miedo”. Quería volver a correr, pero por delante del entrenador sabía que tenía que reinar el doctor: “No he hecho nada sin su consentimiento. Las análiticas iban saliendo bien y eso me ha reafirmado”. Pasó por el quirófano el 11 de diciembre de 2018 y se calzó las zapatillas el 2 de marzo del corriente. Llegar al Boulevard fue de nuevo un camino escalonado, prudente, aunque la rapidez de los plazos alcanzados sugieran lo contrario: “En abril corrí un 10K haciendo ‘cacos’, y después Spartan Race, Norte-Sur y la Carrera Pirata del Bilbao Night Marathon”. Y por fin Behobia, donde exhibió su desdén por el crono (“llevo uno porque me lo ha regalado Polar para controlar las pulsaciones, no el tiempo”), diesel como es, pues recurre al mismo ritmo para ajusticiar 5.ooo metros que una media.

A no ser que esté muy jodido, la Administración no reconoce la discapacidad de un trasplantado. Mi lucha es hacer visible esta injusticia”

“Creo que algo estamos haciendo mal cuando lo primero que preguntamos al acabar una carrera es: ¿Qué tiempo has hecho? Nosotros no somos profesionales, no cobramos por esto. En el caso de los populares, es necesario aprender a hacer deporte por salud, no cargarte la salud por el deporte”, reflexiona sobre la exaltación del rendimiento en el asfalto vocacional, lo que no significa renunciar a testarse a uno mismo en nuevas aventuras: “La próxima primavera quiero participar en los Juegos Nacionales de Trasplantados. Esta no he podido, pues es requisito que el transplante haya tenido lugar al menos un año antes y que un médico evalúe si puedes competir. También me gustaría probar el trail. Y hacer un maratón en mi vida, pero soy consciente de que en mi fase actual no puedo”.

Estas migajas de su fascinante historia pueden aderezarse hasta el infinito leyendo ‘Corre el riesgo’, el testimonio de su puño y letra, editado por libros.com, que estará en las librerías a partir del próximo 13 de diciembre: “A no ser que esté muy jodido, la Administración no reconoce la discapacidad de un trasplantado. Mi lucha es hacer visible esta injusticia”. De momento va empatada, pero atacando.

Terminó la Behobia menos de un año después de un trasplante de riñón

Elena Román durante la entrevista | Adolfo Callejo
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