Wanderlust 108 Madrid: un día en las carreras

Lo que iba a ser un 5k tranquilo se convirtió en un día de deporte "non-stop".
David Rivas -
Wanderlust 108 Madrid: un día en las carreras
Wanderlust 108 Madrid: un día en las carreras

Lo confieso: la mañana del 5 de octubre acudía al Hipódromo de Madrid más por obligación que por devoción. Aunque no me considero un sectario del mundo de la carrera, es cierto que suelo prodigarme más en eventos de dorsal en el pecho que de esterilla en el suelo. Wanderlust tenía más de lo segundo que de lo primero y, a simple vista, me veía como pulpo en garaje ante la perspectiva de una doble sesión de yoga y meditación antes de lo que a mi me apetecía de verdad: correr un 5.000 a buen ritmo como fin de fiesta.

He de reconocer que mis complejos hacia el evento empezaron a disiparse al avistar una nutrida fila de asistentes esperar para recoger su kit de bienvenida en una de las carpas del evento. "Aquí hay gente", pensé. Y al cruzar el arco de entrada al Hipódromo me sorprendí ante el mar de esterillas que se dibujaba en una de las praderas contiguas al aparcamiento. "Aquí hay mínimo 1.500 personas", estimé. Gracias a mi contacto conseguí un hueco cercano al escenario y, de perdidos, al río: tocaba realizar la primera de las sesiones.

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Aspecto del escenario principal de Wanderlust

YOGA CON MUCHO FLOW

Tras la introducción por parte del locutor del evento salieron a escena los dos encargados de la sesión de yoga. Una, la reconocida Xuan Lan, y otro, un americano desconocido para mí pero que, a juzgar por la admiración que suscitaba entre el público, debía ser alguien. Luego supe que se trataba de Sean Phelps, que a sus más de 200.000 seguidores en Instagram añade unas grandísimas dotes de comunicador.

La sesión, de 90 minutos de duración, se basaba en una secuencia de Yoga Flow que, según he tenido la ocasión de investigar, mezcla una rutina de posturas difíciles de conseguir (y duras, por qué no decirlo, con poco descanso entre ellas) con una relajación final que te hace sentir bien. ¿Mis sensaciones? No puedo decir que a nivel cardiaco notara las sensaciones de una sesión de crossfit o de alta intensidad pero la sucesión de movimientos, posturas y transiciones no me permitió coger un respiro. Ni que decir tiene que no pude aguantar varias de las posturas que mis vecinas de esterilla realizaban a la perfección, pero al menos intenté hacerlo lo mejor posible. Puede decirse que agradecí los quince minutos finales de relajación que me permitieron terminar la clase de una pieza.

ESFUERZO FÍSICO: 7/10

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El Tetris humano: no lo intenten en casa

MEDITACIÓHMMMMM

Que, tras la clase de yoga, aparezca en el escenario un tipo con rasgos hindúes, túnica blanca y melena al viento hace que pienses en el mayor de los clichés tomando cuerpo por obra y gracia de Shiva. Que al gurú protagonista de la segunda sesión de Wanderlust le acompañara una intérprete argentina no hacía sino componer un cuadro que, para el asistente con prejuicios, pudiera parecer esperpéntico. Pero si algo tenía claro por aquel entonces era que Wanderlust recompensa al curioso y libre de mente, así que decidí sumergirme sin complejos en la sesión de meditación (no más de media hora) que Swami Jyothirmayah (obviamente, lo he copiado y pegado de la web del evento) iba a dirigir.

He de decir que he hecho mis pequeños pinitos en el mundo de la meditación, sobre todo a través de la aplicación Headspace, y que creo que ayuda a concentrarse y "resetear" el cerebro como pocas cosas, pero no me fiaba mucho de una sesión de meditación colectiva. Intenté sumergirme pero no llegué a encontrar el punto zen necesario para aprovecharlo al máximo. Puede que fuera la intérprete, la puesta en escena, el calor o mi propio cansancio. Me consoló ver a mis vecinas de esterilla concentradas al máximo.

ESFUERZO MENTAL: 8/10

RELÁJATE Y DISFRUTA

A estas alturas (1 de la tarde y con algo de sudor por el camino) tocaba relajarse. El evento incluía una zona de restauración con varios food truck y un café en el que recuperar fuerzas con productos sanos y nutritivos. También aprovechamos para dar una vuelta por el mercadillo, en el que había varios stands de pequeñas tiendas de ropa y complementos de yoga.

Confieso que no fui capaz de terminar mi tabulé (demasiada sémola, quizá), y que andaba desesperado por tumbarme en el césped a descansar otro poco. Probé también a dar una vuelta por todas las zonas de actividad (sí, aquí la gente no descansa) en el que practicar diferentes estilos de yoga, pilates, running... para todos los gustos.

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De Wanderlust a Instagram en 108 pasos

QUEDAMOS EN TABLAS

Llevo ya casi cuatro párrafos sin mencionar a uno de los patrocinadores de Wanderlust, Jeep, a la sazón el principal responsable de que yo estuviera allí. Además de obsequiarnos con la entrada nos agasajaron con la correspondiente visita a su stand. Lo que sucedió después te sorprenderá: una sesión de surfset yoga sobre unas tablas de surf que, colocadas sobre el suelo y con una especie de pelotas, proporcionan inestabilidad y hacen trabajar el equilibrio.

Los 20 minutos de sesión de introducción dejaron secuelas como si hubiéramos estado una hora practicando: hacer planchas mientras tratas de equilibrar la tabla es una experiencia que hace trabajar el core al máximo nivel. Un "fuera de programa" muy recomendable.

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En la cresta de la ola

VUELTA AL RUEDO

Poco antes de las 5 de la tarde tocaba la última de las etapas de la agenda deportiva de Wanderlust Madrid: el trail running 5K. Concebido como un trote colectivo alrededor de la pista del Hipódromo, asumo que me lo tomé como una competición más que como la fiesta que fue concebida. He de señalar también que fue la única de las tres sesiones del día en la que vi una mayor concentración de hombres, pero quizá no llegara al treinta por ciento. Y que esos hombres se lo tomaban también en serio. A ritmo de competición todavía me daba tiempo a pensar si tenía algo de lógica estar dándolo todo en un evento hecho para encontrar la paz, el equilibrio y tu Estrella Polar.

Quizá no tenga sentido exprimirse tanto.

Quizá sea una estupidez ganarle cinco segundos al cronómetro por no saludar al voluntario que nos indica que hay que girar a la izquierda.

Quizá sea bueno no correr siempre y tener ojos y oídos abiertos para otras disciplinas.

Quizá el mayor aprendizaje de Wanderlust sea hacerte comprender que, más que corredor, eres curioso.

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