El mapa del tesoro

Consejos para triunfar en el Maratón de Nueva York.

Fernando Sebastián y Fran Chico

El mapa del tesoro
El mapa del tesoro

“¡Buenos días y buena suerte!" Es bajarte del autobús y encontrarte con los voluntarios que te jalean. Este maratón no lo hace el más deseado del mundo ni Wall Street ni los rascacielos; son el público y los voluntarios los que consiguen que no olvides esos 42,195 km. Lo habitual es ir a Staten Island en bus, pero es recomendable ir en barco desde Battery Park (gratis); puedes dormir más y ver amanecer mientras navegas junto a la Estatua de la Libertad. Al campamento de salida, nada de acompañantes; sólo accedes si tienes dorsal y hay con arcos de seguridad como en los aeropuertos. Sólo permiten las bolsas que da la organización (prohibida cualquier mochila). La espera hasta la salida es larga (hay 4 oleadas: 9.50, 10.15, 10.40 y 11). Debes localizar tu cajón ya que lo cierran 45 minutos antes de la salida y si llegas un segundo tarde, a esperar a la siguiente oleada.

Hay que llevar mucha ropa de abrigo (que recogen para los necesitados) ya que de madrugada al lado del río hace un frío que pela. Hay carpas en la salida (en una de ellas dan misa) pero no hay 50.000 plazas; toca esperar al descubierto sentado en un bordillo. Desde el atentado de Boston han prohibido las tiendas de campaña o los sacos de dormir, además de los disfraces que se excedan del perímetro del cuerpo (se acabó ir vestido de Torre Eiffel). La espera, junto al madrugón (se sale del hotel antes de las 6) y el duro perfil de la segunda mitad hace que no sea un maratón “para marca" sino para disfrutar de cada detalle. Hay cientos de cabinas de baño en la salida, pero no orinéis fuera de ellas ya que no os dejarán correr si os pillan. Muy importante el desayuno. Por el cambio horario, para tu cuerpo se da la salida sobre las tres de la tarde y es fácil tener hambre en carrera. En la salida dan bagels, café, té, agua, plátanos, Gatorade y barritas en plan “buffet" pero lo mejor es llevar tu yogur con cereales o lo que sea tu desayuno habitual.

Hay salidas azul, naranja y verde. Recomendamos usar la azul, que es la que va por arriba del puente. Si te ha tocado el dorsal de otro color, puedes ir a la azul pero a un cajón cuyo número sea superior al de tu dorsal. Si sois varios amigos y queréis ir juntos podéis hacerlo igual: yendo a la salida del que tenga el dorsal más alto. Antes de la salida cantan a capela el himno americano. Cañonazo de los marines y empieza a atronar el New York, New York de Sinatra mientras avanzas hacia el Puente. Un truco: mantener una sudadera de abrigo hasta que bajéis el puente (son 3 km). Suele hacer mucho viento y es fácil coger frío. En los puentes no está permitido el acceso al público, pero en cuanto bajas entras en Brooklyn que es donde más anima la gente. Con el griterío ensordecedor es fácil lanzarse y luego acabar andando en la Primera Avenida.

El mapa del tesoro

El mapa del tesoro

Pon tu nombre en la parte delantera de la camiseta. Te sentirás como en casa de lo que te van a chillar. Animan tanto que hasta relaja cuando entras Williamsburg, km 16, la zona de los judíos dónde ese día es laborable y reina el silencio. El medio maratón está en la subida del puente Pulaski; con él entras en Queens, donde estarás hasta el Puente de Queensboro (km 25). Son 1.500 metros de subida que resulta algo agobiante, es bastante cerrado… pero según vas bajando oyes el griterío de los miles de personas que te esperan en la Primera Avenida, ya en Manhattan. Yo siempre digo que en Nueva York el muro está antes. El cuerpo está fatigado por el vuelo, el jet lag y los paseos por la ciudad. No es raro tener problemas ya en la Primera Avenida, una recta de 7 km a rebosar de público. Es buena idea ir pegado a un lateral para sentirse más arropado. El km 30 es el único punto de geles. Hay agua y Gatorade en cada milla desde la 3ª a la 25ª (salvo en la 17ª). Si quieres comer sólo dispondrás de plátanos en las millas 20 y 23. Hay gente que se monta su propio avituallamiento y te dan desde chuches a papeles para que te seques el sudor.

En El Bronx estás 3 km; hay menos público pero enrollado. Un nuevo puente, el de Madison Avenue, te lleva a Harlem camino del reto final: subir las 79 calles de la Quinta Avenida, de 138 a la 59, la última milla una subida con desnivel moderado pero que en el km 36 hace daño. “Coronas" la Quinta Avenida y a Central Park con sus subidas y bajadas. Del Parque sales para recorrer la calle 59 hasta Columbus, en la que al ritmo del grupo toca en la esquina vuelves a entrar para hacer los últimos 600 m. Para que no te falle la cara de sufrimiento en meta, la recta final es una cuesta. No entres si no has hecho el recorrido completo. La organización te sancionará con no correr el Maratón de Nueva York nunca más.

Al cruzar la meta un voluntario te dará tu medalla y su “Congratulations". Luego recibirás la manta térmica y la recovery bag con una manzana, agua, isotónico, una barrita de proteína y un bagel. Te toca otro “maratón": volver al hotel. Al apuntarte has podido elegir entre bolsa de ropero (que dejas en un camión en la salida) o recibir un poncho en meta (con forro polar interior y capucha). Si tienes bolsa, caminas mucho; con el forro sales antes, aunque no te libras de 30 minutos caminando hasta el metro. Pero algo ha cambiado ya en tu vida. Al cuello llevas la medalla y te sorprenderá las veces que te va a felicitar la gente que no conoces de nada para los que eres un héroe sólo por haber corrido “su" maratón.