Guerrera

La historia de una auténtica luchadora a la que diagnosticaron cáncer cuando estaba embarazada de gemelas.

Devair Pedroso de Araujo, una guerrera | Adolfo Callejo
Devair Pedroso de Araujo, una guerrera | Adolfo Callejo

Es difícil que trascurran dos minutos sin que Devair Pedroso de Araujo dibuje una sonrisa. Sencillo es recurrir al tópico, pensar que todos los brasileños van por la vida como si las tardes de playa fuesen lo único verdaderamente importante a lo que prestar atención. O simplemente considerar que en sus 42 años de existencia no ha habido más tropiezos que los esperados, que ha disfrutado de un camino sin sobresaltos, acumulando arrugas, pero no cicatrices. La primera vía de investigación no tiene demasiada consistencia. La segunda es falsa.

Deva, como se dirige a ella la gente cercana, arrastra una historia de las que acuden cada noche al filo de la almohada. En 2012, por resumirla en un trazo, recibió una noticia que ensanchó su corazón y otra que lo desgarró en apenas un suspiro; le comunicaron que estaba embarazada de gemelas y diez días después le diagnosticaron cáncer de mama (estadio cuatro). Los médicos, prudentes, aconsejaron abortar. “Lo principal es salvarte la vida", dijeron. Pero ella tenía otros planes.

“Es curioso, porque siempre había sentido el instinto de ser madre y quería que fuesen gemelos, pero por una razón un tanto egoísta, tener más de un hijo sin pasar el trance del embarazo y el parto más de una vez", cuenta, alternando castellano, portugués e italiano (idioma del país donde reside). Lo hace con la honestidad brutal que la caracteriza (tal vez su principal seña de identidad), sin miedo a parecer frívola, ella, que se ganó la vida durante tres lustros como modelo fotográfica. Ahí emerge la razón de que visite en estas páginas.

Tenía que estar en forma y escogió correr. “Soy de Curichiba, al sudeste Brasil, pero la mayor parte de mi vida trabajé en Sao Paulo. Allí salí a trotar a diario e iba al gimnasio. Participaba en muchas carreras populares, pero sin ambición competitiva, solo para mantener la figura", cuenta esta mujer, de padre brasileño y madre bilbaína, que llegó a España poco después, precisamente a la capital de Vizcaya, “donde estudié fisioterapia, mi profesión actual. Entrenaba por la ría, sin duda el mejor sitio para hacer deporte en la ciudad. Corría y también patinaba". De allí a Madrid, donde estableció una relación sentimental con dos templos del atletismo popular, el Retiro y la Carrera de la Mujer Central Lechera Asturiana: “Vivía cerca y siempre iba a correr por ese parque, que me parece un espectáculo. La distancia más larga que llegué a cubrir entrenando fue 20 kilómetros. En cuanto a la Carrera de la Mujer, solo corría esa prueba, desde 2008 no me perdía ninguna edición porque a mi cuñada, dos años atrás, le habían diagnosticado cáncer de mama. Sentía que era un deber participar apoyando la causa". El destino, ya ven, qué cabrón.

Los médicos… me entregué a ellos, les dije que no miraría en Internet ni haría caso a nada que no fueran sus consejos. Mi familia, mi pareja, mis amigos… El apoyo de todos fue fundamental.

Volvamos al momento crucial, en el que, contra todo pronóstico, no fue presa del pánico. Miraba al abismo, pero Deva no se angustiaba al pensar en la noche eterna. Sin miedo, así recuerda esos días. Y lo razona: “Siete meses antes del diagnóstico mi hermano había muerto en un accidente de tráfico y no era capaz de aceptarlo. Soy creyente, y pensé que si Dios me había dado estas niñas era para librarme de la pérdida… Llámame loca, pero una de mis hijas es su vivo retrato, posee el mismo carácter, es increíble".

Su pareja consultó con infinidad de médicos. Españoles, belgas, italianos… Todos decían lo mismo: aborta. Pero el deseo de traer a las niñas al mundo era muy superior al de seguir respirando. Se atrincheró en su decisión y, ante tal demostración de coraje, a los especialistas no les quedó otra que cambiar el paso. “Les estaré agradecida siempre, no tengo palabras para describir como me ayudaron. Los médicos… me entregué a ellos, les dije que no miraría en Internet ni haría caso a nada que no fueran sus consejos. Mi familia, mi pareja, mis amigos… El apoyo de todos fue fundamental", comparte emocionada, recordando los episodios más severos del trance: “Era un embarazo de alto riesgo y durante el mismo me sometí a cuatro ciclos de quimioterapia. El segundo mes, de lo agresivo que era, ya no tenía pelo. Al tercero me quitaron el tumor del pecho y no pudieron recomponérmelo a la primera intervención, tuvo que ser a la segunda por una complicación…

La llegada al mundo del “miracolo de la mia vita" se produjo el 21 de febrero de 2013 en el hospital de Torrelodones. Carlota y Caroline arribaron al mundo mediante una cesárea de emergencia. Deva recuerda que “lo soporté bien, consciente en todo momento. Los doctores hicieron una reunión de emergencia porque no tenía dilatación y las niñas querían nacer. Llegado un punto me preguntaron si ellas o yo. No dudé ni un segundo; firmé un documento diciendo que, en caso de problemas, primero las salvaran a ellas. No podría soportar sobrevivir al cáncer sin mis hijas, que han sido la fuerza por la que lo he superado todo".

No dudé ni un segundo; firmé un documento diciendo que, en caso de problemas, primero las salvaran a ellas.

Su caso es uno de los escasísimos registrados en España de parto gemelar durante la enfermedad. Un pulso a la naturaleza ganado a fuerza de fe. Una potencia vital que, tres meses después, le empujó a colocarse en la línea de salida de ‘su carrera’: “No pude correr, pero llegué caminando". Ha regresado más veces y pronto, quién sabe si el curso que viene, desea completarla junto a sus dos escuderas: “Les he enseñado fotos y vídeos, saben de mi pasión por correr y quieren participar conmigo. De momento suelen acompañarme cuando salgo a rodar o los días que patino y hago gimnasia".

Dos hijas sanas y peleonas, del tal palo ya saben. Un cáncer aplastado por goleada. Y ahora el deseo de ayudar, de relatar su historia para que sirva de estímulo a quienes estén batallando contra la adversidad. Planea escribir un libro. Nosotros planeamos leerlo.

Guerrera

Foto: Adolfo Callejo