“El sábado por la tarde hago un 1.500 en el campeonato de Andalucía de pista cubierta en Antequera y el domingo voy a correr el Zurich Maratón de Sevilla con mi hija María, que en el 92 cuando yo gané estaba en la barriga de mi mujer”, explica un mito como Miguel Ríos, de 67 años, que ganó el maratón de Sevilla en 1992, el inolvidable año de la EXPO.
“Ahora, con mi hija, sólo tenemos el objetivo de terminar. Ella quiere sentir lo que es hacer un maratón”, añade. “Así que nos plantearemos un ritmo cómodo en el que mandarán sus sensaciones”.
Porque, a los 67 años, Miguel Ríos sigue en un estado de forma óptimo. “Estoy haciendo 1 hora y 25 minutos en media. Pero no le des más mérito”, rebate. “Llevo 50 años corriendo y el cuerpo me lo pide. Tengo quinientos mil kilómetros en las piernas, a once mil por año, y las articulaciones me respetan. Los domingos llego a 30 kilómetros y entre semana haré unos 15 diarios cinco días a la semana”.
Naturalmente, ya no es como en el año 92. “Ya no tengo 33 años. Pero ahora tengo más sabiduría. El atletismo me ha ayudado a ver la vida de otra forma y me ha llenado de experiencias inolvidables. He corrido nueve años la maratón de Nueva York, fue internacional en Brasil en los campeonatos iberoamericanos. Llegué a ir a Inglaterra al campeonato del mundo de cross. También fui el primer europeo en el maratón de la noche blanca de San Petesburgo”.
Miguel Ríos recuerda que la maratón de Sevilla editó un libro del 25 aniversario en el que pusimos su fotografía en portada y contraportada recordando su triunfo en el 92. “Fue una carrera de película, como escribió el autor. Yo no era el favorito. Llevaba una de las peores marcas. Vinieron etíopes, brasileños... Pero di la campanada al ganar a los favoritos corriendo solo desde el kilómetro 30 con una mínima olímpica, que entonces era de 2 horas 15 minutos para el maratón de los JJOO de Barcelona 92”.
“Yo trabajaba en la empresa Panrico entre ocho horas y diez horas. Era un operario más de la fábrica que me daba dos horas para entrenar que luego tenía que recuperar. Entraba a las cinco de la mañana y salía a las ocho de la tarde. Pero era una vida que me gustaba. Mi corazón disfrutaba. Para mí no era sacrificio. Era una satisfacción. En el mes de julio paraba y comenzaba a mediados de agosto para preparar Nueva York”.
“Yo hacia dos maratones al año. Sevilla y otro en otoño. Pero es que me gustaba tanto...”, añora. “ ¡Siempre digo que yo estoy vivo gracias al atletismo. Por eso todavía sigo corriendo contra el viento. El atletismo ha dado una forma de pensar y de ver la vida que me ha ayudado a pasar los malos ratos. Uno siempre tiene problemas en la vida. Por eso digo correr contra el viento que es como correr contra la adversidad. ”
“Recuerdo cuando estaba en la élite y el doctor Conde de ‘Anatomía patólogica’, decía que no sabía como podía tener en reposo 27 pulsaciones y en carrera llegaba hasta las 180 y como si nada”, señala Miguel Ríos, que se jubiló hace dos años y que vive en Puente Génil, donde pusieron una plaza con su nombre en la que estuvieron de acuerdo los 35.000 habitantes.”Y todo gracias al deporte”, rememora hoy.




