¿En qué consiste una prueba de esfuerzo?

Tanto si eres primerizo como si eres experto en el running es buena decisión es pasar por el taller para una prueba de esfuerzo.

Equipo C

Iniciación en el running: ¿En qué consiste una prueba de esfuerzo?
Iniciación en el running: ¿En qué consiste una prueba de esfuerzo?

Tanto si eres primerizo en esto del running como si eres un corredor de dilatada experiencia, una buena decisión es pasar por el taller: bien para revisar tu estado general o bien para hacerlo con aspectos concretos, en el caso de que lo que pretendas sea afrontar un objetivo importante. En cualquier caso, la consulta no es un lugar al que acudir sólo cuando aparecen los problemas: el médico es nuestro aliado, no el enemigo.

¿En qué consiste una prueba de esfuerzo?

Para saber qué nos vamos a encontrar cuando nos la hagan, hemos pasado por una clínica de reconocimiento. El objetivo, una revisión completa. El paciente, nuestro experto en material deportivo y ex atleta de élite, Javier Moro. Tras acudir a nuestra cita, la sesión comienza con una charla con el médico para abrir nuestro historial médico y poder completarlo con todos los datos posibles sobre enfermedades y lesiones pasadas, de haberlas padecido.

Aunque uno quiera evitarlo, someterse a un reconocimiento médico es siempre similar a lo que uno siente cuando ha de examinarse, así que resulta difícil controlar la calma.

Uno de los objetivos principales es hacer una prueba de esfuerzo para saber si nuestro cuerpo y su salud nos va a dejar llegar y recorrer el camino que pretendemos hasta el objetivo deportivo marcado; de no ser así, sería una pérdida de tiempo y un serio riesgo para nuestra salud. Éste es un aspecto que siempre hay que tener en cuenta, mucho más importante que cualquier distancia o crono que nos marquemos como reto. En principio, el objetivo es saber cómo funciona nuestro organismo y corazón, pero la prueba se completa con un reconocimiento articular, de fuerza y flexibilidad.

Con ello exploramos si hay lesiones o algún síntoma de que puedan aparecer en breve… ¡Prueba superada! El siguiente paso consiste en una exploración interna: un electrocardiograma en reposo, tranquilo: tumbado, medición de tensión arterial y espirometría. En este punto se encendieron las alarmas; aunque uno quiera evitarlo, someterse a un reconocimiento médico es siempre similar a lo que uno siente cuando ha de examinarse, así que resulta difícil controlar la calma.

Seguramente por esa pequeña tensión que hay cuando sabes que te vas a poner al límite, los resultados de la tensión eran un poco altos, aunque el electro reflejaba total normalidad. Por si acaso, la recomendación médica fue repetir la prueba de tensión en otro día y momento, cuando no nos estemos preparando para correr… Sin ser perfecto, prueba superada.

Con el cuerpo aparentemente listo para correr y todas las exploraciones positivas, hay que subir a la cinta. Si nunca has corrido en cinta mecánica, la prueba te puede resultar complicada. Un consejo: si vas a realizar una prueba de esfuerzo, acude antes a algún gimnasio varias veces para acomodar tu correr al tapete. Seguimos. Cables conectados al cuerpo (igual que en el electro) que serán los que controlen tu corazón y máscara con tubo para medir los gases mientras corres… Toda esta parafernalia tiene su función: será la que indique cuándo estás corriendo de forma aeróbica (utilizando el oxígeno y tu sistema energético lento) y cuándo dejas de hacerlo y pasas a correr de forma anaeróbica (con déficit de oxígeno en tu metabolismo y tirando de tu glucosa para obtener una energía más rápida).

Tras acabar –con el correspondiente derroche de sudor–, el médico recopila todos los resultados para explicar más tarde cada uno de los parámetros.

Estas fases hay que irlas cubriendo minuto a minuto. La carrera empieza andando –¡qué paradoja!– con todo conectado y ajustando tu posición a la cinta mecánica. No se trata de demostrar cuánto puedes correr o cuán rápido puedes ir, así que el ritmo va subiendo minuto a minuto para pasar a correr de manera muy suave. Pero no estás solo: has de indicarle al doctor con la mano en cada momento que todo está okey.

¿Hasta cuándo? El límite de la prueba lo marcas tú al aceptar cada cambio de ritmo, pero también el médico al estar controlando tu monitorización, ya que él ve cuándo entras en el proceso anaeróbico y tu corazón se acerca al límite, punto al que no conviene llegar; con saber dónde se producen los cambios energéticos y de pulsaciones podemos conocer –nosotros mismos o el entrenador de turno– cómo tenemos que correr y entrenar para nuestro objetivo o para correr de manera saludable. Tras acabar –con el correspondiente derroche de sudor–, el médico recopila todos los resultados para explicar más tarde cada uno de los parámetros.

Si no contamos con un entrenador titulado y especializado, el propio doctor te explicará tu gráfica resultante y en qué pulsaciones deberías realizar tus rodajes largos (siempre muy suave), en las que deberías hacer un trabajo intenso de carrera (si así lo requieres) y hasta dónde correr al máximo. Como es lógico, no todos los cuerpos y organismos son iguales y esta orientación nos marca cuánto y cómo podemos correr cada semana para mantener en orden nuestra salud, pero si además de esto realizamos un buen camino hacia nuestro objetivo, la satisfacción será plena. Al margen del precio que establezca cada centro, es un dinero bien invertido como seguimiento y prevención; si con ello evitamos problemas mayores, no sólo ganamos en salud, sino que también evitaremos gastar más en las recuperaciones necesarias para solventar a posteriori los problemas que no detectamos antes.

Hay que recordar que aparte de la prueba de esfuerzo, el entrenamiento ha de estar guiado por profesionales titulados y siempre hay que correr sin saltarse pasos. Lo ideal es estar cinco años corriendo para debutar en medio maratón y diez años entrenando para estrenarte en los 42,195 kilómetros. Hazte una prueba de esfuerzo y minimiza los riesgos.