Dentro del Marathon des Sables

Vivimos la 34ª edición de la mayor aventura en el desierto: "en tu vida hay un antes y un después de correr Sables”.
Elena Moro | Trail Run -
Dentro del Marathon des Sables
Dentro del Marathon des Sables | soycorredor.es

“En tu vida hay un antes y un después de correr Sables”. Así resume Olivier Sepulchre, delegado en España y Portugal del Marathon des Sables, la esencia de la carrera por el desierto más famosa del mundo. El Maratón de las Arenas, traducido al español, es una prueba de 250 kilómetros divididos en seis etapas, corriendo en autosuficiencia por el desierto del Sáhara marroquí.

He de reconocer que me tira más la montaña que el desierto, así que cuando me ofrecieron la oportunidad de cubrir durante unos días la mítica prueba me hice la misma pregunta que me han hecho a mí muchas veces cuando me he lanzado a correr 300 km por los Alpes: “¿por qué lo haces?”.

En el caso de las montañas tengo la respuesta, pero las razones para acudir a la llamada del desierto no las encuentro tan fácilmente: porque, ¿qué es lo que te lleva a correr durante una semana por el desierto, porteando todo lo que necesitas en esa semana, racionando la comida y la bebida, y encima pagues por ello? Pues más de mil personas procedentes de todo el mundo encuentran sus razones para estar en la línea de salida en mitad del desierto cada año desde 1985.

La inscripción al Marathon de Sables cuesta 3.100 euros (sin vuelos) y a pesar de ese precio excesivo para muchos bolsillos, a pesar de que tienes que portear la comida que vas a consumir en estos días, a pesar de que tienes que correr un maratón diario o más y atravesar montañas de dunas bajo un sol abrasador, a pesar de que tu alojamiento tras la dura jornada es un saco de dormir y una fina colchoneta (hay que ahorrar peso), y de compartir una jaima con siete personas más, las inscripciones se agotan en cada edición.

“En tu vida hay un antes y un después de correr Sables”.

Será casualidad o el destino, el caso es que después de que la organización del MSD me invitara a vivir la mítica prueba desde dentro, coincidí con Martín Fiz en una carrera en Madrid. Hasta entonces no me había fijado en su único tatuaje: justo encima de su tobillo derecho reconocí la silueta de una cara con la típica gorra del desierto, gafas de sol y un pañuelo tapando la boca enmarcada en un triángulo… El logo del MDS. Martín Fiz no lleva tatuados los aros olímpicos o una frase conmemorando sus logros en el atletismo, que son muchos… ¡Lleva el logo de Sables!

Martín corrió el MDS en 2003 junto a su mujer Ana, y a ambos la experiencia les marcó profundamente, a Martin, de hecho, le marcó para siempre… Los dos me animaron a venir, aunque yo les decía que pensar en estar rebozada en arena durante seis días no me motivaba mucho (venía de pasar unos días en las playas de Cádiz con Levante)… ¡y encima en autosuficiencia! Acostumbrada a los excesivos avituallamientos sólidos y líquidos, a la Pasta Party y a la cervecita “recuperadora” después de cada etapa de la Transalpine, Sables me parecía una extraña forma de penitencia… pero la curiosidad me ha vencido.

Me intrigan las razones que te llevan a enfrentarte a esta dura prueba en el desierto. Y a eso he venido, a averiguarlo. En estos días en el bivouac (el poblado nómada de los corredores) intentaré descubrir ese poder de atracción del Marathon des Sables.

Dentro del Marathon des Sables

Dentro del Marathon des Sables

Rumbo al desierto

Madrid-Casablanca-Ouarzazate. En el aeropuerto ya veo a algunos pasajeros que "intuyo" van a participar en el MDS: "les reconocerás por su pinta de sableros", me advirtió Toti Roselló, responsable de prensa del MDS, y así fue: vestidos deportivamente, zapatillas de trail dos tallas más grandes, mochila con dos grandes bidones en el pecho, y una esterilla plegable colgando por fuera. No hay pérdida... En la escala en Casablanca nos juntamos con el vuelo que viene de Barcelona, los participantes españoles empiezan a familiarizar entre ellos, y en la espera del embarque surgen las tertulias en torno al "monotema": "¿tú cómo te lo has montado?, ¿cómo has repartido las calorías? ¿has traído colchoneta o has preferido dejarla?"... En el MDS hay una extensa lista de material obligatorio y recomendado, y una cantidad de calorías que tienes que llevar cada día si no quieres que te penalicen (por defecto o por exceso). Y también empiezan los sudores fríos de algunos, como cuando tenías examen al día siguiente y algún compañero te decía: ¿pero no te has estudiado el tema XX? Y tú: "¡¡¿¿pero ese tema entraba??!!"

Los olvidos son frecuentes (a uno el hornillo, al otro los cubiertos o traer un plumas potente para combatir las frías noches del desierto). Cova, otra de las responsables de la delegación de Sables en España, lleva viniendo al MDS desde hace 15 años, experiencia suficiente para haber visto de todo: "a veces por ahorrar 150 gramos no se traen la colchoneta y descansan fatal, y hay que recuperarse después de cada etapa para llegar al final".

Al llegar a Ouarzazate de madrugada nos viene a recibir al aeropuerto el mismísimo Patrick Bauer, el creador del Marathons des Sables. Ante mi asombro, Cova me dice que lo hace con todo el mundo, y desde la primera edición hace 34 años... Increíble.

Una caravana de autobuses recoge a los partipantes para llevarles a la nada, al medio del desierto, donde los montadores, en su mayoría bereberes, han preparado el bivouac o campamento nómada que servirá de cobijo y comunidad de vecinos a los corredores y personal de la organización (400 personas) durante esta semana. La primera vez que ves esta ciudad portátil impresiona: las jaimas de corredores, negras, en un lado y dispuestas en círculo, las de la organización en el otro, la de los médicos en otro, las jaimas de prensa donde me encuentro ahora escribiendo esta crónica... Una organización perfecta que tiene que funcionar como el engranaje de un reloj suizo.

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