María Vicente, la navaja suiza de España Atletismo

Charlamos con Ramón Cid, entrenador de la más joven de las participantes en el heptatlón, sobre cómo afronta sus primeros Juegos Olímpicos una de las grandes esperanzas de futuro de nuestro deporte.

María Vicente en su serie de los 100 metros vallas de Tokio 2020; corrió en 13.44, ocupó la cuarta plaza y atesoró 1059 puntos. Sportmedia.
María Vicente en su serie de los 100 metros vallas de Tokio 2020; corrió en 13.44, ocupó la cuarta plaza y atesoró 1059 puntos. Sportmedia.

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María Vicente llega a zona mixta con los efectos de las dos primeras pruebas del heptatlón asomando a su rostro. “Estoy bastante cansada”, reconoce. Ha sido un buen arranque, aunque lo analice con sentido crítico. En las vallas logró la segunda mejor marca de su vida (13.44) y en la altura (1,77 m) igualó su registro personal. “Salí por la calle dos y corrí sola, la pelea estuvo en las calles exteriores, creo que eso me hubiera beneficiado un poco más”, cuenta sobre la carrera que le otorgó 1059 puntos y la condujo a la 12ª plaza de la clasificación. Más descontenta se mostró con sus prestaciones sobre el listón: “Es cierto que he estado a mi nivel, pero creo que podría haber saltado un poco más. En el tercer intento sobre 1,80 tuve un fallo en la carrera de aproximación y la frené… ya solo me quedaron 15 segundos para volver a empezar de nuevo”. Sumó 941 puntos y descendió al puesto 16º.

Nada que pudiera sorprender a su entrenador, Ramón Cid (San Sebastián 1954), con el que charlábamos ayer, apenas unas horas antes del arranque de la combinada. Es consciente de que la altura es la más floja del repertorio. Analizando el camino a Tokio, considera que “María ha salido muy favorecida de la desgraciada prórroga de los Juegos. En esa prórroga ha habido alguna cosa positiva, y una de ellas es que a la gente joven como ella le ha dado la oportunidad de estar aquí. Tiene 20 años y está muy curtida en el mundo de las categorías menores, donde tiene un currículum descomunal, pero ahora debe ir dando el paso hacia mundo real, donde lo que hayas hecho anteriormente ya no vale. Está muy bien como palmarés pero esto va muy rápido… Y en esa situación llega a unos Juegos en los que es la más joven de su especialidad, y no lo digo como justificación de lo que pueda hacer, es solo una constatación, porque el heptatlón es una prueba en la que se necesita bastante madurez; aunque haya habido excepciones, por regla general precisa madurez”.

Si hablamos de las posibilidades, de tachones rojos en la agenda, de puestos y marcas, encontramos al hombre sereno y cabal que siempre fue, un analista preciso que no deriva hacia previsiones grandilocuentes ni se deja arrastrar al pesimismo. Equilibrio por bandera. Y mucha sensatez. Así era su discurso durante su periodo como director técnico de la Real Federación Española de Atletismo (2013-2018) y así es ahora que ha vuelto a su pasión, bajar cada tarde a entrenar con su grupo en las pistas de Anoeta. “El venir es ya un objetivo cumplido porque en combinadas sólo vienen 24 atletas, es decir, el cupo se llena enseguida. Una vez aquí se trata de asumir la responsabilidad e intentar hacerlo bien”, allana el camino antes de meterse en faena: “Los objetivos que nos marcamos no son quedar tercera, quinta o séptima… Por supuesto medalla es imposible… bueno, hablar de imposibles hoy en día… pero vamos, que sería irreal e injusto hablar de medalla. Además, María no sabe lo que van a hacer las demás, cuando hablamos de medallas solemos obviar siempre esa parte de la ecuación. Lo que sí podemos afirmar es que ella va a intentar hacerlo bien. La medalla… es que no quiero ni decir la palabra. El objetivo que ella se marca es, como dicen en el fútbol, ir partido a partido, prueba a prueba. Si sale medianamente bien un objetivo es hacer récord de España y, quizás, la mínima para el Mundial de Oregón, 6420 puntos”.

Es un desafío ambicioso, sin demasiada concesión al tropiezo, pues, como decía el mito Daley Thompson, el decatlón son diez oportunidades para fracasar. Siete en el caso de María y sus rivales. Una de ellas, la cubana Yorgelis Rodríguez, 7ª en Río, ya está fuera, tropezó apenas arrancados los 100 metros vallas; la frase, pues, tiene vigencia. Ramón avisa: “Puede conseguir el objetivo sin hacer marcas excepcionales, pero lo que no puede permitirse es un fallo gordo. La clave es esa y, a partir de ahí… lo que se dé. Si hace 6400 y pico, 430 o 40, récord de España por 140 puntos, la mínima… normalmente implicaría estar en una buena posición en la general. Ese es el planteamiento”.

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María Vicente hablando con su entrenador, Ramón Cid, durante el transcurso de la prueba de altura. Sportmedia.

El que fuera plusmarquista nacional de triple (16.71 fue su encadenado de saltos más largo) y dos veces olímpico (Montreal 76 y Moscú 80), sabe que los entrenamientos no mienten y María “llega bien mental y físicamente. En dos o tres pruebas lo puede hacer muy bien y alguna otra la tenemos hilvanada. Tiene un potencial alto pero también lo es el nivel de incertidumbre, pero eso es consustancial a las combinadas, siempre hay un par de pruebas que peligran. Aunque hay otras dos en las que puede destacar… te digo más, venga, voy a decírtelo: creo que puede ganar una, el 200. Le ha tocado la calle dos, pero bueno… puede ser la primera”.

A menudo los expertos asignan a los ‘combineros’ un perfil determinado en función de su destreza para saltar, lanzar o correr, pero Ramón reconoce que le resulta complicado clasificar a su pupila en esos términos: “Tiene un salto muy bueno, la longitud, y otro malo, la altura, así que no puedes decir que tenga un perfil saltador. De momento tiene un lanzamiento mediano, el peso, y puede tener uno muy bueno, la jabalina. Así que tampoco puedes afirma que el perfil sea de saltadora o lanzadora. ¿Y corriendo? Pues tiene un 200 excepcional, unas vallas decentes y, de momento, un 800 flojo. Así que me cuesta mucho responder a tu pregunta”.

Hace ya muchos años que los devotos del citius, altius, fortius, escuchamos por vez primera el nombre de María Vicente. La niña maravilla. Más de cincuenta récords nacionales. Medallas para hacer volcar un camión. Títulos mundiales y europeos. Un abanico de prestaciones ilimitado, tanto que hasta domina el triple salto, un evento fuera de la órbita de las pruebas combinadas. Es una estrella precoz que escucha a lo lejos cantos de, tal vez, demasiadas sirenas. Nada que suponga un problema en lo estrictamente deportivo, según el técnico vasco que, campeón de Europa júnior en el 73, también supo lo que es destacar en la adolescencia: “María tiene una ventaja, es inteligente. Además de ser físicamente una excelente atleta, es inteligente. Tiene mucho ruido a su alrededor, cierto, pero es consciente de que todavía no ha hecho nada y el mundo real empieza ahora. Ella convive muy bien con ese ruido, le gusta incluso. Estos días han estado en boca de todos los problemas de Osaka, de Biles… Ella eso no lo va a tener, le gustan las entrevistas, las fotos… afortunadamente no es algo que le agobie, lo disfruta. Es consciente de sus puntos débiles y la notoriedad y el ruido no le hacen perder la perspectiva. Aunque sí que es verdad que genera expectativas desproporcionadas para la edad que tiene”.

Y pide, arrastrado por los dictámenes de la lógica, prudencia: “Tenemos que esperar un poco. Parece que hay que exigirle récord de España cada vez que compite y si miramos sus trayectorias, muchos de nuestro equipo, que lo están haciendo excepcional, han pasado un desierto en algún momento de su vida. Incluso Ana Peleteiro, que tuvo unos años muy malos y… ¡mira ahora! Este es un deporte en el que hay que ser muy persistentes porque las épocas valle nos las vamos a encontrar. Hay que tener un entorno, una cabeza y una consistencia para seguir adelante. Espero que ese valle no lo atraviese María y sea todo un línea ascendente, pero debemos estar preparados por si llega”.

El trabajo está bien, una escuela ineludible. Pero el talento atrapa, deslumbra. Es lo que levanta del asiento al que paga la entrada y lo que hace disfrutar a las mujeres y hombres del crono, a los que siguen las evoluciones de los artistas de lunes a domingo, a pie de tartán, sin focos, ni start list o presentaciones edulcoradas con luces y fanfarrias: “Me gusta ser entrenador y ella es fácil de entrenar. El otro día hacía un símil un poco deshumanizado, pero creo que acertado; a alguien que le guste conducir le encantaría conducir un Ferrari. En esta vida he estado conduciendo a gente maravillosa pero no tenían tantos caballos de potencia, aunque precisamente son esos los que te hacen aprender para cuando te llega una atleta como ella. Es así, María y Teresa Errandonea son Ferraris. Y a mí me entusiasma entrenarlas. Es muy buena, pero todavía tiene muchas lagunas y eso es una buena noticia. Tiene muchas lagunas y muchas incertidumbres. Tiene que mejorar mucho condicionalmente, en algunas pruebas técnicamente, ser más consistente… Es positivo que tenga tanto margen de mejora porque posee una buena materia prima en todos los sentidos. Motrizmente es inteligentísima, te coge enseguida un gesto y la malicia del mismo, te lo devuelve mejorado… Es un placer verla entrenar”.

Hombre del atletismo de pies a la cabeza, con el ego bien embridado, desea que su sitio esté en el margen de la foto: “A mí personalmente me coge en una edad en la que no me importa lo que se diga fuera, no me preocupa el ruido que yo pueda tener, que se cuestione mi trabajo. Mi vanidad está satisfecha. Me fastidiarían las críticas en un momento dado, claro, si las cosas no fueran bien. Tampoco tengo ningún sentido de la posesión como entrenador, cada uno tenemos un recorrido y si en algún momento María necesitase ir a otro sitio para progresar le diría: vamos a buscar a alguien con el que puedas seguir creciendo. Eso es lo único importante, que ella pueda seguir evolucionando. En el año y medio que llevamos juntos estoy muy satisfecho, pero hay que mejorar en todo, en la actitud también”.

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María Vicente superando el listón situado en 1,77 m, lo que le proporcionó 941 puntos. Sportmedia.

Los días en la villa son ricos en matices para el deportista. Momentos de goce máximo, chutes de espíritu olímpico, se entremezclan con desvaríos de tedio y ansiedad. Nervios ante la competición más importante de sus vidas. De la de todos. Cada uno maneja la situación como buenamente puede. María no es de las de taladrarle la cabeza a nadie con sus preocupaciones: “No, es cero pesada. Quedamos a entrenar y luego, para cualquier cosa me manda un WhatsApp. No solo se trata de ser fuerte física y técnicamente, sino de ir teniendo una capacidad de decisión y autonomía grande. Normalmente sólo hay que decir una vez las cosas. Tampoco yo soy nada pesado. Además, aquí está con Teresa, son súper amigas, se llevan muy bien, no necesitan que nadie esté encima de ellas”.

Hoy ya se ha puesto el dorsal, pero desde que llegó a Tokio no hubo grandes machaques. La munición, mejor no derrocharla en salvas. “Descansar bastante y tocar un poquito todas las pruebas, jugar. Más que nada coger las referencias. Ha hecho poquita calidad, unos toquecitos, algún 150, algún talonamiento… Vuelvo al símil de los coches; apretar algún tornillo, pero no meterse en el motor ni en la pintura, sólo pequeños ajustes físicos y mentales”, comenta el preparador ante las intensas cuatro jornadas que esperan a María.

Y finaliza con una apreciación. Un elemento clave: “Ella disfruta con la competición, le encanta competir y los nervios previos a la competición. Lo pasa mal, pero lo pasa muy bien pasándolo mal… lo cual es buenísimo en este deporte”.

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