¿Por la mañana o por la tarde?

¿A qué hora del día es mejor entrenar? ¿Mañana, mediodía o noche? Existen buenísimas razones para cada franja, la que se adapte a tu ritmo de vida será la más idónea siempre.

Ane Martín

Por la mañana o por la tarde
Por la mañana o por la tarde

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Cualquier hora tiene sus pros y contras e incluso las preferencias son diferentes para cada corredora pero la realidad hace que la mejor hora del día para entrenar sea aquella que mejor se adapte a tu ritmo de vida.

Tanto si eres una persona madrugadora, noctámbula, o prefieres utiliar la hora de comer en el trabajo para salir a sumar tus kilómetros, lo más importante es agendarlo como una tarea más, inamovible al igual que cualquier reunión o tarea del día.

Si entrenas por la mañana temprano...

¡Cómo cuesta levantarse cuando suena el despertador! La clave es muy simple, pasa por poner el pie en el suelo, una vez que consigues esto, lo demás está hecho. Tanto si has dormido suficiente, ochos horas es lo idea, como si no has podido descansar en condiciones, en cuanto lleves 5 minutos corriendo se te habrá olvidado. Por la mañana la temperatura de tu cuerpo y tu ritmo cardiaco están en sus niveles más bajos.

Un truco es dejar el despertador lejos de ti para que te tengas que levantar de la cama para apagarlo; y, una vez que estés despierta, pon tu ropa de entrenamiento en una habitación iluminada, cuando la luz impacte en tus ojos apens abiertas, se activará tu glándula pineal que para de producir melatonina, ayudándote a despertar.

Intenta cenar carbohidratos fáciles de digerir como brócoli, judías verdes o lentejas. Apaga el ordenador y la televisión al menos 30 minutos de irte a la cama y baja las persianas al máximo, la ausencia de luz favorece la producción de melatonina, que te induce el sueño.

Si entrenas a mediodía...

El nivel de melatonina de tu cuerpo está en sus mínimos a mediodía, por lo que psicológicamente es cuando estás más en alerta. Mientras puede ser tentador seguir insistiendo en el trabajo, los emails se amontonan, las llamadas pendientes se acumulan, las reuniones se alargan... es tiempo de descanso. Y, si no has comido, probablemente preferirás comer que entrenar.

Calendariza tu entrenamiento como si fuera cualquier otra reunión, ponlo en tu agenda y táchalo después de haber cumplido la misión. Divide tu comida en dos: come la mitad una hora antes de salir, y toma la parte que te queda después de hacerlo. No te estreses por perder tiempo de trabajo, está demostrado que el ejercicio aumenta la productividad.

Si entrenas a última hora del día...

¡Cuesta y mucho! Cuando estás mentalmente y físicamente cansada al final del día, la dopamina, la sustancia química del cerebro que te da energía y te hace sentirte despierta, va a estar baja, así como el azúcar de tu sangre.

O te cambias de ropa nada más cruzar el umbral de tu puerta de casa antes de que el sofá o las tareas te atrapen, o prepárate, cámbiate en el trabajo y ve directamente al gimnasio o la pista. Mantén tu energía con un tentempié antes de salir a entrenar.


PÓDCAST: Por qué las mujeres debemos entrenar diferente a los hombres

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