No te voy a mentir: cuando abrí la caja de las Brooks Glycerin Max 2, pensé que no iban a ser mis compañeras durante mucho tiempo, dado el grosor y forma de la suela. He probado múltiples marcas y modelos con una amortiguación más o menos sobredimensionada y pocos se han adaptado a mis preferencias, de ahí este prejuicio (ya convertido en manía, lo confieso).
Lo mismo puedo decir de la curvatura en la puntera, que sirve para que tus zancadas sean más rápidas, más potentes y más fluidas. En la práctica, la mayoría de las zapatillas con esta configuración me impulsan con tal vehemencia que, si estoy bajando unas escaleras, tengo que agarrarme a la barandilla para no caerme. O esa es la sensación que me proporcionan.
Esta pequeña exageración no está muy lejos de la realidad: por mis dimensiones y peso nunca he necesitado una amortiguación notable. Normalmente, me parece masiva y hasta fastidiosa, ya que no me permite notar bien lo que hay bajo mis pies. Si además de ser un poco torpe (ejem, sí soy), sumas que una suela gruesa me resta confianza en la pisada y añades un diseño que me empuja hacia delante a toda costa… puedes imaginar el desastre.
Por eso me pongo con cierto recelo las Glycerin Max 2. La mejora respecto a las Glycerin Max originales está en la parte superior de malla: el tejido Air Mesh en jacquard triple ofrece un ajuste más refinado, cómodo y seguro, prometiendo sujeción. Te adelanto que este apartado se cumple: esta zapatilla para mujer se adapta al pie como un calcetín y es igual de confortable.
La altura de la suela supera los 6,5 cm. cerca del talón, eso explica que me sienta más lejos del terreno que piso. El espejo del ascensor me confirma mi nueva talla y me llevo una primera sorpresa: a pesar de que mido menos de 1,60 m., estas Brooks, visualmente, no parecen desproporcionadas. Siguen ganando puntos.
Un par de minutos después, empieza lo bueno: echo a correr esperando el temido balanceo hacia delante y… efectivamente, está ahí, pero de una forma racional, natural. La transición te hace colocar el pie perfectamente en cada zancada para ir a por la siguiente. El talón apenas se apoya y concentras la pisada en la zona media y delantera casi sin darte cuenta, cumpliendo con la técnica que señalan los expertos para avanzar más deprisa.
Aquí, por supuesto, la amortiguación juega un papel protagonista. Las Glycerin Max fueron las primeras zapatillas para correr de Brooks con tecnología DNA Tuned en la mediasuela; su evolución ha heredado esta espuma con nitrógeno inyectado que proporciona aterrizajes cómodos y un despegue potente gracias al diseño de doble celda en una única pieza (esto elimina la necesidad de capas adicionales o pegamentos). La sensación de pisar sobre un terreno acolchado (pero sin “enmascarar” completamente lo que hay en el suelo) es intensa: tus articulaciones están protegidas de impactos.
Entonces te das cuenta del trabajo que está realizando la geometría GlydeRoll Rocker para unas transiciones ágiles y suaves, sin esfuerzo y, lo más importante, sin restarte sensaciones ni seguridad, ya que el apoyo es firme desde el talón a la punta. Aun sabiendo que las Brooks Glycerin Max 2 son perfectas para alguien con un peso mayor que el mío, por fin unas zapatillas con esta configuración (amortiguación evidente + puntera curvada) cobran sentido en mi vida.
Precio: 200 €
