Marta Pérez: anatomía de una mujer corredora

La corredora soriana ha protagonizado un 2021 espectacular, instalándose entre las mejores corredoras del mundo y llevando su marca personal a la frontera de los cuatro minutos.

Paula Gallego

Marta Pérez ya está en la élite mundial de los 1500 metros y en esta entrevista conocemos el camino hasta lograrlo. JAIME DE DIEGO.
Marta Pérez ya está en la élite mundial de los 1500 metros y en esta entrevista conocemos el camino hasta lograrlo. JAIME DE DIEGO.

Marta Pérez es corredora. Su talento, por el que protagoniza estas páginas, es el de competir con las mejores atletas de 1.500 metros de su generación. Lo hace consciente de sus limitaciones pero también de sus virtudes, con un compromiso por su trabajo que se refleja en cada carrera, en cada entrenamiento, casi en cada frase que sale de su boca. Pero además de ser rápida y competitiva (cuenta con una marca de 4:04.88 en 1.500 metros y fue cuarta en el último Campeonato de Europa en pista cubierta), es una de las voces más escuchadas de nuestro atletismo, quizá porque, precisamente, habla de mucho más que de dar vueltas al óvalo de 400 metros. También por eso queremos plasmar todas sus reflexiones en este reportaje en el que viajaremos desde su pasado, nacida y criada en Soria, hasta su presente en Madrid y su futuro más allá de los Juegos Olímpicos de Tokio.

Entrevista publicada originalmente en el número 26 de la revista CORREDOR (junio 2021).

- PASADO -

Una vez te escuché decir que vives de prestado, hablando de un poema de Gloria Fuertes, refiriéndote a lo que te aportan los demás, especialmente tu familia. ¿Cómo fue tu infancia?

Muy afortunada, buena y estable. Me he criado en una ciudad en la que la calidad de vida es alta y es fácil que los niños crezcan a su aire, pero siempre con la influencia de dos padres que han sido muy docentes conmigo y con mis hermanos. Ellos me han inculcado muchas cosas buenas. Somos una familia grande y eso nos ha enseñado a ver muchas historias y conocer más de lo que tenía en mi ciudad, de enriquecerme poco a poco. En cuanto a mi educación escolar, la calidad educativa en Soria es muy alta y eso para los que nos hemos criado allí es una gran ventaja.

Casi todo el mundo sabe cómo creciste como atleta pero, ¿cómo se forja tu carácter?

Por la gente que me he ido encontrando pero fundamentalmente por mi familia. Aunque también creo que siempre tienes algo propio que es tuyo, no sé si por una cuestión genética o por qué. Y claro, el atletismo ha sido fundamental en esa formación del carácter. En el desarrollo influyen mucho las decisiones que tomas y practico atletismo desde muy pequeña. Allí me encontré en un ambiente en el que estaba muy a gusto, me conocía a mí misma y me relacionaba de forma muy valiosa con los demás miembros del club de atletismo. Lo que me enseñó Ramón Zapata, mi primer entrenador, es algo que transciende el atletismo: la constancia, la determinación, el compromiso… Y también cosas básicas como la puntualidad. Todo eso acaba forjando tu carácter.

¿Cómo te tomabas el atletismo de pequeña?

Por supuesto no era profesional lo que hacíamos, pero sí que desde pequeña el hecho de entrenar tenía una importancia. Hay gente que se toma las actividades fuera de colegio como “un día voy, otro no”,  pero para nuestro grupo el hecho de entrenar siempre requería implicación. Era complementario a tu vida, sí; pero fue algo que tenía importancia y Ramón nos lo supo transmitir desde el principio. Y en cuanto al entrenamiento, desde pequeña sé lo que son los entrenamientos de series, hacer sesiones de técnica de carrera o ir a rodar. No era profesional pero tampoco un juego.

La sonrisa de Marta Pérez es uno de sus sellos de identidad. JAIME DE DIEGO.
La sonrisa de Marta Pérez es uno de sus sellos de identidad. JAIME DE DIEGO.
 

¿Qué puntos de inflexión crees que son importantes antes de ir a vivir y entrenar a Madrid?

Uno de los que más recuerdo como “quizá se me da bien el atletismo” fue el primer Campeonato de España al que fui, categoría cadete, en Valencia, en pista cubierta. Todo lo que había hecho hasta entonces eran pruebas de campo a través y competiciones autonómicas, y allí fui segunda, un resultado que no me esperaba. Disfruté mucho de la competición y de una cosa tan simple como ver gente de otros sitios de España. Y el otro momento importante fue la descalificación en Oviedo en otro Campeonato de España en pista cubierta. Fue una de las veces que más claro vi el carácter de mi entrenador. Le quitó importancia y, a pesar de que me llevé un disgusto tremendo, al día siguiente nada había cambiado. Volví a entrenar y tanto mi entrenador como mis compañeros seguían allí. También fueron importantes los últimos años que estuve viviendo en Soria, cuando llegaba el verano me empezaba a quedar sola con otros dos compañeros y los demás ya dejaban de entrenar. Y no me importaba. Me di cuenta que tenía una implicación con el atletismo que hacía que estuviera renunciando a otras cosas más habituales entre niñas de esa edad.

Ganabas a menudo (campeona nacional en todas las categorías), pero no corrías rápido como para estar entre las mejores de las tablas históricas en las categorías menores.

En realidad tampoco ganaba tanto, pero no, nadie me transmitía esa necesidad de hacer tal marca o tal mínima. Para mí lo que estaban marcados eran los campeonatos de España y ahí te daba igual la marca que hicieras.

Supongo que esa época coincidió también con el momento en el que te cambió el cuerpo. ¿Fuiste consciente de todo ese proceso?

El tema del cambio del cuerpo de la mujer lo he reflexionado cuando he sido una adulta. En mi caso no tuve un cambio súper brusco y es verdad que era muy pequeñita y crecí, pero no supuso un conflicto personal. Eso sí, me afectó en el atletismo y no se reflexionó sobre ello. Hubo dos años, coincidieron con el bachillerato, en los que me estanqué bastante. Mi desarrollo fue tardío, engordé (aunque eso no me preocupaba) y pasé a correr menos. Lo achacábamos siempre a los estudios, a la selectividad, al agobio… Corría menos, pero nadie pensaba que uno de los factores era el cambio de mi cuerpo o las alteraciones hormonales.

¿Cambiarías algo de tu época de formación como atleta? ¿Y como persona?

De mi adolescencia como persona, sí. Como atleta, no. Como atleta no tuve ninguna prisa ni nadie me la transmitió. No tenía esa calidad de correr con 17 años con las absolutas. Iba a mi ritmo, que es al que podía ir. Tuve muchísima suerte y disfruté de aquellos años.

En Soria estabas cerca de algunas de las mejores mediofondistas del momento.

Quizá me hubiera gustado acercarme más a esas figuras como la de Iris Fuentes-Pila. Sabía que había gente muy buena entrenando en Soria pero ni siquiera compartíamos los lugares de entrenamiento y al final estaba siempre entrenando con los niños de mi edad.

Tuviste la oportunidad de irte a Estados Unidos a estudiar la universidad.

Quería estudiar Medicina y allí no podía. Ni me lo planteé.

Ya en Madrid, ¿eras consciente de lo que suponía compaginar el atletismo con la Medicina?

No. Mi camino ha sido muy tranquilo y las cosas han ido encajando poco a poco. Vine aquí a estudiar Medicina y busqué un entrenador con el que podía entrenar por las tardes porque por la mañana iba a clase. De hecho, la primera opción fue Arturo Martín, pero él por las tardes entrenaba en Moratalaz y a mí me pillaba muy lejos. Ni siquiera vivía en la Blume porque no tenía beca interna. Sabía que había que ser organizada, pero era algo que llevaba haciendo toda mi vida.

Fue muy importante la plata de 2015 en el Nacional porque me planté en la línea de salida intentando ganar la carrera. Luego en 2016, además de verme capaz, tenía el entrenamiento hecho y las cosas mucho más a mi favor.

El primer año en Madrid, con Antonio Serrano, revientas tus registros.

Viví el atletismo más profesionalizado y corrí mucho más ese año, quizá también porque en los dos años anteriores había estado estancada en cuanto a resultados.

Clásicos altibajos de la edad hasta 2015, cuando ya peleas por el título al aire libre, y 2016, cuando lo ganas. ¿Qué supuso ser campeona de España al aire libre en una prueba como los 1500 metros?

Creo que fue más importante incluso la plata de 2015 porque me planté en la línea de salida del Nacional intentando ganar la carrera. Luego en 2016, además de verme capaz, tenía el entrenamiento hecho y las cosas mucho más a mi favor. Me hizo muchísima ilusión. Es que ganar es muy complicado y además creo que competí muy bien.

Poco antes de ese título nacional estuviste en el Campeonato de Europa de Ámsterdam. ¿Te sentías ya en la élite del atletismo?

Estaba en forma y preparé ese campeonato pero quizá no tenía la convicción de entrar en la final. Es una internacionalidad que ahora veo lejos y quizá la meto en mi época de formación. Llegó y simplemente me lo tomé como algo positivo. Igual que todo mi desarrollo fue tranquilo, la primera internacionalidad también fue muy natural.

Las zancadas de Marta Pérez en el Polideportivo Municipal de Gallur, Madrid. JAIME DE DIEGO.
Las zancadas de Marta Pérez en el Polideportivo Municipal de Gallur, Madrid. JAIME DE DIEGO.

- PRESENTE -

Vas a tu primer Mundial y cambia tu perspectiva.

No sé si fue ganar el Campeonato de España de Gijón o el hecho de que ya empezaba a crecer, pero aquel año, 2017, ya me planteé estar en el Campeonato del Mundo de Londres  y cuando llegué allí mi intención era pasar a las semifinales.

Hay una imagen tuya después la carrera en la que se puede ver tu cara de felicidad mientras abrazas a Caster Semenya, tras hacer marca personal y rozar la calificación a semifinales.

De aquel campeonato tengo un recuerdo espectacular. Me vi metida en el atletismo de máximo nivel, calentando al lado de gente como Dibaba, Bolt, Farah o Semenya. Hasta ese momento les veía lejísimos, que no es que ahora esté cerca de su nivel, pero en aquella fiesta compartíamos espacio. También me di cuenta de que había que correr mucho más para estar con las mejores.

En 2018 haces una temporada perfecta con marcas personales en 800 m (2:01.82) y 1500 m (4.04.88). Ganas el Nacional y estás en la final del Campeonato de Europa. ¿Cómo valoras con perspectiva aquel año en el que el final, con esa novena plaza en Berlín, fue algo decepcionante?

Fue un buen año pero me hubiera gustado haber competido en alguna carrera más de nivel para haber sacado de verdad lo que entrené. Globalmente no hice una mala competición en Berlín: el afrontamiento, la previa, la confianza… Estaba convencida de mis posibilidades y me sentía parte de esa final pero en la táctica me equivoqué y cambié demasiado bruscamente. No me arrepiento de aquello, ni siquiera aquella noche en la que de verdad creía que era capaz de estar más cerca de las medallas.

Sin embargo 2019 tenía para ti unos meses muy duros. ¿Qué pasó aquel verano?

Creo que hice muchas cosas mal. Para empezar nos equivocamos en el planteamiento de la temporada, centrándonos en que llevábamos dos años muy rodados logrando la mínima 'sin querer' y ese año pensamos en que tenía que tener la mínima X día y cada vez que no la lograba pensaba que era una oportunidad perdida. Es verdad que corrí Roma y Huelva muy bien, en junio y las dos en 4:07, con el Campeonato del Mundo de Doha en octubre. Después de esas carreras tuve anginas, me costó volver a entrenar y todo comenzó a ser un desastre. Además, hubo varios problemas de ambiente en el grupo que a mí me afectaron porque no me estaban saliendo las cosas, pero sobre todo fue un problema de comunicación. No estaba a gusto y no era capaz de comunicarme con los que estaban a mi alrededor. Y si no te comunicas, los demás no te pueden ayudar. Me sentí muy sola. Estaba con los mismos de siempre pero me sentía sola. Fue un tema emocional, tenía muchísima ansiedad compitiendo, con los tiempos de paso en la cabeza continuamente y cometiendo muchísimos errores tácticos. Es que no disfruté nada. Ninguno supo comunicarse. Solo pensábamos que había que dejar pasar todo hasta Doha. Curiosamente, cuando hice la mínima fue cuando me alejé de lo que me creaba malestar: conseguí estar pausada y tranquila. Fue en Polonia, con Esther Guerrero, después de una semana entre la Copa de Europa de Selecciones y la carrera donde conseguimos la mínima. Esther es una persona que transmite mucha calma.

Y aún así, haces 4:05.85 y eres 16ª en el Campeonato del Mundo con más nivel de la historia en los 1.500 metros. Desde fuera parece complicado entender cómo podías estar tan rota emocionalmente tras esa semifinal en Doha.

Aunque muchos los acababa llorando, los entrenamientos los acumulaba y además no estaba teniendo problemas físicos. Además creo que aunque no estaba a gusto aquel año, sí que hice un buen afrontamiento antes de Doha con Pablo Del Río, mi psicólogo. Lo que no quería es que estar mal emocionalmente fuese una excusa. Me había costado tanto llegar a ese Mundial… El ambiente de la selección también es verdad que me ayudó mucho. No puedo decir que no disfrutara de aquella internacionalidad, pero cuando acabó necesitaba desahogarme y entender qué me había pasado. Ahora he sido capaz de explicarlo pero aquella noche no podía explicar absolutamente nada de lo que me ocurría. Es que no sabía ni siquiera si quería seguir corriendo. Había perdido completamente la confianza en mí misma y eso nunca me había pasado en ninguna faceta de mi vida. Y lo peor: no sabía cómo había ocurrido. En ese momento me daba completamente igual haber sido 16ª del mundo. Fue un pequeño bache relativamente corto gracias a la ayuda mi pareja, mis padres, mi psicólogo… No fue súper grave pero sí que sufrí porque tengo mucho amor propio y cuando vi que lo había perdido me hundí. A alguno le parecerá algo banal, pero así fue.

El factor suerte del entrenamiento. Hiciste lo mismo que el año anterior pero no funcionaba.

Es un factor, desde luego. También creo que en 2019 me equivoqué en muchas cosas pero sí que es verdad que en el deporte tú puedes hacer las cosas igual y que te salga completamente al revés. Influye cómo tu cuerpo se haya adaptado (y más en nuestro caso, las mujeres, con ciclos hormonales muy irregulares), tu cabeza, cómo te tomes las competiciones… Incluso cómo asimiles el resultado de tu primera competición. Y ahí sí que influye la suerte. Que ese día haga viento, que la carrera sea buena. Y de cómo sepas magnificar o relativizar las cosas que no son importantes.

En sus zapatillas siempre hay mensajes y palabras de ánimo. JAIME DE DIEGO.
En sus zapatillas siempre hay mensajes y palabras de ánimo. JAIME DE DIEGO.

Más vaivenes: llega 2020.

El bache de 2019 ha hecho que cosas de 2020 las haya sabido afrontar de otra forma. Aprendí. A nivel deportivo fue un año que pasó sin pena ni gloria pero, como todo el mundo, ha habido muchos asuntos que me han rondado la cabeza y que me han abrumado mucho más allá del deporte. Ni siquiera estaba en forma. Ni siquiera la suspensión de los Juegos Olímpicos fue traumática porque había cosas tan increíbles que estaban ocurriendo y que transcendían al deporte que estaba un poco alejada de este mundo.

Y eres campeona de España de los 5000 metros. Por lo que dices, no quieres saber mucho de esta distancia de momento.

Quiero seguir corriendo el ‘milqui’ porque me gusta más, punto número uno, y porque creo que puedo mejorar y seguir disfrutando de participar en pruebas de la Diamond League o siendo internacional en esta distancia. Además, es que no entiendo por qué tantas ganas de que pase al 5000 cuando compito bien y no creo que sea tan mala en 1500. Al fin y al cabo soy cuarta en el último Campeonato de Europa. Por otro lado, la adaptación al 5000 me va a costar más de lo que la gente piensa. Entreno por arriba, sí, pero sé lo que me cuesta lo largo y a nivel fisiológico tengo mis limitaciones. También corro dando muchos botes y eso es perjudicial para el fondo, tengo problemas en los pies, en los tendones… Me costaría. Y la razón principal es que quiero ser olímpica en 1500 metros.

¿Tuviste dudas cuando volviste a preparar el ‘milqui’ en esta temporada de pista cubierta?

Sí. No era algo que me preocupase mucho, pero sí que pasaba por mi cabeza. Llevaba un año sin correr más rápido de tres minutos el kilómetro. Hice el 5000 porque quería hacer una buena preparación para el indoor de 2020. Esperaba que si hacía una buena base y estaba muy fuerte (cuando hice el 5000 estaba haciendo mucho gimnasio) podría estar mejor en invierno. No fue un cambio de prueba. Entrené muchísimo para esa cubierta y muy bien estructurado.

Fantástica en Toruń, siendo cuarta. ¿Entiendo que eso fue una dosis de confianza total?

Lo que más confianza me dio antes de Toruń fue el Campeonato de España... y eso que no gané. No tuve cambio al final contra Esther pero vi que estaba en forma. Cuando en la semifinal casi no paso, al día siguiente seguía convencida de que estaba muy bien. No sabía qué me había pasado pero sí de que estaba bien como para pelear por esa final.

Pero si ahora tuvieras una medalla en tu casa…

Pues estaría bastante mejor, sí.

- FUTURO -

Año olímpico. No tienes la mínima pero sí que estás clasificada por World Ranking con bastante holgura. De confirmarse tu presencia en Tokio, ¿cuántos sacrificios has tenido que realizar?

Muchas elecciones, pocos sacrificios. Ahora con la situación de la COVID-19 sí que es más engorroso el tema de las relaciones personales pero creo que han sido más elecciones que sacrificios concretos porque intento que en mi vida en general muchas de las cosas que me interesan estén integradas. Lo que más sacrifico es salir de fiesta. Pero lo demás intento mantenerlo.

A día de hoy, qué te parece más difícil, ¿ganar el Nacional de 1500 metros o estar la final de los JJ. OO.?

Estar en la final de los Juegos Olímpicos. Creo que mis rivales, y en concreto Esther, que es la mujer que ahora mismo posee el título, son atletas fantásticas, pero estar en la final de los Juegos es otro nivel.

El 6 de agosto de 2021 a las 21:50 tendrá lugar la final de los 1500 metros en Tokio. ¿Qué necesitas para estar en ella?

Estabilidad de entrenamientos hasta entonces, competir a nivel internacional, que es algo que te da un plus de competitividad, y que la situación sanitaria me permita estar ahí. Y claro, hacer las dos carreras de mi vida en las series y la semifinal.

Supongo que esta cita olímpica será un punto de inflexión en tu carrera. ¿Hasta cuándo quieres seguir viviendo de esto?

Igual que ganar el Campeonato de España en 2016 no lo fue, estar en unos Juegos Olímpicos sí que es transcendental. Para todos nosotros es importantísimo estar ahí. Antes decía “hasta Tokio y ya vemos”, pero es que disfruto mucho de esta vida, veo retos por delante. Tengo un estilo de vida maravilloso y me gustaría mantenerlo. Tengo mucha suerte y a nivel deportivo creo que puedo seguir siendo competitiva en 1500, correr el 3.000 en las temporadas de pista cubierta, quizá en el futuro el 5000… Hay muchos retos por delante.

Soñó con estar en la final de los Juegos Olímpicos y, además de lograrlo, compitió en ella como nunca antes. JAIME DE DIEGO.
Soñó con estar en la final de los Juegos Olímpicos y, además de lograrlo, compitió en ella como nunca antes. JAIME DE DIEGO.

Siempre has dicho que eres una privilegiada.

Sí, así es, totalmente; soy una privilegiada. Porque para empezar he tenido una infancia muy afortunada, he encontrado un deporte en el que me he topado cosas buenas y todo ello me ha llevado a tener un estilo de vida y un grupo de gente a mi alrededor que me permite lo que para mí es vivir bien. Disfrutar y tener una vida emocionante. O al menos tener muchas emociones a lo largo del año. Y me permite competir en pruebas de máximo nivel, que es algo que disfruto mucho; porque a mí lo que realmente me gusta es competir.

De un tiempo a esta parte te estás convirtiendo en una de las voces más escuchadas del atletismo español, al menos entre la prensa y tus compañeros. Algunos dicen que tenéis que pensar solo en correr y que no podéis hablar de nada más.

Cada deportista que haga lo que quiera. Algunos no tienen interés en dar sus opiniones y tampoco creo que tengan la obligación, pero yo tengo una perspectiva muy social de la vida. Creo que todo el entorno es fundamental, lo que te aportan los demás y lo que tú aportas. Y no sé callarme. Me gusta analizar, compartir y comentar lo que veo a mi alrededor y cuando con algo no estoy de acuerdo lo suelo comunicar. Lo que puedo transmitir en una pista puede ser coraje, sufrimiento o atrevimiento, pero también es importante lo que diga en una entrevista, o lo que podamos cambiar entre los atletas del organigrama del atletismo. O la forma en cómo me comporte con las niñas más jóvenes que entrenan conmigo. Creo que todo eso puede ayudar y aunque no fuese atleta y no tuviera un altavoz, también lo haría. Para mí tiene mucha importancia el ambiente, lo que te rodea, y lo tengo muy presente en el día a día. Y no tengo un blog ni suelo dar mis opiniones en redes sociales, pero cuando me preguntan, contesto. En cuanto a lo de que solo tenemos que dedicarnos a correr, creo que eso no lo hace nadie en cualquier ámbito de la sociedad.

Al hilo de esto, ¿se vive bien siendo atleta?

Hay diferentes respuestas porque influye mucho el nivel y la disciplina que hagas. Tengo la suerte de hacer 1500 metros, una prueba que tiene muchísima tradición y visibilidad. Luego, además de las marcas, que es verdad que se fijan más en nosotros, están las ayudas públicas, que eso es independiente de la prueba que hagas. Pero sí, se puede vivir del atletismo. Al menos yo puedo hacerlo.

Háblame de las contradicciones de tu deporte.

De pequeña el deporte lo asocias a una serie de valores que cuando te dedicas de forma profesional cambian. Pasa a ser un espectáculo. Y eso, a veces, entra en contradicción con mi forma de pensar. No tengo ninguna duda en hablar de la actividad física como algo fundamental, pero no puedo compartir la segregación que existe en el deporte profesional, las diferencias entre países… Es que para ser deportista es fundamental haber nacido en un país u otro. Hay muchas cosas que están encorsetadas porque estás dentro del sistema y eso es algo que choca con mi visión personal.

¿Algún ejemplo en concreto?

Ahora mismo, por mi forma de pensar, no considero que sea lo más éticamente responsable coger un avión para estar 24 horas en un sitio, competir y volverte. Haciendo dos escalas y con tres PCR de por medio. No lo haría, pero lo hago. Como irme a un país como Qatar, a un estadio con aire acondicionado cuando nuestro mayor problema es el cambio climático... me parece una barbaridad. Pero voy y además quiero que se pueda correr en el estadio. Ya no hablamos del movimiento social que puede haber con el tema de los géneros, el problema que supone adaptarlo al deporte de élite. O los estadíos intersexuales. Que tú obligues a alguien a hormonarse, no hay nadie que lo entienda fuera del deporte. O al menos yo no lo entendería. Son demandas de la sociedad que el deporte las asimila tarde.

El deporte como negocio.

Exacto. Otro ejemplo es la utilización económica de la imagen y el nivel deportivo de muchísimos atletas de países menos desarrollados o en los que la estructura deportiva es diferente. O la utilización de ciertos atletas nacionalizados por parte de países que ni siquiera intentan integrarles. Y por seguir por ahí, me resulta chocante el exaltar el nacionalismo de competir por países. A mí me encanta España y competir con la selección pero en el deporte son muy importantes las fronteras y el lugar en el que has nacido. Y luego para mí, como persona, no lo es tanto.

¿El deporte es igualitario?

Permite eliminar desigualdades, al menos lejos del deporte profesional. Pero sí, soy consciente de que en la línea de salida de una gran competición no todas somos iguales. Por muchas razones. Para empezar porque soy española y si fuese estadounidense no iría a ningún campeonato internacional. Pero también por las competiciones de máximo nivel que hayas podido correr. Ahora mismo ni siquiera hay igualdad en el tema del calzado que utilizas porque todos conocemos las innovaciones que está habiendo con las zapatillas de competición. Y sí, la calidad innata también es una desigualdad.

Y el dopaje.

Todos somos conscientes de que hay una lucha antidopaje que está presente, pero igual que influyen los medios profesionales que tengas a tu alcance a nivel de entrenamiento, de recuperación o de tecnología, también generan desigualdades los medios médicos con los que trabajes.

¿Todo eso te influye antes de una competición?

En la línea de salida intento que nada me genere mal rollo. Pero desde hace un tiempo el tema de las zapatillas está constantemente en la actualidad atlética y creo que todos somos conscientes de lo que puede implicar que exista esa desigualdad. Y por supuesto yo también soy consciente. 


SI TE GUSTAN LAS HISTORIAS DE CORRER TE GUSTARÁ ESCUCHAR ESTO

Archivado en:

Una charla con Marta Pérez, amante de la competición. Foto: Sportmedia.

Relacionado

VÍDEO | Una charla con Marta Pérez, amante de la competición

Adrián Ben es el ochocentista español más destacado de la actualidad y, por resultados, el mejor de la historia. JAIME DE DIEGO.

Relacionado

Adrián Ben: "No me siento entre los tres mejores españoles de la historia en 800"

El Estadio Nacional de Japón, vacío y sin público, fue testigo de las actuaciones de los mejores atletas del mundo en los Juegos Olímpicos de Tokio. FOTORUNNERS.

Relacionado

Luces de Tokio