Diario de un debutante (frustrado) | CAPÍTULO 13

Llegó el gran momento. Nueva York, su maratón y, por desgracia, una enfermedad 24 horas antes de la prueba que no esperaba.
Nacho Barranco
Diario de un debutante (frustrado) | CAPÍTULO 13
Hubo un momento que de verdad creía que iba a llegar a meta | soycorredor.es

Todo estaba en orden cuando recogí el dorsal del Maratón de Nueva York, el pasado viernes 1 de noviembre. Acababa de rodar 7 kilómetros y me encontraba con mucha confianza para afrontar una carrera que llevaba preparando 12 semanas. 24 horas después y 24 horas antes de la salida las perspectivas eran totalmente opuestas. Fiebre, vómitos, diarrea... ¡Esto no me puede estar pasando!

Durante ese día estuve en un debate constante sobre correr o no correr. Un debate que me agobiaba y que decidí zanjar a media tarde, cuando la fiebre no bajaba ni siquiera a base de medicamentos. Sabía que había tomado la decisión más inteligente teniendo en cuenta el estado en el que estaba y me relajé a nivel mental. Muchos podrán decir que estando aquí tendría que haber ido de cualquier forma, pero creo que la integridad de uno mismo es mucho más importante que cualquier carrera, más todavía si se trata de deportistas populares como yo. Además, no quería entrar por nada del mundo en un hospital estadounidense y en aquel momento la combinación de mi estado físico con unos kilómetros corriendo me llevaban inexorablemente a un lugar de ese tipo.

¿Y ahora cómo justifico la foto que ilustra este artículo? Hmmm... Bueno, vale. Corrí. Pero corrí porque creía que podía hacerlo, al menos durante unos kilómetros. Cuando desperté el domingo a las 5:50h en mitad de la noche y a 25 minutos de que el autobús partiera desde el hotel hacia la línea de salida me tomé la temperatura, me comí un plátano y decidí ir. Estaba relativamente bien y no quería desaprovechar la oportunidad de conocer al menos una parte de esta carrera. Tenía bastante claro, eso sí, que no llegaría a meta.

Hubo un momento que pensaba que llegaría a la meta. Al paso por el medio maratón estaba entero.

El día anterior había comido solo dos mandarinas y un sandwich de pollo, por lo que mis depósitos estaban bajo mínimos. El plátano de primera hora y otro que me tomé después fueron lo único que comí en las 24 horas previas a la carrera, por lo que decidí salir a disfrutar de la prueba corriendo incluso un poquito más rápido de lo que tenía pensado (no puedo justificar esto, lo sé). Estaba con mi compañero y amigo Javi Moro y nos lo queríamos pasar bien.

La salida, el puente de Verrazano, los primeros kilómetros en Brooklyn... Todo lo que os puedan contar es incomparable con vivirlo en primera persona. Me habían hablado decenas de veces de esta carrera y antes de la salida me pasó una cosa por primera vez en mi vida: ¡el pelo de la cabeza se me puso de punta!

En el kilómetro 27 la cordura se impuso: mi cuerpo no tenía más energía.

Primeros 5 kilómetros en 18:24, primer 10K en 36:57. Estaba nuevo al paso por el kilómetro 15 y el pulso no estaba disparado, seguíamos acumulando kilómetros entre 3:40 y 3:45 min/km y cuando quisimos darnos cuenta estábamos en el medio maratón. Habían pasado una hora, 18 minutos y 53 segundos y mis vómitos de solo 24 horas antes parecían estar en un pasado muy lejano. Ahí, de verdad, creía que iba a llegar a meta.

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En el kilómetro 23 Javi se paró y seguí yo solo, siempre en un grupo que llegaría a meta en 2h38 aproximadamente. Llegó entonces el puente de Queensboro, el verdadero ecuador de la prueba a mi modo de ver. Es un puente eterno en subida (y después en bajada) que te introduce de lleno en Manhattan para afrontar la primera avenida, que es ancha e infinita a partes iguales. Psicológicamente es un punto complicado y en mi caso se sumó a la cuestión física. En el kilómetro 27 la cordura se impuso y mi cuerpo me dijo que no tenía más energía. El pulso lo tenía estable y las piernas no me dolían pero las sensaciones eran como las de una 'pájara' en bici: estaba vacío. Me tomé otro gel en vano y en el kilómetro 28 empecé a trotar para buscar una salida que encontré en el kilómetro 29. Había disfrutado suficiente y mi cuerpo no merecía más castigo.

Me fui al hotel satisfecho con cómo había ido el día pero tremendamente cabreado por lo que había ocurrido en las últimas horas antes del maratón.

Sí, podría haber acabado el maratón trotando a 5 minutos por kilómetro pero para nada quería cruzar por primera vez la meta de un maratón con esa sensación. Me fui al hotel satisfecho con cómo había ido el día pero tremendamente cabreado por lo que había ocurrido en las últimas horas antes del maratón, algo que achaco al cambio de alimentación y a que, aunque me lo negaba una y otra vez, llegué un poco débil de defensas a los últimos días antes de la prueba.

Y ahora, ¿qué? Detrás de todas estas líneas hay muchas horas de entrenamiento que desembocaban en la meta de Central Park y que no quiero desaprovechar, por lo que ahora mismo estoy buscando un maratón en las próximas semanas para poder acabar este diario como es debido. Os espero la semana que viene en el capítulo 13+1.

LOS DATOS DE LA SEMANA (28 OCTUBRE - 3 NOVIEMBRE)

  • Kilómetros acumulados: 61,5.
  • Sesiones: 4 y el maratón.
  • Nivel de fatiga (sobre 10): 5.
  • Lugar de entrenamiento: Madrid y Nueva York.
  • Maratones acabados: cero.
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