La leyenda del Tragamillas

Cuando Antonio Ledesma empezó a correr estábamos en la prehistoria del deporte popular en España. Ni siquiera había llegado la era del jogging. Y eso que el Tragamillas no empezó a correr joven.

Antonio Ledesma, el Tragamillas. Foto: Jaime de Diego.
Antonio Ledesma, el Tragamillas. Foto: Jaime de Diego.

Podemos pensar que Tragamillas nació ya con esa barba y que lleva un par de siglos corriendo por los senderos de la Sierra de Madrid, pero no es así. Antes de ser leyenda, Tragamillas fue Antonio Ledesma. Pocos saben que, aunque es casi como el escudo de una población madrileña llamada Collado Villalba, nació en Martín de Yeltes, un pequeño pueblo de la provincia de Salamanca. No le dio tiempo a sentirse charro, ya que apenas tenía unos meses cuando su familia se trasladó a la Sierra de Madrid; sólo tenía 33 semanas de vida. Allí Antonio se convertiría en el pionero de la carrera a pie, hasta el punto de que la Media Maratón de Collado Villalba lleva su nombre. El próximo uno de marzo se celebrará ya la decimocuarta edición de La Tragamillas que naciera de la mano de dos corredores populares que regentaban el bar El Castillo.

Pero no vayamos tan rápido. Cuando Antonio empezó a correr estábamos en la prehistoria del deporte popular en España. Ni siquiera había llegado la era del jogging. Y eso que Antonio Ledesma, Tragamillas, no empezó a correr joven. “A mí me gustaban todos los deportes, aunque especialmente el atletismo porque era un loco admirador de Mariano Haro; me encantaba su resistencia, su espíritu de sacrificio, era indomable. Yo hubiera querido seguir sus pasos, pero entonces no había carreras populares”.

Antonio Ledesma nos define muy claramente lo que han cambiado los tiempos, aunque la esencia de nuestro deporte siga siendo la misma. “En aquellos años, cuando arrancaba la década de los setenta, se veía mal al que corría. Correr era de gente que no estaba bien… Ahora en cambio casi se mira mal al que no corre o no hace nada de deporte”, señala nuestro anfitrión.

LA APUESTA

La vida es un cruce de caminos. Muchas veces lo que nos cambia la dirección es algo tan singular como una apuesta. “Yo ya corría de vez en cuando. Y entonces correr por las calles era algo tan raro que debía ser el único; era conocido por ello en todo el pueblo. Un día, estábamos un grupo echando una partida de cartas y surgió un desafío. Me aposté quinientas pesetas, tres euros de los de ahora, a que en una carrera de 10 kilómetros le ganaba a uno que jugaba al fútbol. Se creó una gran expectación en el pueblo con el duelo. Se hicieron carteles como si fuera un combate de boxeo y cada uno recibimos nuestro nombre de guerra. A él pusieron el mote de Sombrita Veloz y a mí El Tragamillas. Recuerdo que la salida y la meta eran en la puerta de una discoteca que se llamaba El quinto infierno y había que ir corriendo por la vía de servicio hasta la Navata y volver por el otro lado. Sombrita Veloz la verdad es que me engañó un poco. La gente nos iba siguiendo con las motos y él me dijo que si le sacaba mucha ventaja se retiraba. Durante el recorrido me iba de él y rápido me dejaba alcanzar. Así fuimos todo el recorrido hasta que en el sprint final tuvo más punta de velocidad y me ganó. Perdí las quinientas pesetas y a cambio me dieron un ramo de cardos y me quedé con Tragamillas para toda la vida”.

Hace más de 42 años que es un clásico de las carreras populares, una imagen inconfundible gracias a la cinta rojiblanca en la cabeza y, sobre todo, por esa barba característica.

De aquel duelo de corredores en la puerta de El Quinto Infierno hace ya más de cuatro décadas. En concreto, hace más de 42 años que es un clásico de las carreras populares, una imagen inconfundible gracias a la cinta rojiblanca en la cabeza y, sobre todo, por esa barba que también vino por una apuesta, esta vez con unos compañeros de trabajo.

Antonio Ledesma, el Tragamillas. Foto: Jaime de Diego.
Antonio Ledesma, el Tragamillas. Foto: Jaime de Diego.

“Era la época en la que a todas las carreras, fuera la distancia que fuera, se les llamaban maratones. Corrí la segunda o la tercera edición de Madrid y bajé de tres horas, hice dos horas y 57 minutos. Desde aquel primero he hecho unos 70 maratones y logré bajar mi marca hasta las dos horas y 35 minutos”.  En su casa no falta la medalla de finisher del maratón más famoso del mundo, el que atraviesa los cinco barrios de Nueva York. Una carrera de la que el Tragamillas fue imagen en el año 2014 a través de Asics, la marca japonesa que por entonces era patrocinador deportivo oficial del maratón de la Gran Manzana, antes de dejar paso, hace ya tres años, a New Balance.

“Vieron una foto mía corriendo el Maratón de Londres y la eligieron para hacer la campaña del Maratón de Nueva York. Estuve un año entero esponsorizado por Asics, que puso mi foto en todos los autobuses de Nueva York e incluso había un anuncio gigante en Times Square durante la semana del maratón”.

Me gustaría correr una carrera nudista, pero siempre me ha dado mucho corte. Una vez una chica me dijo que venía conmigo pero me dio vergüenza.

El Maratón de Nueva de York es de las pruebas que nuestro protagonista seleccionaría entre las miles en las que ha participado: “Por el ambiente que se vive en ellas me quedaría con la Maratón de Nueva York, la San Silvestre Vallecana, la Nocturna de San Antón en Jaén y San Rocada de Salamanca. Son en las que más gente vi en la calle animando”.

Cuando le preguntamos por esa carrera que a estas alturas del camino le haría ilusión hacer, Tragamillas nos rompe los esquemas: “Una carrera nudista, pero siempre me ha dado mucho corte. Una vez una chica me dijo que venía conmigo pero me dio vergüenza”.

Esa carrera nudista es de las pocas que faltan en el diario donde Antonio apunta desde que empezara a correr todos sus entrenamientos y competiciones. “Lo llevo todo registrado, el tipo de entrenamiento que he realizado, las pulsaciones a las que late mi corazón antes de entrenar, las que tiene justo al terminar y a los 3 minutos de haber dejado de correr. Esto me ayuda a comprobar mi estado de forma”, comenta, dando fe de un gusto por el entrenamiento estructurado y metódico que quizás muchos no imaginasen en alguien cuyo aspecto underground ha sido santo y seña de su particular leyenda.

ANTES DE QUE SE INVENTARA EL TRAIL RUNNING

Dónde más popular se ha hecho Tragamillas ha sido en el mundo de las carreras de montaña. Antonio fue realmente pionero en lo de correr fuera del asfalto. Por entonces, los genios del marketing todavía no habían inventado el trail running: “Disfruto corriendo sea por donde sea, pero lo que realmente me llena es poder correr por la naturaleza. Recuerdo la primera carrera de montaña que hice. Salíamos desde el pueblo de Becerril de la Sierra y teníamos que llegar hasta donde empieza lo duro de la Maliciosa y luego volver hasta Becerril. ¡Gané! Luego vinieron Cuerda Larga, los Tres Refugios, las Dehesas-Cotos… y mil más. La carrera más larga que he hecho fue la Maratón y Media de Penyagolosa, en Castellón, que fueron 65 kilómetros”.

Antonio Ledesma, el Tragamillas. Foto: Jaime de Diego.
Antonio Ledesma, el Tragamillas. Foto: Jaime de Diego.

Sobre la moda actual de las pruebas de ultrafondo de 100 o más kilómetros, Tragamillas tiene su propia opinión: “Más que correr, la gente va a pasar el día en la montaña, que no es ni bueno ni malo, es otro modo de entender las carreras. Yo no lo veo de la misma manera.  Mi filosofía es la de ir a competir, a correr todo lo que se pueda, pero por supuesto comprendo y respeto a aquellos corredores de montaña que lo ven de otra manera y afrontan esta carrera de 70, 100 o más kilómetros como un desafío en la que el objetivo a cumplir es terminar”.

Fue una carrera de montaña la que recuerda con especial cariño: “Aunque no destacaría un momento concreto de tantos años corriendo sí que recuerdo especialmente cuando fui campeón de España de carreras de montaña con la selección de Madrid”.

REFERENTE

Tragamillas es una institución para los corredores populares: “Mis referentes eran los ingleses del 1.500: Sebastian Coe, Steve Cram y Steve Ovett… ¡y ahora el referente soy yo, ¡ja, ja, ja! La verdad es que me gusta que me digan que soy una institución, que los corredores me pidan hacerse fotos conmigo, pero luego me da vergüenza. Quiero y me gusta, pero no sé llevarlo bien. En esos momentos me gustaría ser invisible”.

¿Qué consejo les daría un viejo corredor a los corredores que se estrenan ahora? “Primero que sean un poco masoquistas. Correr duele pero la recompensa siempre merece la pena. Todos hemos tenido esa sensación de cruzar la línea de meta y pensar en tirar las zapatillas, pero después de ducharte estás orgulloso de haber resistido y ya estás pensando en cuál será la próxima. Correr te cambia la vida, y a mejor. No sólo por lo que te aporta a tu cuerpo sino porque te pone en contacto con gente muy sana, y unir turismo y carreras es una de las mejores formas de viajar”.

Antonio solo se ha retirado una vez. “Fue en una media maratón. Me lesioné antes del kilómetro 5 y apenas podía caminar. He acabado muchas carreras sin tener fuerzas para llegar a meta. Lo que me empuja hacia delante es que no fallarme a mí mismo”.

Antonio Ledesma, el Tragamillas. Foto: Jaime de Diego.
Antonio Ledesma, el Tragamillas. Foto: Jaime de Diego.
 

SEGUIR TRAGANDO MILLAS

A su edad, “tengo 15 lustros y un cuarto” (77 años), sigue entrenando 6 días a la semana. “Hoy acabo de volver de hacer una horita. Sigo teniendo una ilusión tremenda por correr. ¿Qué motivo tengo para dejarlo? Correr forma parte de mi vida. Yo tengo un reto diario: poder salir a entrenar a la mañana siguiente, y luego la siguiente y así hasta el último día de mi vida. Cuando me miro al espejo me veo física y mentalmente genial.  Si colgara las zapatillas tendría la sensación de que estoy acabado. Siempre digo que no dejaré nunca al atletismo, será el atletismo el que me deje a mí. El puesto en meta no importa. Cuando decides correr no tienes que luchar contra los demás sino contra ti mismo, dar lo mejor que lleves dentro”.

He ganado más de 400 trofeos pero el mayor premio que me ha dado el atletismo ha sido una calidad de vida extraordinaria.

Preguntamos a Antonio qué piensa cuando sale a correr en solitario: “La verdad es que con frecuencia acabo pensando en los problemas de la vida cotidiana y lo que me ocurre es que consiguen que me irrite... y al correr siento menos el dolor”.

Tragamillas reflexiona que para él “correr es algo innato, como un tallo que nace mi cuerpo. La vida me ha cambiado para mejor, no para dar más años de mi vida, sino para dar más salud a mis años.

Después de bastante más de 100.000 kilómetros (¡y los que le quedan!), cubiertos zancada a zancada, Antonio Ledesma nos dice que lo mejor que le ha dado correr ha sido “la disciplina, conocer mucho más mundo del que podía imaginar, una gran colección de amigos... y sobre todo salud”. 

Antonio Ledesma, el Tragamillas. Foto: Jaime de Diego.
Antonio Ledesma, el Tragamillas. Foto: Jaime de Diego.

 

Detalle de la casa que comparten las tres protagonistas | Jaime de Diego

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