¿Quién me ha robado el mes de abril?

En uno de los meses más importantes para el atletismo y las carreras populares, todas las pruebas han sido canceladas o aplazadas por la crisis del coronavirus.

La atleta Trihas Gebre en el Campeonato de España de 10.000 metros celebrado en abril de 2019. Foto: Sportmedia.
La atleta Trihas Gebre en el Campeonato de España de 10.000 metros celebrado en abril de 2019. Foto: Sportmedia.

Como si se tratara de una fruta prohibida, los atardeceres de estos últimos días se muestran ante nosotros a través de una ventana que no podemos atravesar. Rojos, naranjas y amarillos. Verdes y azules también. Los colores del cielo y los árboles nos cuentan que la primavera ha llegado y con ella uno de los momentos más prolíficos en cuanto a carreras populares, maratones de importancia mundial y pruebas de atletismo que anticipan los cargados meses estivales. Pero este año no. El mes de abril de 2020 pasará por nosotros como la luz por el cristal, sin rayar y sin marcar. Al menos en cuanto a dorsales en el pecho se refiere.

Hay días en que es mejor no pensar demasiado en la situación que nos ha tocado vivir porque si lo haces te derrumbas irremediablemente. Este año no escribiremos la noticia que cada primer fin de semana de abril abre nuestra página web en la que contamos que el Maratón de París, una vez más, ha superado su récord de participación. El tercer lunes de este mes ningún atleta cruzará la histórica y adoquinada línea de meta del siempre imprevisible Maratón de Boston que nos permite narrar y disfrutar de los 42 kilómetros y 195 metros en la rutina de un día entre semana. Tampoco podremos contaros a través de nuestra cuenta de Twitter la intensidad habitual del Maratón de Madrid. No será posible, ni siquiera, quejarnos por no poder vivir en directo las grandes batallas que año a año se libran en el Maratón de Londres, que coincide con el de la capital de España y que siempre tenemos que ver en diferido, con las notificaciones de nuestro teléfono desactivadas para que no nos arruinen la emoción.

Simbólico y redondo el 2020, será un año inolvidable para todos aunque los motivos difieran de los que en un principio imaginamos.

En este abril no seremos testigos de los primeros compases de la temporada atlética, donde los fondistas celebran cada año su campeonato nacional de 10.000 metros y el resto de atletas sientan las bases de un verano que siempre se vislumbra esperanzador en estas semanas. Las entrevistas a nuestros ídolos en las que nos cuenten cuáles serán sus primeras competiciones se transformarán en otras en las que la incertidumbre y la tristeza por un 2020 que ya no será olímpico protagonicen las respuestas. Simbólico y redondo el 2020, será un año inolvidable para todos aunque los motivos difieran de los que en un principio imaginamos.

Pero este abril del que nos han despojado será el gris prólogo de unos meses que en lo deportivo (y en lo vital) nos llevarán hacia el mayor espectáculo del planeta: los Juegos Olímpicos. Símbolo universal de la cultura, será el lugar en el que confluyan los caminos de miles de deportistas del mundo, los que compitan y los que no, porque allí estaremos representados todos aquellos que hemos visto cómo la primavera con la que habíamos soñado por fin florecerá. Sea el mes que sea. Sea el lugar que sea.

Y entonces, como decía Sabina en el tema cuyo título es el de este artículo, por la calle volverá a pasar la vida como un huracán.

Cerezos en flor en un parque de Tokio | EFE
Cerezos en flor en un parque de Tokio | EFE

 

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