Alcahuete. Metomentodo. Ansias.
FOMO.
Sigo buscando el término en el que pueda encasillarme mientras me mentalizo para otra larga sesión de entrenamiento. Las semanas pasan y llega un punto en que la pereza se vuelve poderosa, te tienta, mientras miras las zapatillas deformadas y sucias en el recibidor, haciendo que la gravedad sea más pesada y cueste dar cada paso hacia ellas, como si unas cadenas invisibles me ataran de vuelta al sofá.
¿Qué leches hago preparándome un maratón? ¿Habré dado el salto muy rápido?
¿Hasta qué punto ha sido superación personal y hasta qué punto me han empujado otros factores?
- Salud y bienestar.
- Superación.
- Éxito.
- Exclusividad.
- Entrar en ese 1% de la población mundial que ha terminado los 42,195 kilómetros.
- ¿Postureo?
¿Desde cuándo me afectan estos factores? ¿He sido siempre así? Confieso que algún entrenamiento he forzado de más para que luciera un ritmo más rápido en el post de Strava. A veces pienso que debería llamarse Stravagram. El monstruo del exhibicionismo malogrando una red social más.
Acumular kilómetros durante 14 semanas es obviamente un reto físico pero también mental. No solamente para elegir música adecuada que motive el entrenamiento y te de fuerzas cuando no las hay (cuando suena ese temazo de Calero y Kaotiko para llevarte en volandas). También es fundamental mantener la cabeza ocupada.
SALIR DE LA MONOTONÍA
Puesto que he echado una media de 4 sesiones semanales de entrenamiento, mi sabio cuerpo busca salidas a la monotonía de poner un pie delante de otro consecutivamente durante una hora o una hora y media a ritmo acelerado. Por eso, busco constantemente referencias.
- Hoy toca hacer 30 kilómetros. Llevo 3 kilómetros, me quedan 10 veces lo que llevo.
- Llevo 20 kilómetros. Esos son 2 veces 10k, con lo que me costaba antes alcanzarlos.
- Si sigo a 4.45 min/km debería alcanzar los 18 km a las 6 en punto.
- Hoy toca correr 1h 45’. ¡Ya llevo 45’! Me quedan 15’ más y lo que llevo para terminar.
- Me quedan dos paseos de la cantera y una vuelta al polígono y estamos.
- Mira esa señal. Me juego a que está a menos de 50 zancadas.
- Mira una orquídea entre tanto alquitrán.
Y así pasan los entrenos. Entre soliloquio y soliloquio van y vienen las preocupaciones del día a día, los recuerdos de alegrías y el entusiasmo por los planes de verano. Se aligeran mis problemas. Terapia de asfalto y flores de cuneta. Lo que James Joyce y Virginia Woolf denominaban stream of consciousness: un chorro incesante de pensamientos alineados y sin ningún nexo aparentemente lógico que se suceden en la cabeza de uno durante esas largas horas.
Al fin y al cabo, creo firmemente que he madurado y he conseguido conocerme mejor. Tal vez sí que haya sido siempre así.
Me he mirado al espejo después de la ducha (hasta me agota la rutina de ducharme) y se ha colado un rayo del sol poniente de Dublín (esta semana me ha tocado entrenar ahí) en la víspera del cambio de hora hacia, por fin, la deseada primavera. Hasta me he visto bien en contraposto.
Lo peor de todo son las lavadoras. Otra puta lavadora y otro tendal en el pasillo que forma parte ya de la decoración habitual de la casa.
Pero en el fondo pesan ya los días, los kilómetros, las semanas. Aunque lo peor de todo son las lavadoras. Otra puta lavadora y otro tendal en el pasillo que forma parte ya de la decoración habitual de la casa.
Creo que en todas las semanas de preparación siempre he tenido algún tipo de accidente. El calcetín, la uña, el viento, el mal descanso, la hinchazón del tendón, la extracción de una muela. "Qué poca iluminación hay en Jaca, cualquier día me mato en estos bordillos". La reunión de esa tarde, el curso que no te acordabas que tenías. El airpod que se queda sin batería mientras el otro sigue funcionando, o el tren de dieciséis borrascas que han sucedido a lo largo de este invierno del 26.
SON MUCHAS SEMANAS
Catorce semanas son muchas semanas, pero claro, Zamora no se ganó en una hora. Aceptamos el reto con todo lo que conlleva. Nos ha hecho crecer y conocernos mejor. Para mí ya vale la pena pese a los momentos de flaqueza. Es momento de apretar dientes y seguir, alcanzar tan ansiado objetivo. Que digo que tampoco pasa nada si el domingo no es el día eh, ya habrá otras ocasiones.
Esta oscilación entre el derrotismo y la euforia me tiene cautivado. Cómo es capaz de jugar conmigo mi propio cuerpo y a través de las sensaciones que le estoy transmitiendo.
Pero una vez borrados los adjetivos perniciosos que encabezan estas líneas, hacen eco en mi interior los versos de Ángel González: “El éxito de todos los fracasos. La enloquecida fuerza del desaliento”.
Allá va el debutante con su espada de madera. ¿Me respetará la alergia? ¿Me frenará la ciercera? No hay más que preguntas.
Preguntas que pronto encontrarán respuesta.
Supongo que me despertaré con relativa calma. Citando a Borges: como “El alivio que habrá sentido César en la mañana de Farsalia, al pensar: Hoy es la batalla”.
Mi batalla será en Zaragoza, ciudad de leones. Vieja conocida.
Plaza del Pilar. Por favor poned otra que no sea Thunderstruck. Me miro los pies, qué chulas las Vomero.
Línea de salida. Mañana os cuento.
