Praga: el maratón romántico

El maratón de Praga cumplió este año las bodas de plata. El balance de sus primeros 25 años deja el evento ya asentado dentro del circuito de grandes maratones europeos. CORREDOR\ estuvo allí.
Luis Arribas -
Praga: el maratón romántico
Una imagen del Maratón de Praga 2019 | Organización

La primavera maratoniana es la locura personificada. Los puentes y vacaciones permiten además que correr y hacer turismo fuera de España sea una de tus opciones. Pues añadamos el de Praga, la joya barroca. En este cuarto de siglo, el maratón bohemio ha dado una vuelta de tuerca más en la consecución de grandes marcas con un sub-2h20 en la vencedora femenina. Para más caché, en cabeza de carrera de nuevo se ha dado otra de esas marcas de 2h05 que hace una década parecían de otro mundo.

Pero probablemente para ti la marca final sea un aspecto secundario. La capital checa estaba en tu agenda turística desde hace tiempo y, salvo que hayas compartido pelotón con maratonianos viajeros en París o Londres, tienes dudas sobre dónde correr y montar ese viaje de primavera. Vamos a intentar convencerte de la opción del maratón de Praga.

También es posible inscribirse en equipos de relevos y hacer 21 kilómetros cada uno.

Sobre un circuito ribereño, los puentes, la ciudad antigua y la presencia constante del Moldava, el gran río checo, un total de 10.600 participantes modelan un ambiente muy recomendable. Hay que añadir que también es posible inscribirse en equipos de relevos y hacer 21 kilómetros cada uno, lo que aumenta en otros cientos de corredores la marea corredora. En volumen y fiesta ya es una carrera que pertenece a esa nutrida clase media de los maratones europea como Sevilla, Madrid, Dublín o Estocolmo.

Aproximadamente una cuarta parte del recorrido discurre por la ciudad vieja, área fotografiada hasta la saciedad y que te transporta a unas fechas llenas de carga histórica. Praga recibe 7 millones de turistas cada año y es por algo. Para enlazar con el resto de tu carrera, es tradición que los acompañantes se sitúen en los famosos puentes como estratégica atalaya de animación.

Praga: el maratón romántico

Praga: el maratón romántico

Existe la posibilidad de que los acompañantes hayan decidido que ya está bien de esperarte en las aceras. Praga es un maravilloso lugar para escenificar este simbólico divorcio deportivo. Oportunidades hay cientos como los paseos y excursiones por Hradčany, la hermosa fortificación y sus viñedos, o parques como Vysehrad o emplear la mañana tomando café y tarta en decenas de cafés ambientados hace cien años.

El meollo de la carrera se resume en el clásico un tercio para soñar despierto, un tercio para meditar y un último tercio para maldecir. La salida deja a un lado el rock atronador por Má Vlast, ese himno local de Bedrich Smetana que te pone los pelos de punta. El escenario de la vieja plaza en Stare Mesto emociona tanto a la salida como en la meta. A ella se vuelve tras un bucle de doce kilómetros y de éste hay que salir con fuerza suficiente para afrontar largas rectas por las orillas del Moldava.

Te habrán advertido sobre los adoquines o las vías de los tranvías. Es cierto: es uno de los riesgos de correr en ciudades sacadas de un cuento, pero apenas suponen tres secciones de mediana incomodidad. Compensa el tratarse de un ir y volver relativamente llano con unas vistas preciosas.

La cerveza es igual de barata que el agua y hay conciertos de música clásica dos veces al día. Y el alcalde de Praga es del Partido Pirata.

No todo va a ser miel y rosas. Lamentablemente la carrera mide 42 kilómetros y 195 metros y nadie te quitará esa romántica paliza del cuerpo. Como contrapartida, que sepas que por centroeuropa el pelotón se aglutina en ritmos muy recreativos. Por tanto permite que levantes el pie del acelerador e hincharte a hacer fotos, mirar los edificios o echar unas risas con los voluntarios en los avituallamientos.

Si me dieran este último párrafo para intentar convencerte, usaría el siguiente argumento: checos ilustres fueron Emil Zatopek, Ester Ledecká, Franz Kafka, Margarita Kožená o Alphonse Mucha. En Praga se sintieron como en casa Mozart o Einstein. Sus revoluciones llevan apellidos tan naif como La Primavera de Praga o la Revolución de Terciopelo. La cerveza es igual de barata que el agua y hay conciertos de música clásica dos veces al día. Y el alcalde de Praga es del Partido Pirata.

Eso no te lo puedes perder.

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