El mejor corredor español de la historia también retomó los entrenamientos

Fermín Cacho sugiere prudencia y confiesa que se ejercitó sin cinta ni rodillo porque “las únicas máquinas que tengo en casa son las fregonas y las escobas, y esas ni siquiera se enchufan a la red, tienes que activarlas tú”.

Fermín Cacho, el mejor corredor español de la historia.
Fermín Cacho, el mejor corredor español de la historia.

“Es como si me hubiese liberado”, explica al otro lado del teléfono tras regresar de su primer trote en casi dos meses. Media horita. “¿A qué ritmo has ido Fermín?”, curiosea el plumilla, acordándose según formula la pregunta de que el mejor corredor español de la historia sigue picando tiempos con un Casio de principios de los 90; fiabilidad absoluta en lo cronométrico, pero el GPS ni está ni se le espera. “Muy despacito, mucho… No sabría decirte pero…”, detiene la frase ante la intromisión del periodista, quien sigue escudriñando la cuestión pensando que, para alguien que corrió los 1.500 metros en 3:28.95, cualquier paso debe resultar exageradamente lento. Aún así: “¿A más de seis?”. “Sí, seguro, después de tanto tiempo, a más de seis”.

Ese “tanto tiempo” remite a la declaración del estado de alarma, pero mucho más a un par de semanas antes, cuando había retomado los entrenos después de su encuentro con Filípides. En el Zurich Maratón de Sevillaparó el Casio (4:20:01 netas) y encendió la luz. De nuevo se sentía corredor. Uno distinto, al final de un valle por el que había transitado sin zapatillas. Uno que no tiene que demostrar nada a nadie; hace 28 años ya dijo todo lo que tenía que decir. No es oro lo que busca ahora. 

“Después del maratón paré unos siete días, bueno, algo menos, porque el jueves siguiente ya rodé un poquito, quería llegar bien a la media de Madrid y tenía pensado participar en varias carreras entre abril y mayo… Entre finales de febrero y el inicio del confinamiento solo hice ocho sesiones”, comenta el discípulo de Enrique Pascual antes de establecer un paralelismo con su época de agitador de estadios: “Cuando era profesional terminaba la temporada hacia mediados de septiembre y estaba dos semanas sin correr, empezaba siempre después de las Fiestas de San Saturio, del patrón de Soria, a principios de octubre. Aunque esta sensación que tengo ahora no tiene nada que ver porque después de 15 días parado pierdes la forma pero no resulta tan exigente volver a correr… Los músculos se han acostumbrado a no hacer nada y antes, en esas vacaciones, jugaba al fútbol, al tenis o hacía cualquier otro deporte”.

Cojamos esas palabras con pinzas. Algo ha hecho, aunque como la gran mayoría (excepto los motivados que riegan la redes con sus proezas caseras) su implicación fue mermando con el paso de los días. “He hecho gimnasia pero no es lo mismo que entrenar al aire libre. Las primeras semanas sacaba cuatro o cinco días pero luego, quieras o no, te acabas cansando… Con mis cuatro hijas y mi mujer hacíamos acondicionamiento físico general, abdominales, lumbares, sentadillas… Nos poníamos clases de Go Fit en directo o vídeos de Patri Jordán, que a las niñas les gusta mucho. La verdad es que me distraía y me reía un montón, pero lo dicho, según avanzaba la cuarentena… a los 15 minutos me aburría”, se sincera el doble medallista olímpico, quien aclara que, pese a que el jardín de su casa de Andújar (reside allí desde que abandonó las pistas) tiene “unos 400 metros que dan para airearte un poco”, no le dio por darle vueltas, y tampoco posee ninguna máquina de ejercicio aeróbico: “Las únicas máquinas que tengo son las fregonas y las escobas, y esas ni si quiera se enchufan a la red, tienes que activarlas tú”. Bendita old school.

A los 51 abriles está pletórico, con una agilidad verbal que podría igualar a la de las piernas con las que amargó muchas tardes a Morceli y compañía. Lanzado pero sensato, deportiva y socialmente: “Con lo que os he contado, no pretendo salir ahí fuera y… ¡ancha es Castilla! Solo conseguiría lesionarme. Estaré seis o siete días rodando media hora muy lento y después, antes de aumentar el ritmo, sumaré kilómetros. Mucha tranquilidad”. Y añade, como vestigio de su paso por la élite: “Si total, no habrá carreras en verano…”. 

Lo que no negocia es la seguridad, propia y ajena, a pesar de “vivir aislado” (sabe calcular, recordemos que es de Soria, la provincia española con menor población y densidad de población de esta España mía, esta España tuya, esta España nuestra). Su finca está muy alejada del núcleo urbano: “Entre las ciudades de más de 20.000 habitantes es de las que menos se ha visto afectada por el virus en Andalucía en los últimos quince días; tenemos cero contagios. Aunque no me cruzo con gente sé que esto no ha terminado y voy con todas las medidas de seguridad posibles, siendo muy consciente de la situación. Es una putada pero hay que hacerlo así. Este virus ha venido para quedarse y hay que luchar para no contagiarse. A ver si hoy estamos bien y dentro de dos semanas, por no ser precavidos, vamos a estar peor… Pero vamos, hay que concienciar a la gente de que se puede y debe salir a hacer deporte. Solos al principio y acompañados más adelante, guardando incluso más de los dos metros de distancia aconsejados”.

Sus hijas mayores, Rocío y Macarena, estudian en Murcia y Granada, pero regresaron a casa justo antes del ‘tema’. Así que el único chico del domicilio reconoce que de las mejores cosas de estos días tristes ha sido poder estar refugiado entre las suyas en todo momento. Y claro, con universitarias en liza y un tipo tan letal en la calle uno como ante la cabina del DJ… “pues montamos alguna que otra fiestecilla peculiar. Nos da tiempo a todo”.


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