Tatyana Kazankina y la barrera de los 4 minutos

Todo amante del atletismo pone nombre y apellidos al primer hombre en bajar de los 4 minutos en la milla, pero pocos recuerdan a Tatyana Kazankina, la mujer que hizo lo propio en los 1.500 metros.

Tatyana Kazankina y la barrera de los 4 minutos

Añoro la vida en la que la pista y yo éramos un mismo ente. Estábamos fusionadas y volaba sobre ella.

28 de junio de 1976. Un mes antes de los Juegos Olímpicos de Montreal, los mejores atletas soviéticos del momento se reunían en la ciudad de Podolsk (45 kilómetros al sur de Moscú) para las pruebas de selección olímpicas. Entre todas las estrellas nacionales de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, una mujer enjuta, delgada y con poco nombre hasta ese mismo verano: Tatyana Kazankina. Tomaría parte en la prueba de 1.500 metros después de en un invierno en el que había sido subcampeona del mundo de cross tras Carmen Valero y una temporada estival en la que se había proclamado campeona nacional en Kiev, el 10 de junio, y había marcado unos más que respetables 4:02.81 en Helsinki apenas seis días antes. Era lunes y comenzaba, además de una nueva semana, el idilio de una mujer con una distancia que le llevaría a la cima del atletismo mundial.

No teníamos miedo a los ritmos altos que nos llevaran a batir el récord del mundo.

“La idea principal era, por supuesto, ganar una plaza para los Juegos Olímpicos, pero no se nos olvidaba la opción del récord del mundo”, así explica Kazankina aquella carrera de la que poco se ha escrito y de la que apenas se pueden recabar datos. Gracias a un usuario de Twitter hemos podido saber que la prueba se celebró en el Trade Unions Stadium a las 17:35h y también hemos podido ver una foto en mala calidad obtenida de este recorte de revista. Lo que sí está claro es que Ludmila Bragina, la poseedora del récord global con 4:01.38 (9 de septiembre de 1972), estaba en la prueba. Pero eso no amedrentó a Kazankina, algo que se deduce por sus declaraciones a la web rusa Match TV, en las que habla de una colaboración con otra atleta (Raisa Smekhnova, presumiblemente) para asaltar el primado mundial: “acordé con otra chica, que era del equipo de otra región, que cada una tiráramos una vuelta. Primero empecé yo, luego ella, luego yo y después nos jugaríamos la victoria. Los entrenadores nos iban cantando los tiempos de vuelta y no teníamos miedo a los ritmos rápidos”. Una ignorancia de la velocidad que permitió hacer humano el récord de una Bragina que se quedaba a más de 5 segundos del nuevo registro: 3:56.0. Los pasos intermedios: 59.5, 2:05.5, 2:38.0 y 3:09.5. Smekhnova obtenía también el premio en forma de registro bajo los cuatro minutos (3:59.8) y Bragina finalizaba tercera con 4:02.6. Las tres formarían el terceto soviético en Montreal.

La atleta soviética Tatyana Kazankina.
La atleta soviética Tatyana Kazankina.

El nombre de Tatyana Kazankina pasaba a la historia. Parecía complicado creer cómo una mujer de 25 años hasta entonces desconocida podía destronar a otra con tanta solidez como Bragina, pero un mes después en los Juegos Olímpicos de Montreal, la atleta nacida en la pequeña ciudad de Petrovsk dejaba claro que su aparición no iba a ser casual. Dos exhibiciones en las finales tras una serie de carreras perfectas en la ciudad canadiense le condujeron a los títulos olímpicos en los 800 metros (con récord del mundo y después de una polémica decisión del equipo técnico que dejó fuera a otra atleta con más opciones en un primer momento) y los 1.500 metros. Igualaba la hazaña lograda por Peter Snell en Roma 1960 y se hacía eterna. Pero Kazankina tenía más. Mucho más.

UN CICLO OLÍMPICO PARA SER MADRE Y VOLVER A REINAR

En 1977 Kazankina regresó con más resultados que marcas, ganando la Copa del Mundo y la de Europa en los 1.500 metros y siendo dominadora en ambas distancias, si bien no acabó el año invicta como en 1976. Un año de transición camino a uno de los grandes momentos de su vida, y no precisamente por algo relacionado con el atletismo. El 25 de marzo de 1978 Kazankina finalizaba 19ª en el infernal Campeonato del Mundo de Cross de Glasgow y, embarazada de tres meses, se apartaba de la competición para ser madre de su hija Masha.

“Si no hubiera visto ejemplos de mujeres que regresaron con éxito, probablemente no hubiera podido hacerlo”, recuerda Kazankina de los primeros entrenamientos tras dar a luz. “Las piernas eran débiles pero apenas había aumentado mi peso, por lo que pude empezar a entrenar rápidamente. El gran problema fue separarme de Masha para ir al campo de entrenamiento y comenzar una nueva preparación. Gracias a mi suegra y mi marido pude hacerlo, pero resultó increíblemente difícil separarme de mi hija”, explica la soviética en la entrevista que en 2018 le realizó el periodista Sergey Lisin.

Kazankina con su marido y su hija Masha.
Kazankina con su marido y su hija Masha.

1979 tampoco fue un año excelso y en el perfil de World Athletics apenas aparecen tres modestas apariciones, todo con el objetivo de afrontar con garantías y estabilidad el gran año del deporte soviético: 1980. Moscú iba a encender la llama olímpica y para los deportistas patrios la responsabilidad iba a ser doble, pues además de jugarse un título olímpico, lo harían ante sus compatriotas. La tensión tuvo que ser equiparable a la extensión de la propia URSS. Kazankina no era ajena a ese desafío y afrontó 1980 como el gran año de su carrera deportiva.

Aquel 1 de agosto ofreció a los aficionados del estadio Luzhnikí una portentosa exhibición para derrotar sin paliativos a todas sus rivales, merced a un ataque bestial a falta de 700 metros. Su tiempo final: 3:56:56. Su última vuelta: 58 segundos.

El historial de aquel año de la soviética es sencillamente espectacular. Compitió en 10 carreras, cuatro de 800 metros y 6 de 1.500, y solo perdió en una de ellas: los 800 metros del campeonato nacional en el que fue cuarta. De aquella carrera saldría la selección para la cita olímpica, que coparía el podium con Nadiya Olizarenko en lo más alto del mismo después de haberle arrebatado también el récord del mundo a la propia Kazankina. Pero Tatyana, que ya contaba con 29 años y comenzaba a notar la falta de velocidad en sus músculos, tenía claro que su distancia iban a ser los 1.500 metros. Aquel 1 de agosto ofreció a los aficionados del estadio Luzhnikí una portentosa exhibición para derrotar sin paliativos a todas sus rivales, merced a un ataque bestial a falta de 700 metros. Su tiempo final: 3:56:56. Su última vuelta: 58 segundos. Batía el récord olímpico y se quedaba a apenas un segundo de su propio récord del mundo que había batido ese mismo año un mes antes con 3:55.0. Y aun así, todos sabían que tenía mucho más en las piernas, algo que demostraría solo 12 días después en Zürich, Weltklasse mediante.

La exhibición de Kazankina en Moscú 1980.

Hay lugares únicos en los que el atletismo alcanza cotas etéreas. El Letzigrund de Zürich, cada mes de agosto, es uno de ellos. Allí los grandes han triunfado, los ídolos han cimentado sus carreras y los duelos se han hecho eternos. Pero eso a Tatyana Kazankina, el 13 de agosto de 1983, seguramente no le importaba mucho. Sabía que sus piernas estaban listas para dar un salto colosal y dejar su impronta en las tres vueltas y tres cuartos al anillo de 400 metros. No hay vídeo completo online (o al menos no nos ha sido posible encontrarlo), pero los pasos intermedios de aquella carrera debieron de ser extraordinarios. 1.000 metros rozando los dos minutos y 36 segundos para seguir, siempre en solitario, en busca de los límites de la condición humana. Una zancada tras otra y esa eterna recta de meta culminada con los 3:52.47 que parecían la luna. Entre 1976 y 1980, Kazankina había rebajado en 9 segundos aquel récord del mundo de Bragina que batió por primera vez. Trece años tuvieron que pasar para ver un nuevo tope mundial (Qu Yunxia, 3:50.46) y 39 para el de Europa (Sifan Hassan, 3:51.95).

BOICOT SOVIÉTICO, TENDÓN DE AQUILES Y EL CONTROL QUE NO QUISO PASAR

Después de un año con semejante estrés y triunfos, Kazankina no compitió absolutamente nada en 1981 y solo dos carreras en 1982, preparando así su transición hacia los 3.000 metros en los que participaría en el primer Campeonato del Mundo de la historia, el de Helsinki en 1983. Aquel verano, con un tendón de Aquiles suficientemente maltrecho como para comenzar a plantear su retirada, corrió los 800 metros en 1:58.9, los 1.500 metros en 4:01.23 y los 3.000 metros en 8:32.08, y llegó a Helsinki como una de las grandes favoritas. En una final trepidante y a ritmo alto seis atletas se jugaron el triunfo en la última vuelta, pero fue una Mary Decker en estado de gracia la que se llevó el oro, relegando a Kazankina a la tercera posición también por detrás de Brigitte Kraus. “La preparación fue difícil y pensé en finalizar mi carrera deportiva atormentada por mi Aquiles. Las lesiones me impidieron llegar en un mejor estado de forma y no tenía ese final necesario para poder ganar”, explicaba la propia corredora soviética.

La atleta Tatyana Kazankina.
La atleta Tatyana Kazankina. 

Una derrota en un gran campeonato que se sumaría a la decepción por el boicot olímpico de la Unión Soviética a la cita que se iba a disputar en Los Ángeles en 1984. “En el fondo, esperaba que fuéramos a Los Ángeles, que esto era simplemente una posición política temporal, pero cuando celebraron una reunión del equipo y dijeron que definitivamente no íbamos, comprendí que nada iba a cambiar”. Aquella carrera, histórica por el encontronazo entre Zola Budd y la propia Mary Decker, se la llevó la rumana Maricica Puică, con Kazankina viendo la carrera a través del televisor. Con la rabia por no haber podido acudir a Los Ángeles, la soviética batiría a finales de agosto el récord del mundo de 3.000 metros con 8:22.62. Su último baile.

Fue una pena que la Federación Soviética de Atletismo no hiciera nada por mi defensa.

El 4 de septiembre de aquel año, después de correr un 5.000 m en París en 15:23.12, se negaba a pasar un control antidopaje. En la entrevista realizada en 2018, la atleta explicaba lo siguiente: “después de la carrera, me llamaron para el control de dopaje, fui al jefe de la delegación soviética y le informé. Aquí es necesario recordar el contexto histórico: boicoteamos los Juegos Olímpicos y la situación internacional era tensa. El jefe me prohibió pasar diciendo que podría ser una provocación y yo le obedecí, mostrando debilidad. Como resultado, me sancionaron 18 meses, algo que me comunicaron incluso antes de regresar a casa”. En ese momento acabó una brillante trayectoria deportiva que trató de retomar en 1988 con aspiraciones olímpicas, pero que se quedó en nada: “las piernas no permitieron entrenar y el Aquiles estaba muy dañado”.

Kazankina siguió su carrera como científica, se doctoró en Ciencias Económicas y trabajó como responsable de los antiguos atletas olímpicos soviéticos. A sus 68 años disfruta de sus nietos y participa en competiciones de veteranos. Una atleta que, pese a las sombras finales de su carrera, marcó una época y revolucionó el medio fondo mundial. Su nombre, digan lo que digan, estará siempre entre los grandes de nuestro deporte.

Tatyana Kazankina en la actualidad. Foto: Match TV
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Valery Borzov: velocidad pálida. Foto: COI.

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