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El barefoot despierta curiosidad, pero también muchas preguntas: ¿estamos preparadas para correr con una zapatilla que deja al pie trabajar con mucha más libertad?, ¿qué cambia realmente en nuestra pisada?, ¿cuánto tiempo necesita el cuerpo para adaptarse a una forma diferente de relacionarse con el terreno?...
Con esas preguntas empecé a probar las Joma Viper Barefoot 26, un modelo diseñado específicamente para running que parte de una idea aparentemente sencilla: respetar al máximo la biomecánica del pie, permitir su movimiento natural y recuperar una conexión mucho más directa con el suelo. Pero precisamente esa sencillez requiere cierta prudencia, porque cuando llevamos años corriendo de una determinada manera, cambiar el estímulo también significa dar tiempo al cuerpo para aprender a gestionarlo.
Dos plantillas para una transición progresiva
Y precisamente aquí cobra especial sentido uno de los elementos que más me gustan de la propuesta de Joma: las Viper incluyen dos plantillas para que la transición al barefoot pueda hacerse de forma paulatina.
Este es, para mí, uno de los detalles más interesantes del modelo. Las Viper incluyen dos plantillas diferentes, algo especialmente importante para quienes llevamos años corriendo con zapatillas convencionales.
Una de ellas aporta 5 mm de drop y funciona como paso intermedio antes de utilizar la configuración completamente plana. Más que dos plantillas entre las que elegir según nuestras preferencias, las entiendo como dos fases de un mismo proceso: comenzar reduciendo el drop y, cuando pies y musculatura se hayan adaptado, avanzar hacia el cero drop.
Porque el cambio no es menor. Una corredora acostumbrada durante años a zapatillas con drops de 6, 8 o incluso 10 milímetros, perfiles elevados y mediasuelas muy amortiguadas ha desarrollado su mecánica de carrera alrededor de esas características. Eliminar de repente buena parte de esa estructura modifica las demandas que reciben el pie y toda la cadena posterior.
Gemelos, sóleos y tendón de Aquiles, pero también la musculatura intrínseca del pie y las estructuras del antepié, trabajarán de una manera diferente. De ahí que una transición demasiado rápida pueda generar justamente el efecto contrario al que buscamos.
Mi experiencia: caminar y hacer CACOs antes de correr
Con estas zapatillas he decidido hacer algo diferente a lo habitual. En lugar de estrenarlas directamente corriendo y completar un rodaje, de momento las he utilizado para caminar y hacer cacos alternando carrera y caminata, siempre sobre tierra.
La primera sensación es inmediata: sientes mucho más el terreno. El pie se mueve con libertad, la zapatilla flexa con él y cada apoyo transmite información que normalmente pasa más desapercibida. La sensación cambia radicalmente respecto a una zapatilla convencional: hay menos material bajo el pie, desaparece buena parte de la asistencia proporcionada por la espuma y la geometría y, en consecuencia, nuestro propio cuerpo tiene que asumir un mayor protagonismo.
Los cacos me están permitiendo introducir pequeños estímulos de carrera sin acumular demasiados minutos seguidos y, sobre todo, observar cómo responden pies, gemelos y sóleos durante el ejercicio y en las horas posteriores. En una prueba barefoot, creo que esa adaptación también forma parte del análisis.
Upper y suela: todo al servicio de la libertad
El upper está confeccionado con hilo técnico ligero y transpirable e incorpora el sistema VTS de Joma para favorecer la ventilación. El espacio disponible permite que los dedos se expandan con mayor naturalidad, algo esencial para que el concepto barefoot tenga sentido.
La suela combina phylon y caucho y destaca especialmente por su flexibilidad. En lugar de dirigir el movimiento, busca acompañarlo, permitiendo que el pie flexione y se adapte al terreno con mucha más libertad. El caucho aporta además resistencia frente a la abrasión y el desgaste, algo especialmente importante cuando la cantidad de material que nos separa del suelo es mucho menor.
En definitiva...
Las Joma Viper Barefoot 26 son una propuesta diferente donde, personalmente, creo que su punto más interesante quizá no sea el cero drop, sino cómo Joma plantea llegar hasta él, con una transición progresiva y fortaleciendo el pie antes de nada, algo que todas las corredoras deberíamos hacer como parte de nuestra rutina, sea cual sea el calzado elegido.
Porque con el barefoot, probablemente, lo importante no sea correr menos protegido, sino estar preparado para hacerlo.
Precio: 95,99 €





