Suspender carreras que se celebran al aire libre no es la solución a la pandemia

A estas alturas de la película ya deberíamos saber que el deporte no es el problema sino parte de la solución

Prohibir las carreras no es la solución
Prohibir las carreras no es la solución

Reconozco que la suspensión de la San Silvestre de Valencia me ha dejado helado. El fin de semana pasado disfrutamos del Maratón Valencia Trinidad Alfonso EDP con 16.000 inscritos y las carreras populares llevan meses celebrándose en toda España sin que ello haya supuesto que hayan aparecido brotes ni complicaciones relacionadas con la Covid-19. El pasado mes de mayo, y con la población todavía sin vacunar, la Federación Japonesa de Atletismo ya había publicado un estudio en el que se detectaron únicamente dos casos positivos de COVID-19 entre los 750 000 participantes de las más de 1100 carreras disputadas entre el 1 de abril de 2020 y el 31 de marzo de 2021. Y ni siquiera se pudo determinar que esas dos personas se contagiaran en un evento deportivo. Por su parte, el Maratón Femenino de Nagoya también realizó un seguimiento de sus participantes y encontró cero casos de COVID-19 entre casi 5000 corredores, dos semanas después de la carrera". 

¿Por qué en diciembre de 2021, con el 80% de la población española vacunada con la pauta completa, se suspenden algunas carreras, supuestamente por motivos sanitarios? ¿No hemos aprendido todavía que el riesgo alto de contagio se produce en los lugares cerrados y sin ventilar? ¿No nos da vergüenza recordar que durante la fase más dura de la pandemia los estancos estaban abiertos mientras que nosotros no podíamos salir a la calle a realizar una actividad física saludable? ¿De verdad no ha servido de nada todo lo ocurrido y el deporte no va a ser considerado una actividad esencial? Y el deporte bien organizado, como es el caso de gran parte de las carreras populares, es fundamental para motivar a las personas a practicar la carrera a pie y, por tanto, para mejorar su salud. Sin la existencia de estas carreras muchos ciudadanos no se animarían a entrenar y habría que añadir cientos de miles de personas al alarmante grupo de personas sedentarias que, a su vez, correrían un mayor riesgo de sufrir complicaciones graves si se contagian por la Covid-19.

En el libro Un Ángulo me basta, publicado hace unos meses, recogí la opinión del prestigioso doctor Hernán Silván, que lleva muchos años insistiendo en los beneficios de la actividad física saludable. La regularidad en el ejercicio «previene la mortalidad prematura de cualquier causa, disminuye la incidencia de cardiopatía isquémica, reduce la incidencia de cáncer de colon, cáncer de mama y diabetes tipo 2». Por otra parte «la actividad física moderada durante al menos treinta minutos al día reduce un 31% el riesgo de padecer un ictus cerebral, seas hombre o mujer. Y disminuye el riesgo de sufrir hipertensión arterial, hasta en un 32% en el grupo más activo. Respecto al sistema músculo-esquelético, el ejercicio físico cotidiano aumenta la densidad mineral de nuestros huesos en columna, cadera y muñeca, reduciendo la prevalencia de osteoporosis y rebajando un 17% la incidencia de fracturas; la de cadera se reduce un 6% por cada hora semanal de caminata ligera. Respecto a los síntomas de ansiedad y depresión, reduce un 41% el riesgo de padecer estos trastornos psicológicos. Los ejercicios aeróbicos y los de fuerza mejoran el sueño, la calidad de vida y los síntomas de depresión. También está demostrado que el ejercicio físico disminuye la hipertrofia prostática y la sintomatología urinaria en un 26-30%. Como se puede comprobar, el ejercicio físico moderado y bien pautado puede ayudarnos a mejorar nuestra calidad de vida y, bien utilizado, ser un extraordinario agente de salud».

Puedo entender que en carreras masivas, por ejemplo de más de 10 000 participantes, se exija a los participantes que estén vacunados con la pauta completa para poder participar. Soy partidario de establecer más oleadas de salida si fuera necesario para evitar aglomeraciones. Me parece bien que se utilice mascarilla antes de tomar la salida y al llegar a la meta. Pero... ¿suspender carreras? Me parece una medida que va en contra de la salud. Precisamente ahora necesitamos fomentar los eventos deportivos más que nunca. Tenemos una oportunidad dorada de extraer conclusiones positivas de la pandemia. Una sociedad plagada de deportistas es la mejor barrera contra próximas pandemias, ya que no hay que olvidar que el maldito virus se ha cebado, sobre todo, con personas de la tercera edad y con ciudadanos con factores de riesgo. Cuando la Covid-19 solo sea un recuerdo, permanecerán entre nosotros decenas de enfermedades terribles derivadas de hábitos de vida poco saludables. Es el momento de parar, echar la vista atrás y apostar por la actividad física saludable. Aunque quizá estoy siendo demasiado inocente. Está claro que recetar deporte no forma parte del negocio mercadotécnico del siglo XXI.

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