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Acabas el entrenamiento, detienes el reloj y, pocos minutos después, notas una presión molesta o un dolor pulsátil en la cabeza. Aunque muchas veces desaparece al descansar, beber y comer, no conviene asumir que siempre se debe a la falta de agua. El contexto, la intensidad del dolor, su forma de aparición y los síntomas que lo acompañan ofrecen pistas importantes para entender qué está ocurriendo.
Deshidratación: la causa más conocida
Cuando corremos, perdemos agua y electrolitos a través del sudor. Si esa pérdida no se compensa, disminuye el volumen de líquido circulante y aumenta el esfuerzo que debe realizar el sistema cardiovascular para transportar sangre hacia los músculos y la piel. El dolor de cabeza puede aparecer acompañado de sed intensa, sequedad de boca, cansancio, mareo, aumento de las pulsaciones y una orina más oscura y escasa. Sin embargo, ninguno de estos signos permite calcular por sí solo la magnitud exacta de la deshidratación. Pesarse antes y después de correr puede ayudar a estimar las pérdidas. Cada kilogramo menos representa aproximadamente un litro de líquido, aunque habría que sumar lo bebido durante el entrenamiento. No hace falta repetir este procedimiento a diario: basta con utilizarlo ocasionalmente para conocer cuánto sudamos en diferentes condiciones. La solución tampoco consiste en beber varios litros de golpe. Es preferible rehidratarse progresivamente y acompañar el líquido de una comida normal. Cuando la sesión ha sido larga, el calor considerable o la sudoración muy abundante, también puede ser necesario recuperar sodio.
El calor puede provocar algo más que sed
El dolor de cabeza es uno de los síntomas posibles del agotamiento por calor. En ese caso suele presentarse junto con sudoración abundante, debilidad, sed, mareo, náuseas, irritabilidad o elevación de la temperatura corporal. El organismo envía más sangre hacia la piel para liberar calor y aumenta la producción de sudor. Si el ambiente es muy húmedo, el sudor se evapora con dificultad y pierde eficacia refrigerante. El cuerpo acumula más temperatura mientras el corazón trabaja con mayor intensidad. Ante la aparición de dolor de cabeza acompañado de malestar general durante una carrera calurosa, hay que detener el ejercicio, trasladarse a un espacio fresco o sombreado, retirar las prendas innecesarias y comenzar a enfriar el cuerpo. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos incluyen el dolor de cabeza, las náuseas, el mareo, la debilidad, la sed y la sudoración intensa entre los síntomas del agotamiento por calor. Si aparecen confusión, comportamiento extraño, dificultad para hablar, descoordinación, pérdida de conocimiento o convulsiones, puede tratarse de un golpe de calor. Es una urgencia médica y la refrigeración debe comenzar inmediatamente mientras se solicita ayuda.
Cuando has corrido sin suficiente energía
Salir a correr después de muchas horas sin comer, completar una sesión larga con las reservas reducidas o realizar un entrenamiento intenso sin una alimentación adecuada también puede contribuir al dolor de cabeza. En una persona sana no siempre implica una hipoglucemia clínica. Con frecuencia se trata de una combinación de hambre, fatiga, reducción de la disponibilidad de hidratos de carbono, calor y deshidratación. Puede aparecer sensación de vacío, debilidad, temblor, sudor frío, dificultad para concentrarse o irritabilidad. Después de una sesión exigente, resulta razonable combinar líquido con una fuente de hidratos de carbono y algo de proteína. Un yogur con fruta y avena, un bocadillo con una pieza de fruta o una comida con arroz, patata, pasta o legumbres pueden cumplir esta función. Si el dolor aparece repetidamente cuando corres en ayunas, pero no cuando tomas algo antes, conviene revisar el horario y la composición de la comida previa. Las personas con diabetes o que utilizan medicamentos capaces de alterar la glucosa necesitan seguir las indicaciones específicas de su profesional sanitario.
La cefalea primaria por ejercicio
Existe un tipo de dolor denominado cefalea primaria por ejercicio. Suele aparecer durante una actividad física intensa o poco después de terminarla, a menudo es pulsátil y puede afectar a ambos lados de la cabeza. La Clasificación Internacional de las Cefaleas establece que este diagnóstico requiere episodios provocados exclusivamente por ejercicio físico intenso y con una duración inferior a 48 horas. No obstante, la propia clasificación advierte de que, ante el primer episodio, deben descartarse causas secundarias potencialmente graves. Su mecanismo no se conoce por completo, aunque se relaciona con los cambios vasculares y el aumento de presión que acompañan a los esfuerzos intensos. Es más probable que aparezca durante series muy exigentes, cuestas, competiciones o entrenamientos realizados con calor. Un calentamiento progresivo, evitar comenzar a máxima intensidad y reducir la exigencia en condiciones calurosas pueden ayudar. Si el dolor se repite, no conviene limitarse a tomar analgésicos cada vez: debe valorarlo un médico para confirmar el diagnóstico y decidir el tratamiento adecuado.
Migraña desencadenada por el entrenamiento
El ejercicio regular puede ayudar a algunas personas a controlar la migraña, pero una sesión concreta también puede actuar como desencadenante. El calor, la luz intensa, la falta de sueño, el ayuno, la deshidratación o un incremento brusco de la intensidad pueden coincidir en un mismo entrenamiento. La migraña suele producir un dolor pulsátil, con frecuencia más intenso en un lado, que empeora con la actividad y puede acompañarse de náuseas, sensibilidad a la luz o al ruido y, en algunos casos, alteraciones visuales conocidas como aura. Quien ya sufre migrañas puede registrar cuándo aparece el dolor, qué entrenamiento realizó, cuánto había dormido y comido y cuáles eran las condiciones ambientales. Ese pequeño diario puede descubrir patrones que resultan difíciles de identificar de memoria.
La tensión del cuello también influye
No todos los dolores posteriores a la carrera proceden del calor o de la falta de agua. Correr con los hombros elevados, apretar la mandíbula o acumular tensión en el cuello puede favorecer una cefalea de tipo tensional. Normalmente se percibe como una presión o una banda alrededor de la cabeza, más que como un latido intenso. Puede acompañarse de rigidez cervical y sensibilidad en los músculos de los hombros. La fatiga empeora la postura y hace que algunos corredores eleven los hombros, adelanten excesivamente la cabeza o mantengan los brazos rígidos. Relajar las manos, revisar la posición de los hombros y mejorar progresivamente la fuerza del tronco y la cintura escapular puede ayudar.
Qué debes hacer cuando aparece
Detén el entrenamiento y comprueba si existen otros síntomas. Busca un lugar fresco, siéntate o camina lentamente y comienza a beber de forma progresiva. Si llevas varias horas sin comer, toma algún alimento fácil de tolerar. No reanudes la carrera simplemente porque el dolor disminuya durante unos minutos. También conviene anotar cómo comenzó, cuánto duró, dónde estaba localizado y qué condiciones rodearon el episodio. Si se repite, esa información será útil durante la consulta médica. No es recomendable convertir los analgésicos en una respuesta automática. Además de ocultar un patrón que debería investigarse, el uso frecuente puede favorecer cefaleas por abuso de medicación. Algunos antiinflamatorios también pueden resultar problemáticos cuando se toman en un contexto de deshidratación.
Cuándo debes consultar con urgencia
Un dolor de cabeza que alcanza su máxima intensidad de manera súbita, en segundos o menos de un minuto, necesita atención médica urgente. También hay que solicitar ayuda si aparece junto con pérdida de conocimiento, confusión, fiebre, rigidez de cuello, convulsiones, visión doble, dificultad para hablar, debilidad, entumecimiento o pérdida de coordinación. La Mayo Clinic aconseja consultar ante un dolor que aparece durante o después del ejercicio, especialmente si comienza bruscamente o es el primero de este tipo. La primera cefalea provocada claramente por el esfuerzo no debería autodiagnosticarse. También merece una consulta médica un dolor que se repite, empeora progresivamente, dura muchas horas, obliga a interrumpir los entrenamientos o ha cambiado con respecto a las cefaleas habituales. La mayoría de los dolores de cabeza después de correr no esconden un problema grave. Sin embargo, comprender su contexto permite reaccionar mejor. Beber puede ser parte de la solución, pero no siempre explica el episodio completo. El calor, el esfuerzo, la alimentación, la migraña y la tensión muscular también deben entrar en la ecuación.
