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Correr con calor no siempre es peligroso. El organismo dispone de mecanismos muy eficaces para mantener estable la temperatura corporal incluso durante esfuerzos intensos. El problema aparece cuando esos 'trucos' dejan de funcionar porque la temperatura ambiente, la humedad, la intensidad del ejercicio o la deshidratación superan la capacidad del cuerpo para refrigerarse. En ese momento puede desarrollarse un golpe de calor por esfuerzo, una urgencia médica potencialmente mortal que requiere actuar de inmediato. Saber identificar las señales de alarma puede evitar consecuencias muy graves.
El golpe de calor no aparece de repente
Uno de los mayores errores es pensar que el golpe de calor llega sin avisar. En realidad, la mayoría de corredores experimentan una progresión de síntomas que indican que el organismo está perdiendo la batalla contra el calor. Durante el ejercicio, el cuerpo elimina calor principalmente mediante la evaporación del sudor. Cuando la temperatura ambiental es elevada, la humedad impide evaporar ese sudor o la intensidad del entrenamiento es demasiado alta, la temperatura corporal comienza a elevarse progresivamente. Cuando supera aproximadamente los 40 ºC y aparecen alteraciones del sistema nervioso central, hablamos de golpe de calor por esfuerzo, una situación que exige atención médica inmediata.
La primera señal suele estar en la cabeza
Mucho antes de perder el conocimiento, el cerebro empieza a avisar. Es frecuente notar una sensación de confusión, dificultad para concentrarse o incapacidad para pensar con claridad. Hay corredores que describen que dejan de calcular el ritmo, olvidan el recorrido habitual o empiezan a tomar decisiones poco lógicas.
También pueden aparecer:
- Mareo intenso.
- Sensación de desorientación.
- Dolor de cabeza creciente.
- Irritabilidad.
- Visión borrosa.
Si cualquiera de estos síntomas aparece mientras corres con calor, lo correcto es detener inmediatamente el entrenamiento.
Cuando las piernas dejan de responder
Otro síntoma muy característico es que las piernas parecen quedarse sin fuerza de forma repentina. No se trata del cansancio normal de un entrenamiento duro. Es una sensación de agotamiento extremo que aparece incluso aunque el ritmo no sea especialmente elevado. Muchos runners intentan continuar pensando que es una simple pájara o una mala hidratación. Ese error puede favorecer que el cuadro evolucione rápidamente.
Escalofríos en pleno verano: una señal de alarma
Puede parecer contradictorio, pero tener escalofríos mientras corres bajo un calor intenso es una señal muy preocupante. Indica que el sistema de regulación de la temperatura está empezando a fallar. Si además aparecen piel muy caliente, debilidad intensa o sensación de encontrarse "muy raro", hay que detener el ejercicio inmediatamente.
Náuseas y vómitos también pueden indicar peligro
El aparato digestivo recibe menos flujo sanguíneo cuando el organismo intenta refrigerarse.
Como consecuencia pueden aparecer:
- Náuseas.
- Vómitos.
- Dolor abdominal.
- Sensación de estómago revuelto.
Aunque estos síntomas también pueden deberse a problemas digestivos, cuando aparecen junto al calor intenso deben hacer sospechar un posible golpe de calor.
El sudor puede confundir
Existe la creencia de que en un golpe de calor la persona deja de sudar. Eso ocurre con frecuencia en el golpe de calor clásico, pero no necesariamente durante el golpe de calor por esfuerzo. De hecho, muchos corredores continúan sudando abundantemente incluso cuando ya presentan una temperatura corporal peligrosamente elevada. Por eso, seguir sudando no descarta un golpe de calor.
Qué debes hacer inmediatamente
Si sospechas que estás desarrollando un golpe de calor:
- Detén el entrenamiento de inmediato.
- Busca sombra o un lugar climatizado.
- Quítate la ropa innecesaria.
- Refréscate con agua fría sobre cuello, cabeza, axilas e ingles.
- Si estás consciente, bebe líquidos frescos en pequeñas cantidades.
- Si existe confusión, desorientación o pérdida de conciencia, llama inmediatamente a los servicios de emergencia.
La rapidez para disminuir la temperatura corporal es el principal factor que mejora el pronóstico.
¿Quién tiene más riesgo?
Aunque puede afectar a cualquier corredor, el riesgo aumenta cuando coinciden varios factores:
- Temperaturas superiores a 30-35 ºC.
- Humedad elevada.
- Entrenamientos muy intensos.
- Falta de aclimatación al calor.
- Deshidratación.
- Sobrepeso.
- Dormir poco.
- Haber consumido alcohol el día anterior.
- Determinados medicamentos que alteran la regulación térmica.
Cómo evitar llegar a esa situación
La mejor estrategia sigue siendo la prevención. Reducir el ritmo cuando hace calor, entrenar a primeras horas del día, hidratarse correctamente, aclimatarse durante una o dos semanas y escuchar las señales del organismo disminuyen enormemente el riesgo. Abandonar un entrenamiento nunca será un fracaso si hacerlo evita una urgencia médica.
Lo que dice la ciencia
Diversas publicaciones del American College of Sports Medicine y de la National Athletic Trainers' Association coinciden en que el diagnóstico precoz y el enfriamiento inmediato durante los primeros 30 minutos son los factores que más reducen la mortalidad y las posibles secuelas del golpe de calor por esfuerzo. Asimismo, investigaciones publicadas en el British Journal of Sports Medicine destacan que la alteración del estado mental es el signo clínico más importante para diferenciar esta situación de un simple agotamiento por calor.







