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¿Cómo eran los primeros GPS para correr? Así cambió el mundo del running hace poco más de 20 años

Repasamos la evolución de los relojes GPS para correr, un dispositivo que a día de hoy es un básico en el equipamiento de cualquier runner.

Marco Gálvez

6 minutos

¿Cómo eran los primeros GPS para correr? Así cambió el mundo del running hace poco más de 20 años.

Hoy resulta casi imposible imaginar a un corredor saliendo de casa sin un reloj GPS en la muñeca. Estamos acostumbrados a conocer el ritmo de cada kilómetro, la distancia exacta, el desnivel acumulado, las pulsaciones, la cadencia o incluso el tiempo que necesitaremos para recuperarnos del entrenamiento. Pero hace no tanto, correr era mucho más simple.

Hasta principios de los años 2000, la inmensa mayoría de los corredores entrenaba con muy poca tecnología. El accesorio más sofisticado era un reloj con cronómetro, generalmente un Casio digital, cuyo característico pitido marcaba el final de cada vuelta. Otros utilizaban un reloj de agujas resistente al agua y muchos, sencillamente, no llevaban reloj alguno. Bastaba con salir a correr.

Como no existía una forma sencilla de medir la distancia, casi todos los corredores repetían una y otra vez los mismos circuitos. La "vuelta al parque", el recorrido de diez kilómetros o el camino habitual por la ribera eran auténticas referencias. Si un martes tardabas menos que el anterior, significaba que estabas mejor. No había mapas, ni gráficas, ni archivos de entrenamiento. Solo memoria, sensaciones... y un cronómetro.

Los entrenadores medían muchas sesiones en pistas de atletismo, donde cada vuelta tenía (y sigue teniendo, por mucho que algunos GPS den datos erróneos) exactamente 400 metros. Allí sí era posible controlar el ritmo con precisión contando vueltas y anotando tiempos manualmente.

Estos relojes-pulsómetro de la marca Polar eran la gran referencia en los años 90, pero no tenían GPS.

Los primeros GPS no estaban pensados para correr

La tecnología GPS comenzó a popularizarse entre finales de los años noventa y principios de los 2000, pero sus primeros usuarios no fueron precisamente corredores. Los receptores GPS estaban destinados al senderismo, la montaña, la navegación marítima o los usos profesionales y militares.

Marcas como Garmin, Magellan o Lowrance comercializaban dispositivos portátiles que hoy parecen auténticos ladrillos: antenas prominentes, pantallas monocromas, baterías de corta duración y un tamaño incompatible con salir a correr cómodamente.

Aun así, algunos atletas curiosos comenzaron a utilizarlos para registrar recorridos. Había quien los sujetaba en el brazo con fundas improvisadas o incluso los llevaba en una riñonera para conocer, por primera vez, la distancia exacta recorrida. Aquellos aparatos tardaban varios minutos en localizar los satélites y perdían la señal con facilidad entre edificios o árboles, pero abrían una puerta completamente nueva.

El Garmin Forerunner cambió las reglas del juego

El auténtico punto de inflexión llegó en 2003, cuando Garmin presentó el Forerunner 201, considerado el primer reloj GPS diseñado específicamente para corredores. En realidad, dos años antes la marca ya había dado un primer paso con el Forerunner 101, un modelo pionero que sentó las bases de la gama, aunque todavía era un dispositivo mucho más limitado. El 201 fue el que terminó de popularizar el concepto y marcó un antes y un después en el entrenamiento de los runners.

Hoy su diseño provoca una sonrisa. Era enorme, muy grueso y sobresalía claramente de la muñeca, hasta el punto de que muchos lo comparaban con un pequeño ordenador de pulsera. Su autonomía apenas alcanzaba unas horas y la búsqueda de satélites requería paciencia. Sin embargo, todo eso quedaba en un segundo plano cuando el corredor comprobaba que podía conocer en tiempo real la distancia, el ritmo y el tiempo, sin necesidad de recorrer un circuito previamente medido.

Así era el Garmin Forerunner 201 lanzado en 2003.

El éxito fue inmediato y Garmin aceleró el desarrollo de la gama. Poco después apareció el Forerunner 301, que incorporó pulsómetro mediante una banda de frecuencia cardiaca en el pecho, algo revolucionario para la época. Más adelante llegarían los Forerunner 305 y 405, cada vez más compactos, precisos y funcionales.

Mientras tanto, otras marcas también comenzaron a apostar por este mercado emergente. Polar, que dominaba el mundo del entrenamiento por frecuencia cardiaca desde los años noventa, lanzó dispositivos como el RS800, que utilizaba un sensor GPS externo para registrar recorridos. Suunto desarrolló sus primeras soluciones para corredores y triatletas, mientras que Timex también ofrecía relojes compatibles con módulos GPS independientes.

Aquellos primeros modelos tenían algo en común: eran aparatosos (comparados con los de ahora), caros y reservados casi exclusivamente para corredores muy aficionados o deportistas de alto nivel. Para la mayoría, seguían siendo un auténtico objeto de deseo.

El Garmin Forerunner 203 fue uno de los modelos más icónicos.

La revolución también llegó al bolsillo

Mientras Garmin perfeccionaba sus relojes, otra innovación contribuyó decisivamente a acercar la tecnología al corredor popular.

En 2006, Nike y Apple lanzaron el conocido Nike+iPod. El sistema consistía en un pequeño sensor que se introducía bajo la plantilla de determinadas zapatillas Nike y enviaba información a un iPod Nano. No utilizaba GPS, sino un acelerómetro capaz de estimar distancia y ritmo, pero supuso una revolución porque permitía registrar entrenamientos de una forma sencilla y relativamente económica.

Nike+iPod fue lanzado por Apple y Nike en 2006.

Para muchos corredores fue el primer contacto con la idea de almacenar sesiones, consultar estadísticas y comprobar si realmente estaban progresando. Era el inicio de una nueva forma de entender el entrenamiento.

Poco después llegarían las primeras aplicaciones para smartphones, que comenzaron a aprovechar el GPS integrado en los teléfonos móviles. RunKeeper, Endomondo, Runtastic o MapMyRun demostraron que ya no era imprescindible comprar un reloj específico para registrar una carrera.

De un simple GPS a un entrenador en la muñeca

Los relojes actuales ya no solo registran la distancia. Analizan prácticamente todo lo que ocurre durante un entrenamiento y también fuera de él. Incorporan recepción multibanda compatible con varias constelaciones de satélites, mapas completos, navegación giro a giro, sensores ópticos de frecuencia cardiaca, medición de oxígeno en sangre, seguimiento del sueño, variabilidad de la frecuencia cardiaca, estimaciones de VO₂ máximo, cálculo de carga de entrenamiento, estado de forma, preparación para competir e incluso recomendaciones diarias adaptadas al historial de cada usuario.

Modelos actuales como los Garmin Forerunner 965, Forerunner 970, Coros Pace Pro, Polar Vantage M3, Suunto Race 2 o los Apple Watch Ultra ofrecen una cantidad de información que habría parecido ciencia ficción para quienes estrenaron aquel enorme Forerunner 201 hace poco más de veinte años.

Paradójicamente, muchos corredores utilizan hoy solo una pequeña parte de todas esas funciones. Lo que antes era un dispositivo pensado únicamente para medir el ritmo se ha convertido en un auténtico laboratorio portátil.

Los relojes actuales, como este Suunto Race 2, ofrecen una cantidad de datos impresionante.

Strava convirtió correr en una experiencia social

Si hubo un elemento que terminó de consolidar el éxito de los relojes GPS, ese fue el nacimiento de las plataformas online.

Cuando Strava apareció en 2009, el entrenamiento dejó de ser una experiencia individual para convertirse también en una actividad social. Ya no bastaba con guardar los datos: ahora podían compartirse, compararse y analizarse junto a miles de corredores de todo el mundo.

Los famosos segmentos, las clasificaciones, los retos mensuales, las insignias virtuales o los clubes hicieron que muchos corredores encontraran una motivación extra para salir a entrenar. Otras plataformas como Garmin Connect, Polar Flow, Coros Training Hub, Suunto App, Adidas Running o Nike Run Club siguieron el mismo camino, construyendo comunidades cada vez más activas.

Los entrenamientos dejaron de quedarse en la memoria del corredor para pasar a formar parte de un historial prácticamente infinito, donde cada kilómetro queda registrado para siempre.

Del Casio al smartwatch: una revolución en apenas veinte años

Probablemente ningún accesorio ha cambiado tanto la forma de correr como el reloj GPS. En apenas dos décadas hemos pasado de entrenar con un sencillo Casio F-91W, memorizar recorridos y calcular el ritmo "a ojo" a disponer de relojes capaces de guiarnos por senderos desconocidos, avisarnos si estamos entrenando demasiado fuerte o incluso predecir nuestro tiempo en una maratón.

Y, sin embargo, la esencia sigue siendo exactamente la misma. Detrás de toda esa tecnología continúa habiendo una persona que se pone unas zapatillas, abre la puerta de casa y sale a correr. La diferencia es que ahora cada paso deja una huella digital. Antes quedaba únicamente el recuerdo del entrenamiento... y aquel cronómetro que, durante muchos años, fue el mejor compañero de miles de corredores.

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