Cómo mantener la forma durante las vacaciones corriendo solo tres días por semana

Reducir la frecuencia de entrenamiento durante unas semanas no significa perder todo el trabajo acumulado. Tres sesiones bien distribuidas pueden conservar buena parte de la capacidad aeróbica, la resistencia y la velocidad sin convertir las vacaciones en una concentración deportiva.

Durante unas vacaciones cortas, tres días de carrera bien elegidos permiten proteger buena parte de la forma acumulada.
Durante unas vacaciones cortas, tres días de carrera bien elegidos permiten proteger buena parte de la forma acumulada.

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Durante el resto del año corres cuatro, cinco o incluso seis días por semana, pero llegan las vacaciones y resulta difícil mantener la rutina. Cambian los horarios, hace más calor, aparecen los viajes y el descanso adquiere un protagonismo que tampoco conviene combatir. La buena noticia es que no necesitas reproducir tu entrenamiento habitual para conservar la forma durante dos o tres semanas. Correr tres días por semana puede ser suficiente si eliges bien el contenido de cada sesión. El objetivo no será mejorar todas tus capacidades simultáneamente ni alcanzar un pico de rendimiento, sino mantener los estímulos esenciales: uno que recuerde al organismo cómo correr con cierta intensidad, otro que conserve la base aeróbica y un tercero que prolongue la resistencia. El volumen disminuye, pero la variedad se mantiene.

Reducir el entrenamiento no equivale a dejar de entrenar

El desentrenamiento comienza cuando el organismo deja de recibir los estímulos que habían provocado sus adaptaciones. Una revisión publicada en Sports Medicine explica que la interrupción completa puede reducir el volumen sanguíneo, la capacidad oxidativa muscular y el consumo máximo de oxígeno. La magnitud de esos cambios depende de la duración del descanso y del nivel previo del deportista. Sin embargo, disminuir la carga no produce los mismos efectos que detenerse por completo. Un estudio de Journal of Strength and Conditioning Research concluyó que, en la población general, el rendimiento de resistencia puede mantenerse durante un periodo de hasta 15 semanas reduciendo la frecuencia a dos sesiones semanales, siempre que se conserven la intensidad y una duración suficiente. Esto no significa que dos o tres entrenamientos permitan sostener indefinidamente el rendimiento de un atleta que normalmente corre seis días. Significa que, durante unas vacaciones relativamente cortas, la dosis necesaria para mantener es considerablemente menor que la requerida para seguir mejorando. El corredor experimentado parte además con una ventaja: las adaptaciones acumuladas no desaparecen en pocos días. Las sensaciones pueden resultar extrañas después de una semana con menos kilómetros, pero esa falta momentánea de fluidez no equivale necesariamente a una pérdida fisiológica importante.

La intensidad es la primera pieza que conviene conservar

Cuando se reduce el número de sesiones, uno de los errores más habituales consiste en transformar todos los entrenamientos en rodajes lentos. Correr suave mantiene actividad y suma volumen, pero puede resultar insuficiente para conservar la capacidad de sostener ritmos elevados. Un estudio publicado en Medicine & Science in Sports & Exercise observó que corredores entrenados podían mantener su consumo máximo de oxígeno y su rendimiento sobre cinco kilómetros después de reducir notablemente el volumen, siempre que conservaran entrenamientos de cierta intensidad. La primera sesión de la semana puede incluir un estímulo controlado de calidad. No es necesario reproducir las series más exigentes del plan habitual. En vacaciones interesa terminar con la sensación de haber trabajado, pero no de necesitar varios días para recuperarse. Una opción sencilla consiste en correr entre 40 y 50 minutos e introducir seis repeticiones de dos minutos a un ritmo vivo, pero controlado, separadas por dos minutos de trote suave. Otra posibilidad es realizar veinte minutos continuos a un ritmo sostenido después de un calentamiento progresivo. El esfuerzo debe adaptarse al calor, al terreno y al descanso. Si estás corriendo en un lugar más cálido o con mayor humedad, mantener el ritmo habitual puede convertir una sesión moderada en un entrenamiento excesivo. En esas condiciones resulta más útil guiarse por la percepción de esfuerzo que intentar reproducir números concretos.

El segundo día debe sumar sin generar fatiga

La segunda sesión puede ser un rodaje cómodo de entre 35 y 55 minutos. Su función consiste en mantener la frecuencia de carrera, estimular el sistema aeróbico y facilitar la recuperación respecto al entrenamiento de mayor intensidad. El ritmo debería permitir hablar mediante frases completas y terminar con la impresión de que podrías haber continuado. No conviene acelerar simplemente porque dispones de menos días para correr. Concentrar demasiada intensidad en tres sesiones consecutivas aumenta la fatiga y elimina precisamente una de las ventajas de reducir temporalmente el entrenamiento. Este rodaje ofrece además libertad para explorar. Puede realizarse por un paseo marítimo, un parque o una ruta diferente, siempre que el terreno sea seguro. No es necesario controlar constantemente los parciales. En unas vacaciones cortas, mantener la continuidad y disfrutar del movimiento puede ser más importante que conseguir un ritmo medio determinado. Si se quiere conservar algo de agilidad neuromuscular, al terminar pueden añadirse cuatro o seis progresivos de unos 15 o 20 segundos, realizados con buena técnica y recuperación completa. No son esprints máximos, sino aceleraciones fluidas que permiten correr rápido sin acumular una gran carga metabólica.

El tercer entrenamiento conserva la resistencia

La última sesión debería ser la más larga, aunque no necesita igualar la tirada habitual. Un corredor acostumbrado a realizar 90 minutos puede reducirla a 60 o 70 durante las vacaciones. Quien normalmente corre una hora puede mantener un rodaje de 45 o 50 minutos. Los trabajos clásicos sobre reducción del entrenamiento muestran que es posible conservar gran parte de las adaptaciones disminuyendo considerablemente su duración. Una investigación publicada en Medicine & Science in Sports & Exercise comprobó que algunas mejoras aeróbicas podían mantenerse incluso después de reducir hasta dos tercios la duración de las sesiones, siempre que la intensidad no descendiera al mismo tiempo. La tirada conserva la tolerancia a esfuerzos prolongados, el gasto energético sostenido y la resistencia muscular. Debe realizarse a un ritmo cómodo, especialmente si hace calor, el recorrido presenta desnivel o se ha dormido peor de lo habitual. No es imprescindible terminar fuerte. Si las condiciones son favorables y el corredor se encuentra descansado, los últimos diez minutos pueden hacerse ligeramente más rápidos. Cuando el calor, los viajes o las actividades vacacionales ya han acumulado fatiga, mantener un esfuerzo uniforme será una decisión más inteligente.

Una distribución sencilla de los tres días

Las sesiones deben quedar separadas por al menos un día siempre que resulte posible. Una distribución práctica sería correr el martes, el jueves y el domingo. De este modo se evita juntar el trabajo más intenso con la tirada y se dispone de margen para adaptar los entrenamientos a los planes vacacionales. El primer día se dedicaría a un entrenamiento corto con cambios de ritmo. El segundo sería un rodaje cómodo, opcionalmente acompañado de unos progresivos. El tercero correspondería al rodaje más largo de la semana. El orden puede modificarse. Lo importante es no colocar la sesión de calidad y la tirada larga en días consecutivos. Si durante las vacaciones solo puedes correr viernes, sábado y domingo, sería preferible hacer el viernes el entrenamiento vivo, el sábado descansar o correr muy suave y reservar el domingo para un rodaje algo más largo, sin forzar su duración. Tampoco hay que recuperar una sesión perdida acumulándola en otro día. Si una excursión, un viaje o una mala noche impiden entrenar, se continúa con la semana. El mantenimiento depende del conjunto, no de completar cada minuto previsto.

La fuerza puede mantenerse con una dosis pequeña

Reducir los días de carrera no debería implicar abandonar completamente la fuerza. Dos rutinas breves de 15 o 20 minutos pueden mantener un estímulo suficiente durante unas vacaciones cortas. Pueden realizarse después del rodaje suave o en días sin carrera. Sentadillas, zancadas hacia atrás, elevaciones de gemelos, puentes de glúteo y ejercicios para el tronco permiten trabajar sin gimnasio. La actualización de las recomendaciones del American College of Sports Medicine, publicada en Medicine & Science in Sports & Exercise, destaca que las rutinas con el propio peso y los programas realizados en casa pueden producir beneficios relevantes y que no siempre se necesita un equipamiento complejo. La finalidad durante estos días tampoco es generar agujetas intensas. Una o dos series controladas de cada ejercicio pueden bastar para recordar el movimiento y evitar una desconexión completa del trabajo muscular.

Las vacaciones también deben permitir recuperar

Mantener la forma no consiste en defender cada kilómetro como si fuera imprescindible. Una reducción temporal del volumen puede servir para aliviar pequeñas sobrecargas, recuperar motivación y volver con ganas de afrontar el siguiente bloque. El descanso no destruye el rendimiento. Lo que puede perjudicarlo es regresar y pretender recuperar inmediatamente todos los kilómetros que no se han corrido. Tras dos o tres semanas entrenando tres días, conviene aumentar la frecuencia de manera gradual. La primera semana de vuelta puede mantenerse todavía por debajo del volumen habitual antes de recuperar la planificación completa. También es razonable detenerse si aparecen fiebre, síntomas digestivos importantes, dolor que modifica la carrera o agotamiento asociado al calor. El objetivo es conservar la continuidad, no cumplir el plan a cualquier precio.

Tres días pueden ser suficientes si cada uno tiene una función

Una semana reducida puede conservar los componentes principales del entrenamiento: intensidad controlada, volumen aeróbico y resistencia prolongada. La sesión rápida evita que el organismo olvide los ritmos vivos; el rodaje suave mantiene la frecuencia y facilita la recuperación; la tirada sostiene la capacidad de correr durante más tiempo. No mantendrás exactamente la misma carga ni mejorarás todas tus marcas con esta estructura. Pero durante unas vacaciones cortas tampoco lo necesitas. Tres días bien elegidos permiten proteger buena parte de la forma acumulada, descansar física y mentalmente y regresar sin la sensación de tener que empezar desde cero.

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